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Pobre y enfermo, el "ladrón del siglo" ya pide volver a Londres

El tabloide londinense «The Sun» publicó ayer una entrevista a «Ronnie» Biggs en Brasil en la que el prófugo dice que está cansado de huir y que desea terminar sus días en el Reino Unido, del que extraña el clima y la campiña.
Según Crace, Biggs, que además tiene problemas de dinero, espera ser arrestado a su llegada, aunque cree que el tratamiento médico será la prioridad de las autoridades.
Sin embargo, el abogado brasileño de Biggs, Wellington Mousinho Lins dos Santos, señaló que si bien el fugitivo está «nostálgico por Gran Bretaña y sus hijos allí y posiblemente deprimido», «dudo seriamente que vaya a volver si eso significa ser arrestado. No está en condiciones de ir a la cárcel».
Respecto de la información de «The Sun», el abogado señaló que «Biggs me dijo que si los periodistas me preguntasen algo, les diese el teléfono de Mr. Kevin (Crace) para que lo interrogasen al respecto». «Para mí, esta información fue inventada por Kevin», agregó.
Hace 35 años, Biggs apareció en las páginas de los diarios del mundo como el cerebro del grupo de quince ladrones que asaltó el tren de Glasgow (Escocia), del que se llevaron unos 4,2 millones de dólares, que en esa época fue la mayor suma robada en un solo asalto. La policía, al mando del no menos legendario detective Jack Slipper, consiguió detener a los miembros de la banda en una redada en enero de 1964.
Tras ser procesado y condenado a 30 años de cárcel, Biggs fue encarcelado en la penitenciaría de Wandsworth (Londres), de donde se fugó 15 meses más tarde.
La fuga también fue espectacular. Biggs subió con una escalera de cuerda una valla de 7,6 metros de altura desde la que se lanzó fuera de la penitenciaria al interior de un camión que lo esperaba en la calle. De ahí, Biggs huyó a París, donde se sometió a cirugía plástica, y con un pasaporte falso viajó a Australia, donde vivió bajo el nombre de Terry Cook hasta que se descubrió su verdadera identidad allá por 1970.
El prófugo consiguió, una vez más, burlar a la policía y tomó un barco que lo llevó a Panamá y de ahí atravesó la jungla hasta la Argentina y Bolivia para llegar a Rio de Janeiro, donde en 1974 fue descubierto por un periodista británico que reveló su paradero a Scotland Yard.
El detective Slipper viajó a Brasil para traer a Biggs. Cuando lo encontró, lo saludó con una frase que se hizo famosa: «Hace tiempo que no te veía, Ronnie. Supongo que sabes quién soy...». Pero, otra vez, la suerte estuvo de parte del ladrón. Gracias a una laguna en la legislación brasileña, Biggs fue salvado de la extradición por el nacimiento de Michael, a quien tuvo con la bailarina brasileña Raimunda de Castro. La ley brasileña no permite la extradición de un hombre, aunque sea fugitivo, que tenga un hijo nacido en el país.


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