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Charlas de quincho
Completamos hoy la entrega de las charlas de esta semana (la primera parte fue ayer). Un ex presidente que no es candidato reparte sus días entre su lar natal, un club de tenis, una sede partidaria y un coqueto barrio porteño. Asegura que su esposa «no está tan mal» (se refiere, claro, a las encuestas preelectorales). Un economista que decidió expatriarse agasajó a colegas y no tanto; allí se supo del procesamiento de tres empleadas de la AFIP por hurgar en las intimidades fiscales del equipo económico, y también se habló sobre el (dudoso) futuro de un presidente vecino, el mesianismo demagógico de otro y de la incertidumbre sobre un ministerio que quedará vacante. Veamos.
Su nuevo esquema corporal (bajó una enorme cantidad de kilos) le permite ahora al ex diputado radical Raúl Baglini "lujos" tales como dedicarse al esquí en Las Leñas. Daniel Scioli es otro al que el deporte de la nieve le resulta irresistible (a diferencia de Baglini, el vice prefirió Bariloche). El embajador argentino en Madrid, Carlos Bettini, del brazo del controvertido director de orquesta Daniel Barenboim. Fue en un restorán corso-porteño, al que agobiaron con sus enormes habanos.
Todavía no encontró Duhalde quien relate que él, como ya hizo con Kirchner un columnista biónico (es decir, que escucha y ve a través de las paredes), cumple sin problemas la dualidad como representante diplomático y al mismo tiempo lo mantienen en esa sinecura internacional del Mercosur como si fuera el mejor de los embajadores. Por su parte, como no es orgulloso, Duhalde evita ofenderse y conserva el apreciado sueldo. Dignidad de peronistas, la de ambos, claro.
Todavía no encontró Duhalde quien relate que él, como ya hizo con Kirchner un columnista biónico (es decir, que escucha y ve a través de las paredes), cumple sin problemas la dualidad como representante diplomático y al mismo tiempo hace política en su distrito. Mientras, lo trashumante de su vida -vivo como un «gitano», diría- lo habilita para multitud de quinchos en el día, de los cuales rescatamos dos. Uno, con el elenco para medios y de lustre por si es necesario mostrarlo en la campaña (Juan José Alvarez, Eduardo Amadeo, Alfredo Atanasof, Luis Verdi), cultivado núcleo de la política renovadora en el raro, para él, barrio de Belgrano y, otro, en la sede partidaria, con un equipo costumbrista de la provincia, léase Hugo Curto, Osvaldo Mércuri, Jorge Catterbetti, Graciela Giannettasio, Daniel Basile, «Cacho» Alvarez, Jorge Landau. En ambos lugares acompañado por Chiche, observando encuestas boca arriba y boca abajo, hablando del 23 de octubre y hasta de lo que puede sobrevenir después.
De otro amigo y confidente venido a kirchnerista, Alberto Iribarne, lamentaba que éste haya recalado en Justicia y no en Defensa, como era el propósito del gobierno (para evitar en esa área un copamiento de la izquierda). Pero la renuncia de Horacio Rosatti, repentina para el Presidente, lo dejó desnudo y como carece de suplentes apeló a un comodín que se destacará por evitar hablar en público. Para Defensa, admite, es seguro que irá Margarita Perceval, una mendocina teórica que confraterniza con Cristina de Kirchner (ésta, hace 30 días, le dijo: « Preparate que vas a Defensa»). Se frustra, eso sí, la posibilidad de León Arslanian a la Corte Suprema: parece que, como abogado, intervino y cobró en uno de los amparos, y eso resulta imperdonable para ascender en la Justicia.
El bonaerense (que ayer festejó los 91 años de su madre en su casa de Lomas), antes de internarse en Buenos Aires, consideró que al peronismo -como refieren los sondeos- quizá no le vaya mal en Santa Fe: es fuerte la ayuda de Carlos Reutemann que teme lo peor para sí mismo -está cargado de demandas- si avanza el socialismo. Hasta allí con un equipo, lo bonaerense con el otro de Avenida de Mayo, excitándolos con el «vamos bien porque Chiche sube y Cristina baja». Y pasó a los números: «Ella -señalando a su mujer- está con 23, el agregado de Luis Patti suma por lo menos 6 o 7 puntos, con lo que estamos en 30. Por no hablar de las otras listas que nos acompañan. Por lo tanto, muchachos, podemos ser moderadamente optimistas», fue el cierre de propaganda del primer acto.
