El mítico Cid Campeador realizó una ruta de destierro que, además de estar en los libros de textos, hoy se ha incorporado a las guías de viajero por la belleza de los lugares que ofrece el recorrido por Burgos, Soria, Guadalajara y Castejón de Henares.
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Así comienza a peregrinar el Mío Cid, y hoy su ruta es camino de leyendas, conquistas, bellos paisajes y altivos castillos gracias al «Cantar» que ha llegado hasta nuestros días. De la mano del anónimo escrito y al volante de un auto, el viajero puede salir en busca de las huellas y relatos a la sombra de una historia casi milenaria.
Narra el escrito que al decir adiós a su tierra «la cara de su caballo vuelve hacia Santa María», al igual que los ojos tristes de los caballeros que en su destierro le acompañan. Es en la capital burgalesa donde aún se conserva la iglesia de Santa Agueda, donde el rey juró no tener nada que ver en la muerte de su hermano Sancho. Hoy, en el puente de San Pablo, junto a la gloriosa estatua del Cid, se pueden ver otras ocho en memoria de los personajes clave del «Cantar».
El Cid inicia el recorrido, y su primera parada la realiza con el fin de dejar a salvo a su mujer -Doña Jimena- y a sus hijos en las manos del buen abad Sisebut, en el Monasterio de San Pedro de Cardeña: «Lloraban todos los ojos, nunca se vio llanto igual, como la uña de la carne separándose así van».
Las huestes se rehacen y comienzan las aventuras y batallas por tierras de Burgos, Soria y Guadalajara. En tropel atraviesan el bello puente de Covarrubias, pueblo donde aún se puede admirar el Monasterio de San Cosme y San Damián, que el conde de García Fernández fundó para su hija. Cabalgan por campos y praderas hasta llegar a Santo Domingo de Silos, donde descansan al abrigo del monasterio y la recién iniciada obra de los claustros románicos. Hoy es una bella obra de arte para que el viajero se deleite paseando entre sus muros.
La ruta continúa, y todavía se pueden reconocer los lugares y pueblos del «Cantar». Si se fuera en casa rodante, será sencillo dormir junto al río en hermosos parajes, tal como hiciera el Cid a orillas del río Arlanzón o del Duero. Despertar con el rumor de las aguas acariciando la ventanilla o simplemente respirar el rocío de la mañana junto a los desafiantes castillos que otrora visitara nuestro cicerone.
Abandonamos la provincia de Burgos por Quintalarraya, como hizo el Cid, no sin antes sorprendernos con el espectacular monumento de Coruña del Conde, que asemeja un avión aterrizado en las almenas del castillo. Entramos en Soria por Acubilla de Avellaneda, como hace diez siglos hicieron sus mesnadas, bordeando la antigua calzada romana que comunica Zaragoza con Astorga y llega hasta San Esteban de Gormaz. Aquí es recomendable estacionar y deleitarse con la subida a la fortaleza que preside el paisaje. La capital vitivinícola de la ribera del Duero soriana asombra con su rico patrimonio, declarado Conjunto Histórico Artístico, y destacan los hermosos arcos románicos de la iglesia de Nuestra Señora de Rivero del siglo XII.
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