20 de marzo 2003 - 00:00

Se gastan cifras millonarias en limpiar graffiti de fachadas

No hay patrones. Se ensucia todo, facultades, carteles viales, bibliotecas, escuelas y hospitales, entre muchos otros perjudicados. Aplicar pintura antigraffiti para impermeabilizar las paredes cuesta $ 14,50 por cada metro cuadrado.
No hay patrones. Se ensucia todo, facultades, carteles viales, bibliotecas, escuelas y hospitales, entre muchos otros perjudicados. Aplicar pintura antigraffiti para impermeabilizar las paredes cuesta $ 14,50 por cada metro cuadrado.
Hartos de gastar miles de pesos en limpiar a diario mensajes de los graffiteros, o «ensucia fachadas», muchos edificios, comercios y bancos porteños decidieron acudir a la «tecnología antigraffiti». Una técnica muy utilizada en países de todo el mundo pero que recién se instala en Buenos Aires. Se trata de una microcera que impermeabiliza las paredes, actuando como barrera entre la pintura y el temible aerosol. Es la táctica de protección más moderna, que se suma a las ya conocidas: aislar una pared con alambre (pilares de autopistas), colocar carteles de «prohibido», modificar un frente con ladrillos escalonados. Inclusive, ceder un espacio de la propiedad para que no se ensucien otros espacios públicos -idea que lanzó un diario en Europa-.

Se llega al extremo de proteger una pared por el costo de tener que limpiarla: remover un graffiti cuesta un promedio de $ 200.

Los adolescentes, los ahorristas y los activistas políticos -principalmente los piqueteros- son los que más ensucian las calles y paredes porteñas de facultades públicas, hospitales, ministerios, escuelas, bibliotecas y casas, entre otros tantos perjudicados.

• Piqueteros

Este problema de los graffiti no es menor. Un buen ejemplo son las marchas piqueteras. Cada una deja al menos dos docenas de ellos. Y, si este año se repite la tendencia de movilizaciones que imperó en el pasado, sólo en Capital Federal habrá unas 60 o 70 manifestaciones piqueteras mensuales, que no sólo obstruirán el tránsito, sino que dejarán unos 1.500 graffiti.

Lo que implica un gasto de más de $ 280.000 por mes, unos $ 4 millones por año, para removerlos. Si se mide el Gran Buenos Aires, la cifra de mantener presentables las urbes es mucho mayor.

Si agregamos las ciudades del interior -Córdoba es muy «graffitera» y Mendoza casi nada-, hay cifras millonarias que podrían tener destinos mejores. Inclusive, sería más barato pagarles teléfonos móviles a los piqueteros. Sociológicamente, la pintarrajeada en paredes de la Ciudad desprestigia al candidato o movimiento que invoca. Por tanto, es más una descarga de agresión grupal o «quedar bien» con algún «jefe». Pocas veces tienen ingenio, como aquella famosa en San Telmo: «Nos mean y dicen que llueve». La mayoría son pintadas agresivas.

«Como en la antigüedad, los piqueteros se avisan de las marchas con graffiti», contó en diálogo con
Ambito Financiero Daniel Gendra, titular de Tecnología Antigraffiti y dedicado a remoción y protección de paredes contra todo tipo de escrituras, entre ellas las piqueteras. «Ma/3, 10 hs., MRT-P. Mayo» publicita uno de los tantos graffiti del microcentro.

Nueva York, una ciudad que sufrió intensamente la escritura con aerosoles en sus subtes y paredes, creó en 1995 un escuadrón «antigraffiti», que no sólo permeabilizaba paredes sino que aplicaba multas y penas de hasta 15 meses de prisión a los autores de cualquier graffiti. El alcalde en ese entonces, Rudolph Giuliani, se contentó con los resultados: en 1996, hubo más de 1.500 detenidos, acusados «vandalismo», y se mejoró sustancialmente el problema.

• Zonificación

En Buenos Aires, los mensajes se reparten por zonas. No son iguales los que pueden encontrarse en Avellaneda, en la City porteña o en Caballito. En las facultades dependientes de la Universidad de Buenos Aires, predominan inscripciones de activistas de izquierda en paredes, sillas, escritorios y hasta pizarrones. Cruzando el Puente Pueyrredón, hay hasta murales de 12 metros de largo por 3 de altura y una «varicela» de graffiti invocando siempre la masacre de Avellaneda, donde murieron 2 piqueteros. «Duhalde asesino», es la frase más repetida en esos ladrillos sureños.

«Sobre Congreso y Avenida de Mayo es donde más se concentran los graffiti de militantes y políticos. En los barrios no tan céntricos, 80% de las escrituras es de tipo adolescente», indicó Miguel Brunetto, de BR Servicios y Mantenimiento.

Con la crisis económica, durante todo 2002, creció la cantidad de graffiti de los que hoy siguen ensuciando Buenos Aires.

«Después del 20 de diciembre de 2001, fue impresionante la cantidad de graffiti de piqueteros y ahorristas», indicó Gendra. Así, bancos, comercios, fábricas, casas, edificios públicos, consorcios enteros, acudieron a la solución «antigraffiti» por las reincidentes escrituras en sus frentes. Aunque éste también es un proceso caro: $ 14,50 para proteger cada metro cuadrado.

Las elecciones aportan lo suyo. Leyendas sobre Kirchner en Lomas de Zamora, Lanús y Temperley abundan. No menos abundantes son las pintadas de la «Marca Registrada» (Menem-Romero), «el Adolfo» (Rodríguez Saá), «la Carrió» y López Murphy.

En Capital, el escuadrón privado «antigraffiti» ya permeabilizó varias paredes para evitar sólo difíciles remociones de leyendas electorales.

• Difíciles


Carlos Lorefice, de Empresa Integral de Pintura, recalcó que los graffiti más difíciles de sacar son los realizados con aerosol sobre mármol. «Se ven muchos mensajes politizados. En el centro, escraches y mensajes sobre asfalto, por ejemplo, de piqueteros», dijo. Los masivos mensajes piqueteros, a los que se suman los siempre previsibles de campaña, parecen dejar atrás a los de rebeldes grupos de rock y a los de alguno que otro romance de la secundaria. Removerlos y proteger cada propiedad costará caro a la Ciudad y sus alrededores.

Dejá tu comentario