17 de septiembre 2001 - 00:00

Tras la conmoción inicial, Europa se muestra más cauta

París - Un fuerte debate se desató en los gobiernos europeos de acuerdo con los alcances de la artículo 5° del Tratado de Washington por el que un ataque externo, inclusive uno terrorista, contra uno de los países miembros de la OTAN será considerado como una agresión contra todos los miembros de la Alianza Atlántica.

Lo cierto es que, tras las enérgicas declaraciones de la semana pasada respecto de una respuesta militar aliada, muchos dirigentes europeos levantaron el pie del acelerador. Los más entusiastas partícipes de la coalición contra el terrorismo que está formando el gobierno de George W. Bush son los británicos. «Gran Bretaña está en guerra contra el terrorismo», dijo ayer el primer ministro Tony Blair, ratificando que su país, que perdió entre 200 y 300 de sus ciudadanos en los atentados, tendrá participación central en las represalias contra los responsables de los trágicos atentados del martes en Nueva York y en Washington, de quienes dijo en una sesión extraordinaria el viernes en la Cámara de los Comunes, «se han transformado en enemigos del mundo entero».

El premier había advertido en esa misma sesión a «los que refugian o ayudan» a los terroristas: «Tienen la opción, o dejan de proteger a nuestros enemigos, o serán ellos mismos tratados como nuestros enemigos». «Si pudieran -continuó- estos grupos irían más lejos y utilizarían armas de destrucción masiva químicas, biológicas o incluso nucleares.»

Rechazo a críticas

Blair, que recibió el apoyo del recién electo jefe de la oposición conservadora Iain Duncan Smith, rechazó las críticas de la prensa británica contra Bush y dijo que él lo había encontrado «totalmente concentrado, muy calmado, muy determinado».

Londres busca lograr una fuerte reacción de la OTAN pero sólo cuando haya pruebas suficientes que permitan nombrar al responsable y al estado o estados que los apadrinan. Como afirmó el ministro de Relaciones Exteriores Jack Straw, Gran Bretaña no va a firmarle un cheque en blanco a Estados Unidos. En similares términos se expresó el gobierno alemán de Gerhard Schröder.

Esta prudencia de los mayores países aliados de Estados Unidos se debe, según analistas del diario «Le Monde», a la dificultad de establecer blancos para las represalias, ya que ahora no resulta tan claro definir qué países controlan ciertas organizaciones, como sí ocurría en los '80.

Por ahora se habló de actuar contra Afganistán, pero no se sabe si Bush utilizará la ocasión para terminar de zanjar cuentas pendientes con Irak.

Además se le presentan a Washington por lo menos tres problemas operacionales para cumplir con su objetivo: dar con el refugio del mecenas del terrorismo saudita
Osama bin Laden, protegido el régimen de los talibanes; cortar las fuentes de su financiamiento, ubicadas en Arabia Saudita y las pequeñas monarquías del Golfo Pérsico, y eliminar las redes de ejecutantes que, como prueban las investigaciones y arrestos que se están llevando a cabo, integran buenos estudiantes de las universidades del este norteamericano, aprendices de pilotos de Florida o expertos en sistemas de la periferia de Londres.

Choques raciales

La actitud europea mas reticente responde también en gran medida a un intento por no generar conflictos dentro de las grandes comunidades musulmanas que habitan en los países. Gran Bretaña, sin ir más lejos, fue sacudida en los últimos meses por una ola de choques raciales, principalmente entre jóvenes de origen paquistaní y ultraderechistas blancos.

Desde las primeras reacciones a los feroces ataques del 11 de setiembre, los dirigentes tienen mucho cuidado de no dar una connotación étnica o religiosa en sus denuncias contra el terrorismo.

En Francia, por su parte, sus políticos son tradicionalmente opuestos a alinearse automáticamente a Washington y a la OTAN. Destacados miembros del partido de
Jacques Chirac y de la izquierda tomaron enseguida distancia de las declaraciones del presidente a la cadena CNN en las que señaló que «Francia será totalmente solidaria con Estados Unidos para la puesta en práctica del artículo 5». Su país, agregó, «estará al lado de Estados Unidos cuando haya que sancionar esta locura asesina».

En el gobierno del español
José María Aznar ya adelantaron cuál será el grado de participación en la eventual coalición liderada por Washington. Según revelaron mandos militares al diario «El País», se pondrán a disposición de los norteamericanos las bases de Rota (Cádiz) y Morón de la Frontera (Sevilla), tal como ocurrió en la Guerra del Golfo de 1991.

Más allá de esto, el Ejecutivo de Madrid decidió dar un apoyo «sin reservas» a Estados Unidos, pero se desprende de las informaciones suministradas a los medios locales que su ayuda será meramente logística. Según fuentes consultadas, estiman que lo más probable es que la coalición convocada por el presidente norteamericano, que integraría además de a los países europeos y de la OTAN a Rusia, mantendrá un carácter más político que militar, a diferencia de lo que ocurrió en Irak y la ex Yugoslavia.

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