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Andanzas en una isla secreta de Grecia
Si bien Spetses impone un cambio de ritmo, dado que en sus calles no hay autos y todo parece ordenado para el relax, cuenta con buenos restoranes y lugares de diversión nocturna.
Grecia cambió en los últimos años, y aunque siguen vigentes sus paisajes, sus tradiciones y su idílico clima, la Atenas pos-olímpica sorprende por su modernidad y su crecimiento. Nuevos edificios, túneles y autopistas para deshacerse de una herencia no deseada: la de la Atenas de la polución. A la fuerte inversión estatal se le suman grandes capitales de empresarios y armadores navales griegos que, tras años de mantener sus cuentas bancarias en Londres, deciden retornarlas a su país, con condiciones prometedoras y sin la agresiva doble imposición.
Spetses es la isla elegida por estos atenienses de buen nivel económico y hedonista pasar, que llegan con sus yates desde la ciudad en sólo dos horas. Al desembarcar, hay un cambio de ritmo. El tráfico de autos no está permitido, y por las angostas calles de casas blancas y joyas de la arquitectura neoclásica desfilan sólo elegantes carros a caballo, bicicletas y usted, peatón.
NOCHES DE VIENTO MISTRAL
Intimas bahías, donde amarran los yates al atardecer y donde regularmente paseamos y nos vamos zambullendo, son el escenario de la vida nocturna de Spetses. Las tradicionales tabernas griegas, de paredes blancas y sillas azules, ofrecen los típicos productos del mar y de la tierra. Una ensalada griega con queso feta y olivas siempre es lo primero en ser pedido. Y sobre el final de la comida corre por cuenta de la casa una bandeja de frutas: cerezas, sandías y uvas criadas y endulzadas por el sol.
Durante ocho meses, las noches serán tentadoras, estrelladas, mecidas y refrescadas por el viento mistral. Todo se disfruta al lado del mar. Siempre nos es difícil volver a casa encantados con la bahía, el agua que refleja y une las luces de los barcos, las señales de las amarras y las terrazas dispuestas a ser anfitrionas de día y de noche. Hay diferentes opciones para seguir la noche después de la comida.
En el Viejo Puerto, y entre talleres de armadores artesanales, decenas de bares con música en vivo. En las fiestas se hace presente la herencia de cinco mil años de historia y cultura, con sus bailes tradicionales; Dionisio se materializa en la excelente cerveza local Mythos o en el típico ouzo, una bebida fuerte a base de anís, que los griegos toman muy fría y combinan con agua y hielo.
El descanso puede estar administrado en cuotas durante el resto del día. El sol cenital invita a un breve sueño. Pequeños hoteles de diseño elegante, con cuartos no tan pequeños, son el lugar ideal para retomar energías. Las posadas minimalistas aparecen a través de una puerta disimulada en una callejuela zigzagueante hacia la playa. Al abrirla nos tienta su piscina rodeada de sillas ya listas para el desayuno o para saborear la especialidad griega: el café «frappé».
UN MAR CASI PRIVADO
Las playas de agua transparente lucen en su centro ondeando en un mástil la bandera que testimonia que sus aguas no están contaminadas. Son de acceso libre, y por cinco euros nos ofrecen una sombrilla con dos excelentes reposeras a un metro de ese mar transparente, cálido y casi privado. Agia Marina es la playa que recomendamos. Su restó con una barra activa y con muy buena música tiene a camareras gentiles, risueñas y que nos traen de una cocina a cielo libre esos platos que esta zona del Mediterráneo logrará que extrañemos mucho a nuestro regreso. Todo lo sofisticado de Spetses no surge de las imposturas de los nuevos ricos, sino de una vocación de su gente por ofrecer, con toda naturalidad, servicios de alta calidad.
Dónde está ubicada: a dos horas en barco de Atenas y su puerto del Pireo. Podemos hacer antes una escala en Hydra. Es en el mar Jónico. Precios: en la isla, son similares a los de la Argentina.
(*) Director de BazarTV - Pasaporte.


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