26 de mayo 2006 - 00:00

El péndulo latinoamericano hoy va en contra de la integración

En los años 90 se invirtieron decenas de miles de millones de dólares en obras de interconexión binacionales y trinacionales.
En los años 90 se invirtieron decenas de miles de millones de dólares en obras de interconexión binacionales y trinacionales.
Seis gadosuctos unen a la Argentina y Chile; otro, por el Norte, conecta al país con Bolivia; desde la Argentina también parte un ducto hacia Uruguay y Brasil; y también están conectados Brasil y Bolivia. En los años 90, hubo más de 3.000 millones de dólares de inversión en obras de interconexión binacional o trinacional. Sin embargo, los dirigentes políticos y empresarios de todos estos países admiten que nunca se estuvo más lejos, como hoy, de una verdadera integración.
Sin mucho optimismo, sin la resonancia de otros años, el V Encuentro Latinoamericano y del Caribe de Gas y Electricidad discurrió y se apagó este mes en Buenos Aires en medio de un clima enrarecido por la coyuntura.
"Podríamos decir que hasta estamos en un proceso de desintegración", dijo amargamente Luis Ceron, de AES Gener, de Chile, al comentar cómo su país aún no digiere los problemas que les ocasionó la interrupción de las exportaciones de gas desde la Argentina, urgida ésta a poner en el mercado interno todo lo que se pudiera producir. "Para Chile no es el mejor momento para hablar de integración", dijo Ceron.
Chile está dispuesta a pagar hasta ocho dólares el millón de BTU en gas natural licuado, a cambio de asegurarse un abastecimiento sin sorpresas, reveló un funcionario de ese país, asistente al lánguido encuentro.
"La Argentina pagará poco más de cinco dólares a Bolivia; no se sabe cuánto pagará Brasil; Chile piensa pagar ocho dólares fuera de la región; la Argentina le paga un dólar a sus productores...sin precios unificados, no hay posibilidad de pensar en la integración", insistió un funcionario peruano, que se preguntó: "¿Por qué no nos ponemos de acuerdo?".
Aunque el gas natural licuado (GNL) tiene casi esas características, el gas no es todavía un commoditie. El mercado mundial está dividido en tres grandes regiones, relacionadas por redes de gasoductos, algunas de ellas de decenas de miles de kilómetros. Esto demuestra que el aprovechamiento más razonable siguen siendo los ductos. Una de esas regiones mundiales es la del Cono Sur, con países claramente consumidores y otros claramente vendedores. Pero mientras en Europa (por ejemplo, la relación Rusia-CEE) la realidad y el pragmatismo se traducen en acuerdos de largo plazo, en Latinoamérica, donde el espíritu integracionista no está ausente en ningún discurso, hoy todos piensan en proyectos más o menos aislados, o a lo sumo binacionales. "Hay que dejar de pensar en interconexiones binacionales para pasar a conexiones realmente regionales", dijo un empresario, que reconoció que la competencia entre consorcios en los años 90 devino, en más de una ocasión, en una superposición de proyectos e inversiones en la que, a menudo, perdieron unos y otros.
Así que uno de los criterios que tendrían que marcar todos los nuevos proyectos -reconoció- sería que la integración debe ser regional y no sólo producto de un proyecto aislado, por mejor negocio que parezca.
El tema de los precios también es esencial. Si un ducto atraviesa varios países y en cada uno impera un precio diferente, no hay cómo diseñar un proyecto.
Pero para todo lo anterior, hace falta una política energética. Si bien en esto los gobiernos, históricamente, no han logrado elaborar una en común, tampoco el sector privado puede decir lo contrario. En cantidad de gasoductos (sea que se los mida en dólares invertidos o en kilómetros atravesados) podría decirse que la región está integrada; pero la mayoría de esos caños hoy están vacíos, u operando muy por debajo de lo que se imaginó cuando se construyeron. Gobiernos y empresarios se echan las culpas de esta situación: los primeros, sosteniendo que los proyectos "binacionales" fueron en realidad proyectos privados con los mismos actores en uno y otro extremo del caño. Los segundos, sosteniendo que los gobiernos no eran capaces de pasar del discurso a los hechos en materia de integración, algo que sí hizo el sector privado.
Lo peor de todo es que no parece haber otro camino que la integración, porque la demanda energética en los países de la región sigue creciendo a pasos agigantados y no parece haber ningún país capaz de poder solucionar sus problemas solo.
"¿Por qué tenemos que importar desde países exóticos, si nosotros tenemos las reservas y los mercados para crecer con nuestros propios recursos?", volvió a preguntar el funcionario peruano.
Para volver a construir las bases que entusiasmen otra vez a la inversión en obras regionales (privadas o estatales), se debe comenzar por reconstruir la confianza, se dijo. Episodios como el proyecto del megagasoducto Venezuela-Brasil-Argentina, donde los "grandes" del Mercosur se olvidaron de invitar a Uruguay y a Bolivia, no ayudan a cimentar una posible, pero aún lejana, política regional común. La respuesta fue que Uruguay y Bolivia se sentaran a pensar en su propio gasoducto, sin ocultar su molestia por haber sido ignorados a la hora de diseñar el proyecto. La otra respuesta es que Bolivia se plantó ante la Argentina para negociar un precio del gas bajo otros términos. "Si la Argentina quiere comprar gas a Bolivia y dice que será a largo plazo, pero a la vez proyecta un gasoducto para tener gas venezolano, ¿por qué nosotros no habríamos de querer un precio justo, si tal vez mañana ya no seamos los principales vendedores?", fue el razonamiento de un funcionario boliviano que también asistió al encuentro de Buenos Aires.
Aunque las conversaciones de integración energéticas hoy pasan todas por el gas, tampoco se ha olvidado el eléctrico. De hecho, las mayores obras en ejecución y las que potencialmente ayudarían mejor a resolver el abastecimiento energético de manera sustentable en la región, son binacionales o trinacionales.
Pero en este caso, según el ejecutivo Mario Resnich, hacen falta tres elementos claves e indispensables: "Dinero dijo-, reglas claras y rentabilidad".
Y uno más, al que consideró no menos importante: un organismo supranacional, con facultades suficientes como para constituirse en árbitro y contralor del cumplimiento de los contratos entre los países.

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