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''Cuando se comienza a viajar, se cambia la idea del viaje''
Javier Díaz heredó de su padre, geólogo, la pasión por los viajes.
«El Newman es un colegio muy integral y sabe unir lo deportivo y lo académico. Uno interioriza valores. La amistad, el respeto, la familia, la educación. Aprende a vivir deportivamente y haciendo juego limpio. Por caso, con la filosofía del rugby uno aprende a avanzar en equipo, a entrenarse todo el tiempo, a construir amistades solidarias, a integrarse en un proyecto que sirve para ganar. Eso a mí me marcó mucho.»
A Javier Díaz le sobra energía cuando se pone a contar los avatares de su historia profesional, que está pespuntada por sorpresa cuando al pasar explica, por caso, que su pasión por los viajes le viene de un padre geólogo, que practicó el delivery de diarios en bicicleta en Los Angeles a los 10 años, ayudando a su primo norteamericano, que en Delta Air Lines entró tres veces (y uno le preguntaría a Javier si por aquello de que la tercera es la vencida, alcanzó un puesto tan alto), o de pronto sobresaltar al oyente con una meditación de tenor filosófico: «Cuando uno comienza a viajar, cambia la idea del viaje».
«Aunque ahora vivo en Barrio River, en Núñez, siempre fui de Vicente López, de Zona Norte, y pienso volver para allá. Cuando nací, mi familia vivía en Florida y yo hice la primaria en el Colegio San Andrés de Olivos. Mi viejo era geólogo y andaba dando clases y conferencias por el mundo. Era muy conocido, lo convocaban a congresos internacionales. La mayoría de las veces se iba con mi madre. Así como una vez se pasó un año en la Antártida realizando investigaciones, podía partir para cualquier lado. Ahí me picó el bichito de viajar y viajar. Quise ser como él. Me explicó que la profesión de geólogo era difícil y muy complicada como salida laboral. No me hice geólogo, pero esa conducta de mi padre hoy pienso que me marcó. Y tanto como la cultura anglosajona. El apellido de mi madre es Hall, fui a colegios ingleses, la mitad de mi familia vive en Los Angeles, yo viví y estudié en California.»
Javier Díaz, como muchos argentinos, comenzó estudiando Derecho para a las pocas materias abandonar esa carrera. «Me pasé a la Licenciatura en Relaciones Internacionales en la Universidad de Belgrano. Fue una carrera muy completa que me permitió aprender cosas que me interesan, como historia, política, geografía, economía. Luego hice un posgrado en una Universidad de California, gracias a un intercambio. Ahí ya estaba dispuesto a hacer lo que me gusta: viajar, pero aún faltó un tramo. Mientras estudiaba, salía a vender beepers a los médicos, trabajé en Consolidar, una AFJP. Pero cuando volví de Estados Unidos -donde me especialicé en Comercio Exterior-, tomé una decisión de intentar concretar mi proyecto y mandé mi currículum a todas las compañías aéreas cuyas direcciones aparecían en los diarios».
El destino se puso de su parte. Lo llamaron de Delta Air Lines cuando aún no operaba en la región. El mismo día que lo contrataron, le llegaba una propuesta de United para trabajar en el aeropuerto. Apostó a Delta y no se equivocó, aunque haya tenido que reincidir tres veces en su ingreso.
Decidido a hacer sus armas en el mundo de las compañías aéreas, pasó a Qantas, cuando esa aerolínea australiana se había decidido a abrir operaciones en la Argentina.
Allí hizo su primera experiencia en la realización de un vuelo inaugural, hoy es un profesional ducho en la materia, tras varias experiencias sucesivas de ese tipo en distintas compañías y en diversos países de América.
En Qantas comenzó liderando el equipo de Reservas de Pasajes. «Fue una experiencia bárbara eso de trabajar en una empresa con otra idiosincrasia, que sus destinos están en Oceanía, Asia, Pacífico Sur. Algo distinto de los habituales recorridos a Europa y a Estados Unidos, aunque hoy Delta cubre esos lugares, vamos a China, por caso. Pero la de Qantas, que estaba pegada con British
Airways, fue una práctica superenriquecedora», sostiene Javier Díaz Hall.
Cuando Delta decide abrir operaciones en la Argentina, habiendo alcanzado techo en su área en Qantas, se postula y se enfrenta a «una entrevista muy exigente», que supera con sobrado aplomo y se convierte en ejecutivo de Cuentas. Pero no dura mucho el júbilo; la crisis de 2001, agregada a la que provocó el trágico 11 de setiembre, hace que Delta se retire de nuestro país. Ya instalado en el universo corporativo de las aerolíneas, Javier Díaz entra a trabajar como gerente comercial en Air Europa, que montó una oficina en Buenos Aires. Pero «a Delta le seguía importando la Argentina y apenas puede, regresa, y ése fue mi tercer capítulo con la compañía. Entré como ejecutivo de Cuentas y los cambios positivos en la empresa han llevado a nuestro equipo a asumir distintas posiciones jerárquicas; así, de Sales Manager pasé a mi posición actual de gerente comercial».


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