Uno, de Chiche, que se muestra fría y tranquila ante las agresiones; dos, el hecho de que Duhalde sea, sin ser candidato, el jefe de la campaña. Es peligroso -reconocen- porque utiliza el « pensamiento lateral» (teoría del gurú Edward del Bono que recita Kirchner como si lo hubiera leído), o sea que enfrenta los problemas desde los costados y no en la lógica convencional. ¿Sabrá
Duhalde que en la Casa Rosada lo catalogan como un natural ejemplar del pensamiento lateral de Del Bono, cuando el único Del Bono que el bonaerense conoce es un half derecho de Chacarita?) Lo cierto es que Duhalde ha empezado a preocupar, de ahí la incansable recorrida de actos de Kirchner, quien también le añade responsabilidad en su contra a la influencia del brasileño Duda Mendonça, quien taparía de mails a Duhalde todos los días con consejos de lo que debe decir o callar su esposa.
Antes, uno comentó que dos empleadas de la AFIP han sido procesadas por haberse metido en las declaraciones juradas de todo el equipo económico: nadie pudo averiguar quién les mandó ejercitar esa tarea violatoria de la intimidad. Otros bromeaban con el dictamen de una comisión del Senado pidiéndole a Kirchner que destituya a Ricardo Branda del Banco Central, luego de que el Presidente le pidiera a esa comisión que firmara el pedido que le iban a hacer a él. Ninguno daba la vida por Branda, menos en la causa por los sobornos, pero admitían que resultó un funcionario eficiente en el Banco Central (al menos, con lo que siempre se espera de un legislador puesto en esas funciones); al mismo tiempo objetaban que fuera Rodolfo Frigeri, también procesado, quien lo bajara del cargo, lo mismo que Jorge Capitanich (con una historia controvertida en la privatización de bancos del interior) y Ruben Marín, quien en la misma semana debió soportar turbulencias en La Pampa por discutibles e importantes gastos de su gestión pasada. La Argentina de siempre, la tradicional que clausuró los comentarios con una evidencia: Kirchner ya decidió la suerte de Branda.
Pero, entre todos, no se podía soslayar la visita del general-presidente Hugo Chávez, quien con su custodia tomó la parte presidencial del aeropuerto y hasta les pedían documentos a los argentinos. Observaciones a la forma de contratar el fueloil de Venezuela, graciosas críticas al nulo desparramo de estaciones de servicio (iban a inaugurar 200, todavía siguen con una) y, lo más interesante, el mandoble que la virtual jefa de Gabinete del Ministerio de Defensa de la Argentina, Ruth Diamint (universidad de San Andrés, pero allegada a Horacio Verbitsky), le sacudió al visitante en una conferencia. Justo el mismo día en que Chávez se abrazaba con Kirchner, una funcionaria del santacruceño se despachó críticamente contra el venezolano, le reprochó el mesianismo militarista y el derroche de inmensos recursos sólo para conseguir popularidad. Duro cuestionamiento a Chávez y a su demagogia, delante del ministro y candidato José Pampuro, quien tal vez deba responder por instrucción de Kirchner. ¿O acaso el Presidente dejará que ataquen a sus amigos y mecenas?
Buena parte de la noche la ocupó Barenboim con sus explicaciones sobre la « metapolítica» (insiste con la experiencia de Andalucía, donde cristianos, judíos y moros convivieron durante siglos; le puso el nombre de un libro de Goethe a su iniciativa porque éste fomentó los estudios árabes en Alemania), a veces demasiado extenso a pesar de que tanto él como el embajador consumieron varios Cohibas abrumando el restorán.
En un momento, sonó el teléfono y del otro lado, una vecina del lugar que ahora se mudó: Cristina de Kirchner, quien se disculpó por no asistir a la cena y, en cambio, recibió la invitación a concurrir a la presentación de la orquesta en Ramallah, el próximo 21 de agosto. Después, tras la interrupción, Barenboim derivó al tango, del cual parece un devoto y al que la noche anterior no le ahorró horas (se quedó hasta la madrugada en La Cumparsita, un lugar de baile en la calle Chile). Confesó que respeta a Astor Piazzolla, pero que lo suyo es modelo de los '40, o sea lo mejor de Tanturi y Castillo. Final extraño, como la confesión, luego de haber sido obligado un rato antes a ofrecer 6 bises y 45 minutos más de concierto, en el Colón, donde la gente lo aplaudió de pie (Julio Werthein, Paolo Rocca, Carmelo Angulo, Héctor Magnetto, Jeannet Arata de Erize, Aníbal Ibarra, su hermana Vilma, Jesús Rodríguez) por haberse internado en Beethoven y en Mahler. Nada que ver con Tanturi y Castillo.


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