8 de agosto 2008 - 00:00

En Chile, las pistas hoy están plenas de nieve

En Chile, las pistas hoy están plenas de nieve
Es sabido que casi todos los centros invernales argentinos atraviesan una de las peores temporadas de los últimos años por la escasez de nieve. Sin embargo, del otro lado de la Cordillera de los Andes la realidad es otra. Los destinos de esquí chilenos (Antillanca, Antuco, Cerro Mirador, Chapa Verde, Corralco, El Colorado, El Fraile, La Parva, Lagunillas, Las Araucarias y Ski Pucón) gozan de una etapa de esplendor, especialmente los más importantes: Valle Nevado, Termas de Chillán y Portillo, el más antiguo y probablemente el más prestigioso del Hemisferio Sur, enclavado entre grandes picos anexos al Aconcagua y con la Laguna del Inca como telón de fondo.
Portillo o «paso angosto» era el principal cruce entre la Argentina y Chile, transitado primero por mulas y caballos y luego por el tren trasandino, que recorría uno de los caminos más espectaculares sobre vías. Luego de inaugurada la ruta internacional, el tren fue inhabilitado en los años 70.
Pero la historia de la región también está marcada por su complejo invernal mundialmente conocido por los esquiadores. Fue en Portillo donde el famoso deportista Jean Claude Killy obtuvo sus primeras medallas de oro en el Campeonato Mundial de Esquí de 1966 y donde se quebró el récord mundial de los 200 km/h en la pista Roca Jack. Los laureles también se los lleva su escuela, que supo contar con 4 campeones olímpicos como directores, además de entrenar a varios esquiadores triunfadores.
Acceder a Portillo, sobre todo después de visitar Valle Nevado (conocido por la gran cantidad de curvas que hay que atravesar para llegar hasta los más de 3.000 metros donde se encuentra enclavado el complejo), es casi una tarea de principiantes, salvo que las condiciones climáticas lo impidan y el camino, que también es la Ruta Internacional entre Santiago y Mendoza (mantenido por el Ministerio de Obras Públicas de Chile) esté cerrado. En ese caso, si bien el único hotel del complejo (Ski Portillo) no se hace responsable por los gastos ocasionados, las noches que no se usen se cargan como crédito a favor a la cuenta del huésped, que luego puede utilizar ya sea para pagar otras actividades o servicios, para abonar una futura reserva o bien puede pedir el reembolso en la agencia correspondiente en caso de haber contratado el alojamiento por esa vía. En cambio, los huéspedes que no pueden dejar Portillo por los caminos anegados tienen un problema: se les carga el valor total en la cuenta, aunque a partir del segundo día la tarifa baja a 50 por ciento.
El hotel queda a un kilómetro de la aduana chilena del paso Los Libertadores y a seis kilómetros de la frontera argentina. Concentra todas las actividades, como ocurre en Valle Nevado, a diferencia de lo que ocurre en la Argentina donde casi siempre se tiene la alternativa de bajar a los cascos urbanos para realizar las actividades extradeportivas.

Impactante vida social

A diferencia de Valle Nevado, en Portillo hay un solo hotel (Ski Portillo) con capacidad para 450 huéspedes. Salvo las actividades de nieve, el resto pasa por ahí, siendo la hospitalidad y la atención personalizada su principal fuerte. Allí se respira un ambiente familiar. Es raro observar personas solas. Los días transcurren en un ambiente de familia, niños de todas las edades se mezclan entre grupos de amigos, y parejas. Tanto el personal del hotel como los huéspedes coinciden que es común hacer amigos en Portillo y volver a encontrarse en alguna otra oportunidad.
El personal del hotel juega un rol fundamental. Basta con mencionar que son más de 500 empleados para atender a 450 personas. Ell comedor principal, por ejemplo, funciona como el de un crucero. El jefe del salón asigna a los visitantes una mesa la primera noche, la cual deberá usar durante toda su estadía. Si bien hay dos turnos para almorzar y cenar, las familias con niños siempre tienen preferencia para comer más temprano. Los visitantes llegan a conocer el nombre o el apodo de los mozos, maîtres o ayudantes. Es común ver a una decena de mozos vestidos de impecable chaqueta roja cantando el feliz cumpleaños a algún comensal mientras le arrojan serpentinas y guirnaldas. O ver mezclarse a los empleados del hotel con los huéspedes en La Posada, una casona rústica ubicada al final del camino principal de acceso cruzando la ruta. Allí residen los empleados, pero por las noches las puertas se abren para recibir a todo el mundo. Después de las 22, entrar a La Posada es un espectáculo aparte: norteamericanos, brasileños, argentinos y algunos pocos europeos prueban el sabor de la comida chilena, después bailan cumbia y música latina con los empleados del hotel hasta la madrugada.
Para los que prefieren algo más tradicional, el bar es una buena opción para abrir la noche, y además una alternativa para comer sushi o pedir fondues. Tocan bandas en vivo y el repertorio varía de acuerdo al público presente. Pero más allá de que brasileños o norteamericanos sean mayoría (como suele ocurrir), siempre se escuchan covers de rock argentino. Después del bar la gente se reparte: algunos optan por La Posada, otros bajan a la disco, en el subsuelo. Se pone en marcha un rato antes de la medianoche y funciona como cualquier boliche bailable, con DJ en vivo.

Paraíso de esquiadores

Practicar deportes de nieve en Portillo es una experiencia difícil de olvidar. Los más experimentados llegan por las características de las pistas. Para el resto, más allá de la posibilidad de aprender a esquiar o a hacer snowboard, lo mejor está en el paisaje, en las magníficas vistas que ofrece el lugar. Un buen comienzo es conocer los alrededores del hotel y área de servicios, donde hay mayormente zonas para principiantes. La zona oriental, a la que se accede por medio de la silla El Plateau, es el paso siguiente para luego, sólo los más intrépidos, continuar ascendiendo por El Cóndor, desde donde se puede descender por dos de las mejores canchas: El Plateau y La Garganta, ambas con una inclinación considerable en su zona más alta.
Los aficionados con un nivel un poco más bajo, se sentirán más a gusto en sus primeros descensos, en canchas como Descenso o Juncalillo, situadas en la zona occidental a la que se accede por medio de la silla La Laguna, y que mantienen pendientes más suaves hasta la base del centro de esquí.
También desde el punto alto de La Laguna se accede a Roca Jack, que con su medio de elevación de «va-et- vient» y su fuerte inclinación, constituye todo un clásico de Portillo. Esta cancha, al igual que El Cóndor y La Garganta, se mantiene sin pisar a lo largo de toda la temporada.
Las posibilidades de esquí fuera de pista son incontables, con travesías desde El Cóndor a lo largo del Plateau Superior, o desde Roca Jack, hacia la Primera Quebrada o el Kilómetro Lanzado, teniendo siempre en cuenta que uno está en zonas de alta montaña, con gran inclinación y donde las posibilidades de alud pueden ser muy altas.
Al mediodía, los deportistas que no quieren descender a la base para almorzar, lo hacen en el restorán de alta montaña Tío Bob. Comer en esa terraza, nevada, con una vista imponente de la Laguna del Inca y de la Cordillera de los Andes, es uno de los espectáculos más bonitos que se pueden disfrutar en Portillo. Sólo los días jueves se les permite a los huéspedes subir sin equipos, el resto de la semana el acceso a Tío Bob es sólo para esquiadores y snowboardistas.

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