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Luego de más de tres años de recesión, el achicamiento del sector privado productivo no fue acompañado por una adaptación equivalente del enorme y poco eficiente sector público. Ese desequilibrio, aún vigente, fue la mecha que hizo estallar la crisis que derivó en el «corralito».
Son el Estado y sus voraces desequilibrios el principal responsable de esta expropiación de los ahorros de los argentinos.
Cuando los analistas internacionales comenzaron a advertir de la inviabilidad fiscal de la Argentina, se cortó automáticamente el crédito externo y empezó el éxodo de divisas del país.
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