Hay gran interés en segmentos como el automotor, la construcción y el inmobiliario, los cuales exigen prontos cambios que estimulen su actividad. Son rubros que en los últimos años vieron decrecer avances logrados durante la pasada década.
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La definición de la política cambiaria y la recuperación de las reservas del Central serán clave para el despegue de todo el sistema productivo del país. El control de la inflación y el sinceramiento de la política de precios asoman como uno de los desafíos más importantes para la nueva administración.
El año que nace este 1 de enero llega con grandes expectativas para los empresarios, que ante el cambio de Gobierno, con Mauricio Macri a la cabeza del Ejecutivo nacional, esperan respuestas y soluciones a varias cuestiones clave de cara al futuro económico del país y de sus propias compañías.
La tradicional encuesta de D´Alessio IROL, que se difundió en el último Coloquio de IDEA y que se realizó a mediados de octubre, arrojó que por primera vez desde 2010, las expectativas positivas superan a las negativas. El sondeo estimó que un 52% de los empresarios se inclina por augurar un mejoramiento económico, mientras que sólo el 24% mostró un pronóstico pesimista y aunque prevén mejoras en las ventas, la inversión y las exportaciones, se mantendrá la caída de la rentabilidad. Sin embargo, cabe señalar que la encuesta se realizó en un contexto en que la mayoría daba por hecho un triunfo del candidato del FpV, Daniel Scioli, por lo que se descuenta que tras la victoria de Macri, si volviera a hacerse nuevamente el sondeo, las expectativas serían aún mayores.
Durante la campaña presidencial, el debate por los lineamientos macro y microeconómicos que llevó a cabo la gestión saliente y los que encarará la entrante, fueron foco de fuertes cruces con visiones marcadamente distintas. Dos de ellas, quizás las que con más atención siguen los empresarios, fueron la política monetaria para la fijación del tipo de cambio y el levantamiento de las restricciones impuestas por el cepo al dólar. Con la implementación de un tipo de cambio único, que se descuenta que se mantendrá por encima de los $ 10, el equipo económico que comanda Alfonso Prat Gay elimina de raíz las diferentes cotizaciones -incluido el dólar blue que se comercializa en el mercado paralelo- para todos los sectores de la economía que convivieron en los últimos años. Para algunos rubros productivos y de servicios implicará recuperar parte de su competitividad, que actualmente consideran afectada por un retraso cambiario. En cambio, para otros, en especial para aquellos que no comercializan sus productos fuera del país, el impacto puede ser distinto. Esto, además, está atado a la eliminación del cepo cambiario que el kirchnerismo mantuvo en pie debido a la imparable caída de las reservas del Banco Central y se aplicó no solo para los ahorristas, sino también que restringió el acceso a las divisas a las empresas que debían realizar pagos e impidió el giro de dividendos a sus casas matrices en el exterior.
Asimismo, la batalla por mantener las reservas en la autoridad monetaria conllevó a limitar las importaciones y sostener el esquema de retenciones, sobre todo en las commodities de origen agropecuario. La eliminación total de las percepciones a las exportaciones de granos a excepción de la soja, cuyo gravamen se irá disminuyendo de forma gradual, y al mismo tiempo trabajar en sumar valor agregado, son las apuestas de Cambiemos para incrementar la producción de granos y carne, aumentar las ventas al mundo y, a su vez, fortalecer el ingreso de dólares. También se buscará impulsar a las economías regionales que vienen acusando una situación de extrema debilidad.
En el caso de las importaciones las definiciones aún son difusas, al tiempo que desde el sector diagnostican uno de sus peores momentos en la historia. Ahora, los importadores apuestan a una relación más amigable con el Gobierno. Ya antes de asumir, cuando viajó a Brasil y Chile, Macri mostró su intención de fortalecer los lazos con el Mercosur, EE.UU., Europa, y trabajar para avanzar hacia la Alianza del Pacífico, en un intento de revitalizar los intercambios comerciales con el mundo.
