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En San Juan, los vinos buscan la mejor nota

Es así que en la tierra que se jacta de contar con un sol que brilla todo el año, en la que la aridez dio paso a los fértiles parrales, y en la que las bodegas comenzaron a equiparse con instrumentos de última generación -sosteniendo que «para un buen vino, hace falta una buena uva»-, se han encargado de desmentir al poeta chileno, que en su «Oda al vino» asegura que el brebaje nunca cupo en una copa, convirtiendo a ese trozo de vidrio en principal instrumento a ser utilizado en esta actividad, cuyo objetivo es distinguir la calidad de los vinos de ese punto de Cuyo, independientemente de la bodega de procedencia. Si bien en este evento, llevado a cabo por el Centro de Aromas de la Facultad de Ciencias de la Alimentación, la Secretaría de Extensión y Relaciones Institucionales de la Universidad Nacional de Cuyo, Consejo Profesional de Enólogos y, de forma fundamental, la Universidad Católica de Cuyo -que ha logrado ganarse un lugar en el calendario vitivinícola nacional, luego de la vendimia-, se lleva a cabo un showroom de proveedores y auspiciantes, un taller en torno al análisis sensorial de vinos con un panel integrado por argentinos y chilenos -al que tuvo acceso el público en general- y hasta un remate de vinos de alta gama, la estrella es la degustación dirigida, en la que se evalúan, en forma anónima, las muestras más representativas en pos de aumentar la calidad del vino sanjuanino más allá de su cepa insignia, el Syrah.
Durante un poco más de dos horas los catadores probaron las diez variedades más representativas, guiados por Myriam Pérez, licenciada en Comunicación Social, periodista y degustadora de vinos, jurado de catas y diversos concursos. Cada uno de los varietales fue presentado y, mientras los asistentes otorgaban en forma anónima su puntaje, un elegido debía hacerlo en voz alta ante el público. Así, las diferentes voces fueron enumerando las características, que resultan interminables si tomamos en cuenta que en los vinos se pueden encontrar más de 500 aromas que pasan de los herbales a los minerales, frutales o florales. Se sucede un Viognier y hasta un Cabernet, el más difícil de lograr en el terruño de Domingo Faustino Sarmiento, quien además de ser homenajeado como el «Padre del aula» también se lo recuerda como el fundador de la primera Escuela de Enología, allá por 1870.
Cada una de las muestras presentadas por 22 bodegas obtuvo su puntaje y su diploma de participación, ante el anuncio de que las muestras serían enviadas a la universidad brasileña de Caxias do Sul, ubicada en el sur de Brasil, a 130 kilómetros de Porto Alegre, para también obtener su opinión. «Un buen vino es como un buen libro, siempre se quiere volver a revivirlo.» Esa parece ser la impronta que intenta dejar San Juan entre los seguidores de la buena bebida.


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