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El retorno de las ''bañaderas''

Se discute entre especialistas de la historia de nuestros transportes urbanos si las primeras «bañaderas» fueron para mostrar lugares o si eran para llevar a remates de tierras. Una escritora recuerda que «mi padre me contó que en el verano de 1926 un ómnibus del tipo bañadera salió de la esquina de Juan B. Alberdi y Murguiondo con destino a Lomas del Mirador, a siete cuadras del deslinde conocido como 'Cruce de la Mal Pensada', porque allí se realizó un remate de terrenos con precios muy accesibles, al punto que él compró uno».
La popularidad de las «bañaderas» y los años que duró tienen extraordinarias evidencias. En los años 30 una marca de cigarrillos lanzó una colección de figuritas de «bañaderas» que venían como premios en los paquetes. En 1952, Luis Sandrini en la película «Payaso» conduce una «bañadera con un grupo de turistas» comentándole diversos lugares de Buenos Aires. Por ese tiempo también era típico que los estudiantes realizaran en «bañaderas» algunos paseos de fin de curso o vacaciones. Un escritor porteño recuerda que uno de los recorridos que partía del Congreso llevaba por los edificios más suntuosos de la ciudad, y otro que era utilizado por los sectores sociales más bajos llevaba de «salida a La Salada», donde algunos en sus aguas se bañaban, y no era el mercado persa y contaminado que es en la actualidad.
Aquellas «bañaderas» subsistieron ligadas al turismo en ciudades como Mar del Plata y Rosario, entre otras, antes de reaparecer, junto al boom de visitantes extranjeros, en Buenos Aires.


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