Pero ahora el mundo entero valora de forma especial el mérito periodístico del documental de Mohsen Mahkmalbaf, en el que una mujer cruza clandestinamente el desierto para hallar a su hermana. Aún si su tema no fuera de candente actualidad, este documental iraní tendría un gran valor por su asombrosa calidad emotiva y visual. Tiene la sensibilidad de un pintor para captar la belleza dentro del horror: los vivos colores de los mantos burka con que las mujeres afganas deben aprisionar sus cuerpos; el rostro delicado de un niño en una escuela talibán armando con pericia un rifle Kalashnikov; la visión de hombres lisiados que se arrastran, recogiendo prótesis arrojadas desde aviones en paracaídas. Aquí se auna el periodismo con la más conmovedora poesía.
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2. Moulin Rouge. Nicole Kidman aparece más hermosa que nunca en este remolino orgásmico de colores, diseños y música pop que dirigió el loco australiano Baz Luhrmann. Este estallido implacablemente romántico de excesos visuales, ha ofendido alguna que otra sensibilidad pero también ha cautivado a muchos espectadores. Nosotros nos incluimos entre estos últimos. Este filme formula musicalmente la pregunta "¿Quieres Moulin Rouge conmigo?", a lo que respondemos: sí, mi amor, toda la noche.
3. Black Hawk Down. Es la dinámica e inquietante recreación que hace el cineasta Ridley Scott de la debacle de las tropas estadounidenses en Somalia en 1993. En casi dos horas de feroces escenas de guerra (que recuerdan a Salvando al soldado Ryan, aunque sin sus partes lentas), el director demuestra su dominio de imágenes y sonidos, biografías y geografía, para crear imágenes emotivas. Junto con Gladiador, Hannibal, y ahora este filme de Ridley Scott tiene buen rollo.
4. Peony Pavilion. En los años 20, dos mujeres (Joey Wong y Rie Miyazawa) están a punto de vivir una aventura amorosa en la mansión que posee un millonario en Suzhou. Pero para el cineasta Yonfan, de Hong Kong, lo que realmente importa no es la trama, sino los estados de ánimo: los seductores vestuarios, el embriagante aroma del opio, el aliento que exhala la amante sobre la mejilla de la mujer que adora. Rara vez un amor fatal se ha mostrado con la exquisitez de esta lánguida rapsodia del infortunio.
5. Mulholland. Este tórrido thriller de 90 minutos de David Lynch, trata de una rubia ingenua (Naomi Watts) que se hace amiga de una misteriosa morena (Laura Elena Haring). Originalmente, David Lynch lo realizó para la televisión, pero no encontró comprador. De manera que le puso un final donde los protagonistas van a dar a los lugares y situaciones más extraños, como si confluyeran Terciopelo azul y Twin Peaks. No se entiende muy bien, pero es fascinante. Al igual que el excelente The Man Who Wasn't There (El hombre que no estaba ahí) de los hermanos Coen, el filme de Lynch mezcla las risas con el horror en una trama que está cómodamente instalada en el cine negro. Se apropia de los estilos clásicos para crear una pesadilla del cine avant-garde.
6. Monstruos, Inc. Fue un año genial para las caricaturas generadas por computadora. Tanto Shrek como Monsters, Inc. tienen ternura y excelentes gags, además de haber recaudado en Estados Unidos más de 200 millones de dólares. De estos dos filmes, nuestro favorito es Monsters, realizado por Pete Docter y los estudios Pixar. Se trata de una película acerca de padres y amigos, de dos criaturas que inadvertidamente adoptan a una niña entrometida. Visualmente es deslumbrante y posee una generosidad de espíritu poco común, y además su final es el más dulce y acertado de este año fílmico.
7. Fat Girl (Niña gorda). Gracias, directores franceses, por recordar al público que el sexo es una parte crucial del drama humano, que incluye negociaciones y mentiras, belleza y desorden, imágenes gráficas y torpes. De entre varias películas francesas sombrías y a veces explícitas sobre sexo, figura la fábula producida por Catherine Breillat acerca de dos hermanas, de 12 y 15 años, y sus alianzas y rivalidades. Breillat combina la comedia de la adolescencia con la tragedia y el horror, y sus imágenes quedan en la mente como el recuerdo que se tiene de la primera y fatídica relación sexual.
8. El señor de los anillos: La comunidad del anillo. Se trata de una fantasía basada en una famosa serie de novelas. Es, además, una realización con una producción suntuosa, y a diferencia del reciente evento de Harry Potter, también es una buena película. En la primera parte de una trilogía fílmica de la obra de Tolkien, el director Peter Jackson narra la aventura de la Tierra Media en verdadero tono épico, con un excelente reparto donde figura Ian McKellen como Gandalf. A esta vertiginosa versión le falta una pizca para ser fascinante. Pero no olviden que aún falta el resto de la trilogía.
9. Amelie from Montmartre. Una niña tímida con una imaginación desbordante (Audrey Tautou) impone sortilegios mágicos a todos los que viven en su barrio parisino. Jean-Pierre Jeu aborda esta trama con abundantes giros narrativos y truculencias cinematográficas, en un estilo que podría llamarse "cuasi-Truffaut". El filme tal vez pueda cansar a los espectadores habituados a Hollywood, donde la narrativa peca de directa y llana. Pero yo siempre prefiero una película como ésta, que es un verdadero festín de inventiva y encanto, además de la tarjeta de presentación del ingenioso Tautou.
10. Y tu mamá también. Dos jóvenes de extracciones sociales distintas tienen una aventura con una mujer algo mayor que ellos (la sensual y desenvuelta Maribel Verdú). Ella les revela más cosas de las que esperaban... o temían. Alfonso Cuarón (realizador de Grandes esperanzas) vuelve a filmar en México después de una década, mezclando pesimistas viñetas sociales con la intriga libidinosa. Pero antes que nada, es un filme donde abunda la acción vertiginosa, el sentido del humor, y las escenas incandescentes.
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