En la industria, que tuvo una notable recuperación durante los años del kirchnerismo desde la crisis de 2001, los productores marcan que todavía hay flancos abiertos para fortalecer el desarrollo de la actividad. Una visión común y un reclamo recurrente de los últimos años es que será estratégico trabajar sobre la estructura de costos, mejorar la infraestructura (energía, transporte) y abocarse a la captación de nuevas inversiones. También hay gran interés en segmentos como el automotor, la construcción y el inmobiliario, los cuales exigen prontos cambios que estimulen su actividad, que en los últimos años vio decrecer sus avances logrados durante la pasada década.
Lo que está claro es que los sectores económicos coinciden en que la principal necesidad es retomar la senda del crecimiento y mejorar la competitividad.
En ese sentido, el otro punto de alto voltaje será la discusión salarial con los gremios para 2016. Las paritarias desatan siempre tensiones entre ambas partes y el año entrante no parece estar ajeno a esto. En la previa a la asunción del nuevo Gobierno se comenzó a comentar la posibilidad de trabajar en un acuerdo social para dar previsibilidad ante un inminente incremento de las tarifas de los servicios públicos como la luz, el gas y el transporte público, entre otros, vía reducción de subsidios. Incluso se habló la posibilidad de una cláusula que ate los convenios a la productividad. Distintas organizaciones sindicales ya se pusieron en alerta ante esta idea. En cuanto a la suba de precios, los anticipos de una devaluación provocaron ya antes de la asunción de Macri, alzas que en algunos casos superaron el 25%. En el nuevo Gobierno creen que el aumento de la cotización oficial del dólar no se trasladará a los precios y esbozan un plan antiinflacionario para revertir la situación en dos años. Esto, desde ya, tendrá extrema relevancia a la hora de discutir los nuevos salarios, así como también una modificación del Impuesto a las Ganancias. Aunque durante la campaña se anunció un cambio de carácter urgente, Prat Gay se expresó respecto de que esta cuestión recién se abordaría en el mes de marzo, previo a las paritarias.
El control de la inflación, la creación de empleo, y probablemente un replanteo de la política impositiva, son algunos de los escollos a los que deberá hacer frente el Gobierno que comienza tras 12 años del kirchnerismo en el poder, y donde los empresarios también tienen puesta su atención.
En definitiva, pese a que hay grandes expectativas en las compañías ante el nuevo Gobierno, hay varios cabos sueltos sobre las recetas a aplicar y son las que esperan los empresarios para mover sus fichas. Los primeros meses de gestión serán clave para marcar los lineamientos que seguirá Macri en los próximos cuatro años. Junto a las medidas económicas, el Gobierno entrante espera un retorno de la confianza, lo que estima atraerá inversiones privadas provenientes tanto de adentro como de afuera del país. Por lo dicho en las promesas de campaña, retomar el camino del crecimiento será la prioridad del próximo Gobierno.
En tanto, los empresarios apuestan a una mejor relación con el próximo Gobierno luego de los altibajos que mantuvieron durante la era K. En conjunto, intentarán una relación más amigable y evitar consecuencias como las de los últimos años en los que sectores más cercanos al poder fueron favorecidos, mientras que otros quedaron relegados y en conflicto.
Por su parte, el Gobierno de Macri sabe que tendrá que convivir con la tensión que genera aplicar ciertas medidas antipopulares, unas de ajuste y otras en favor de ciertos sectores empresarios, y otras que buscarán amortiguar el descontento social que puedan provocar. Es el caso, por ejemplo, del programa Precios Cuidados. Mientras en las compañías se espera su eliminación, la gestión macrista lo admitió como una herramienta útil, al menos hasta que haya soluciones de fondo al problema de la inflación. Así, el nuevo Gobierno deberá buscar un balance para equilibrar acciones que nublen el humor social y las que reclaman los sectores económicos. Sabe que las decisiones que tome, y así como también las que no tome, tendrán consecuencias. Los empresarios llevan tiempo esperando y si no se les brinda las señales que pretenden, el camino hacia volver a invertir y crecer se volverá sinuoso.
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