3 de enero 2003 - 00:00

Una oportunidad para relanzar el desarrollo

La experiencia en materia de desarrollo que se puede concretar con la presidencia de Lula tendría extraordinarias implicancias históricas para todo el futuro de Iberoamérica. En efecto, si logra conjugar al frente del Brasil un proyecto industrial de gran solidez intelectual, con disciplina económica global en lo interno y lo externo, habría logrado materializar la gran ecuación de desarrollo que ha estado ausente de la región durante largo tiempo.

El drama regional viene consistiendo en el marcado y hasta ahora irreconciliable dualismo entre los que defienden el equilibrio económico y los que enarbolan la bandera del industrialismo, presentándose ambos bandos con posturas tan antagónicas que, a creer por sus expresiones y argumentos, quien defiende la disciplina económica global es presentado como un antiindustrialista, y quien sostiene la postura del industrialismo es considerado como sostenedor de un gasto irresponsable.

La experiencia histórica de las grandes potencias económicas y de los denominados tigres asiáticos demuestra la absoluta inconsistencia de la supuesta antinomia entre la disciplina macroeconómica y un desarrollo industrial sustentable y en gran escala, y demuestra, además, que no sólo no existe esa supuesta oposición, sino que en el terre-no de los hechos ambos factores deben ir unidos de un modo inexorable si es que un proyecto de industrialización va a tener éxito. Esta es la gran lección que parece que los dirigentes de la región no terminan de asimilar.

Por los lares iberoamericanos, los que levantan la bandera de la estabilidad económica no muestran la menor sensibilidad ni idea respecto a la necesidad de integrar ese concepto fundamental en una estrategia de desarrollo industrial por considerarlo innecesario y hasta claramente negativo. Con el mismo espíritu sectario, los defensores de un proyecto industrial sostienen por lo común posturas macroeconómicas generadoras de tal desequilibrio global de las principales variables, que demuestran su profunda ignorancia de los fundamentos que hacen a una industrialización susten-table.

• Industrialista

Lula es, por tradición de su país hasta fines de la década de los setenta, por experiencia personal y por la alianza política que ha hecho con su vice-presidente, un industrialista de profunda vocación acerca de la capacidad transformadora de una sociedad como derivación de un creciente dominio en el ámbito tecnológico que está en condiciones de generar la concreción de un lúcido proyecto industrial, y el efecto positivo que ello produciría en el terreno ocupacional y en la materialización de un amplio bienestar social. Queda por saber si ha logrado de verdad interiorizar el otro gran factor que hace al triunfo de un proceso de desarrollo como el logro y el mantenimiento del equilibrio global interno y externo, que en definitiva son las dos caras de una misma moneda.

Si Lula logra esa gran ecuación, no sólo triunfará y llevará a su país de nuevo a ser una de las naciones más dinámicas del mundo como ya lo fue en el decenio 1968-78, sino que ofrecerá un ejemplo de modelo de desarrollo que ha logrado superar la supuesta antinomia entre disciplina económica global y proyecto de industrialización que los cultores de uno y otro bando han convertido en una guerra sin tregua al estilo de los montescos y capuletos, y son los verdaderos responsables del inmenso fracaso económico de la región debido a su gran y aparentemente incorregible sectarismo.

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