- ámbito
- Secciones Especiales
El coleccionista global
"Colecciono arte fundamentalmente porque me gusta, pero también es una inversión. Tengo que pensar en que el día de mañana mi colección mantenga su valor. Colecciono por placer, pero además cuido la inversión."
Ignacio Liprandi: Hace cuatro años, en mayo del '97. Estaba recién casado, y queríamos decorar el nuevo departamento. Me propuse comprar tres o cuatro pinturas, pero al año, esas tres o cuatro eran más de treinta, y terminé muy enganchado con esto.
I.L.: Como todo principiante, empecé comprando muy mal. Todas eran pinturas, imágenes muy clásicas. Hasta que después de un año lo conocí al coleccionista Jorge Helft y cuando le mostré lo que había comprado, sin pelos en la lengua, me dijo que era todo una porquería. Consecuentemente, busqué aprender más.
I.L.: Sí, porque fui a conocer su colección y además, me propuso la brillante idea de ir a la Bienal de San Pablo. Eso fue lo que me produjo un click. Ahí me di cuenta de que estaba enfocando mal. También me propuso que contratara un asesor, y me pareció una excelente idea. Me recomendó a Marcelo Pacheco, entre otros, y por suerte él se enganchó con la propuesta. Así fue que trabajamos juntos por un año y medio, visitando gale-rías y viendo obra.
I.L.: No, de hecho tengo uno solo, de Gustavo Romano.
I.L.: En un primer paso fueron sólo artistas latinoamericanos. Viajaba especialmente para ver obra. Me parecía que buscar sólo arte argentino era autoimponerme una limitación. De hecho me preguntaba por qué no comprar artistas que me interesaban, aunque fueran de otros países. También a raíz de esto dejé de trabajar con Pacheco.
I.L.: Colecciono arte fundamentalmente porque me gusta, pero claramente también es una inversión. No puedo darme el lujo de comprar sin considerar esto. Tengo que pensar en que el día de mañana mi colección mantenga su valor. Colecciono por placer, pero además cuido la inversión.
P.: ¿La crisis actual de la Argentina ha limitado el ritmo de sus compras?
I.L.: No, para nada. De hecho en los últimos meses he comprado una obra de Sebastián Gordín, una de Nicola Constantino, otra de Ernesto Ballesteros, también de Res y de Heredia. Si aparece en el mercado algo que me interesa, a pesar de la crisis, si puedo, lo compro. Porque el arte no es un commodity como un auto que se puede comprar al año siguiente. Hay piezas que no se encuentran dos veces, y la oportunidad de comprarla se pierde.
P.: ¿Se relacionó con otros coleccionistas sudamericanos?
I.L.: Sí, y no sólo sudamericanos. A esta altura me invitan a ferias de todo el mundo y me contacto con mucha gente. En este último año estuve en el programa de coleccionistas de la Feria de Torino, en el programa de coleccionistas de Madrid, de París, de la Fiac, de Berlín, de la Feria de Atenas.
P.: ¿Cómo dio el salto de comprar artistas de todo el mundo?
I.L.: Así como pasé de comprar artistas argentinos a sudamericanos, un año más tarde me pregunté por qué no tratar de abarcar más. Entonces, la realidad es que este último año compré obras de artistas estadounidenses, europeos, asiáticos, mayormente fotografía; y para esto de la fotografía me ayudó mucho una mexicana que vive en París, que tiene muy buen ojo.
P.: ¿Cuál es en la actualidad el núcleo de su colección?
I.L.: Hoy por hoy es el arte argentino contemporáneo, y algunos sudamericanos que me interesan, particularmente de Brasil y de México. Además algunos pocos internacionales, que elijo por la propuesta y por la forma de la colección. Pero eso no quita que mañana sea otra cosa. Me quiero permitir la libertad de poder cambiar.
P.: Es una colección muy pensada por lo que veo...
I.L.: Sí, permanentemente estoy pensando en lo que voy comprando. Creo que cuando la gente recorre mi colección ve algo consistente, no es un rejunte, sino que sigue una línea estable.
P.: Me parece que cada coleccionista quiere como construir su propio museo. En su colección, por ejemplo, se percibe lo que pasa hoy en el arte.
I.L.: Exactamente. De hecho me gusta más y me siento más cómodo con la obra de la gente joven que con artistas de los años '60, aunque sean maestros ya consagrados. Me estoy desprendiendo de esa parte de mi colección, de diez piezas de los '60, a pesar de que como inversión quizá me convendría conservarlas, porque son artistas cotizados y consagrados. Pero esto tiene que ver con el gusto y la pasión y no simplemente con el cálculo económico.
P.: En el ambiente laboral, el financiero, ¿cómo ven su pasión por el arte contemporáneo?
I.L.: Mi pasión es muy conocida por todos, y no creo que la gente del mundo financiero tenga un concepto diferente del arte contemporáneo del de otros sectores. La realidad es que al grueso de la gente le cuesta apreciar el arte contemporáneo. Creo que se necesita cierto entrenamiento visual que no todo el mundo tiene. Pero eso se da en todos los ambientes.
P.: ¿El arte ejerce un atractivo especial en el mundo de las finanzas, más allá de la inversión?
I.L.: Tener una colección de arte es un elemento distintivo tanto en el mundo de las finanzas como en otros. En la sociedad actual, no todo es la cantidad de dinero que se tiene, sino el status al que se llega, muy exclusivo en el caso del coleccionismo. De hecho, el arte abre muchas puertas, digamos que facilita relaciones con gente a la que de otra manera uno nunca tendría acceso. P.: ¿Por qué algunas financieras internacionales auspician arte en sus países de origen y aquí son total-mente indiferentes a la cultura local?
Por un lado, seguramente es por un tema impositivo, y por otro, porque en este país no hay una política cultural definida. Todavía no se ha incorporado el concepto de industria cultural, es decir, no se entiende que la cultura y el arte no están divorciadas con el negocio que deja dinero. Se los sigue tomando como un gasto y no como inversión. Por otra parte, las multinacionales que se instalan aquí tal vez piensan que, ante nuestra realidad, hay otras prioridades, como lo social.
Entrevista Ana Martínez Quijano


Dejá tu comentario