Cuentos que la mayoría de las veces avanzan en una dirección insospechada, que se vuelven absurdos, cómicos, aventureros, fantásticos o de la mejor de la tradición clásica, hicieron que a Sergio Bizzio se lo considere elogiosamente como un autor inclasificable y que ahora se encuentran en la bella edición de “Relatos reunidos” (Interzona) y en sus nuevos cuentos de “La primera vez que escuché reaggae” (Random House).
Sergio Bizzio: "Yo no escribo cuentos o novelas, me siento a escribir y termina siendo un cuento o una novela"
Llegaron a las librerías, casi en simultáneo, sus dos nuevas obras: “Relatos reunidos” (interzona) y los cuentos de “La primera vez que escuché reaggae” (Randon House). El autor dialogó con Ámbito sobre ambos libros y sobre el proceso creativo.
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Bizzio dialogó con Ámbito sobre su proceso de escritura y su nuevo lanzamiento: “Relatos reunidos”.
Sergio Bizzio es consagrado jugador en las más diversas zonas de la cultura. Poeta, novelista y cuentista que ha merecido, entre otros muchos lauros, el Premio Nacional de Letras y que está traducido a catorce idiomas, el más reciente el chino, por segunda vez. Además, es dramaturgo, guionista, cineasta, artista plástico junto a “Mondongo”, músico con el grupo “Súper siempre”. Dialogamos Bizzio sobre sus libros más recientes.
Periodista.: Desde los años 80 viene desplegando una amplia y muy valorada creatividad en distintas áreas de la cultura, ¿por qué en los últimos años esa productividad se ha intensificado en novelas y cuentos?
Sergio Bizzio.: Creo que lo que ocurrió fue que cuando nació mi hija, que ahora tiene nueve años, tomé un nuevo hábito. Para poder escribir, durante los dos primeros años de la vida de ella, que es cuando los chicos son más dependientes de los padres, empecé a levantarme a las cuatro de la mañana. A esa ahora no hay nada. ¿y si no escribo qué hago? Eso hace que no sea de extrañar mi productividad, dado que tengo tres o cuatro horas completamente libres y a mi disposición.
P.: Ejemplo concreto de esa productividad es que hora acaban de aparecer, en dos editoriales distintas, una lujosa edición de sus “Relatos reunidos” y, casi al mismo tiempo, "La primera vez que escuché reggae”…
S.B.: No esperaba que salieran tan cerca uno del otro, pero no me molesta, son diferentes. En “Relatos reunidos” hice una selección de cuentos de todos los libros que publiqué y agregué cuentos nunca publicados en libros. En el caso de “La primera vez que escuché reaggae” hay diez cuentos nuevos con muchos asuntos distintos: realistas, absurdos, de non sense, fantásticos, clásicos. Me gusta mucho el abanico que ofrecen.
P.: En ambos libros sorprendes una vez más explorando universos diferentes. ¿Cómo logras esos saltos de escenarios?
S.B.: Tengo la íntima preferencia por escribir cosas distintas cada vez. Si lo logro no es porque sea muy habilidoso sino por casualidad. Cuando empiezo a escribir siento que el texto me lleva, es un poco misterioso. La historia se va develando poco a poco. Así puede ser que escriba texto cómico y absurdo, y de golpe un texto serio y realista. Y no es que esté intentando hacer humor o no hacerlo; ser dramático o no serlo, sale así, es inevitable.
P.: Por eso lo califican de autor inclasificable, aunque en casos sea pariente de Buzzatti, Cortázar, Calvino o un Kafka callejero…
S.B.: En mi juventud era lector asiduo de Cortázar, de Ray Bradbury, de él aprendí que uno puede escribir cualquier cosa con absoluta libertad. Después encontré a Dino Buzzatti, Ítalo Calvino y Raymond Queneau. De Kafka soy un rabioso fan permanente. Y sumo preferencias, la lista es larga, como la de “El tercer policía” del irlandés Flann O’Brien.
P.: ¿Qué lo lleva a escribir un cuento?
S.B.: Yo no escribo cuentos o novelas, me siento a escribir y termina siendo un cuento o una novela. No tengo un propósito inicial. Hay un momento en que el relato me lleva, siento que estoy obedeciendo una voz que está decidiendo por mí. Muchas me gustaría ir para otro lado y el relato no me deja, me hace poner otra cosa. Pongo una frase en boca de un personaje y el relato la rechaza, es increíble. Y hay momentos en que todo fluye y uno es como un médium del relato, y el relato está vivo.
P.: ¿En qué medida te cambió venir de Ramallo a la Capital y ser parte de la Generación de los ’80?
S.B.: No fue un cambio, fue un agregado. Me sigo sintiendo un tipo de Ramallo. El agregado fue que me hice amigo de gente con la que tenía afinidad, compartiamos lecturas, pensábamos más o menos las mismas cosas. Nos enriquecíamos mutuamente. Empezamos a publicar nuestros primeros libros. Mis amigos más cercanos eran Daniel Guebel, Alan Pauls, Luis Chitarroni, Chalie Feiling, Sergio Cheijfec, con ellos me veía casi a diario…
P.: A ese grupo los calificaban de posmodernos y estaban enfrentados con el grupo que seguía Juan José Saer…
S.B.: Teníamos 25 años y se había planteado una dicotomía que trataba de revivir el enfrentamiento de Boedo y Florida. Nuestro grupo estaba nucleado en la revista Shanghai, por eso se hablaba del Grupo Shanghai. Del otro lado estaba el Grupo Planeta y Biblioteca del Sur con Juan Forn, Rodrigo Fresan, Rejtman, Saccomanno, Dal Masetto y otros. Siempre pensé que ese enfrentamiento era un invento. Los Planetarios planteaba que lo que tiene que hacer un escritor es contar una historia. A los Shanghai nos interesaba el lenguaje, el cómo de la historia, un planteo medio absurdo. Hoy los Planetarios y los Shanghái somos todos muy parecidos, no hubo una diferencia doctrinaria ni una rivalidad verdadera. Puede ser que a unos le guste más Aira y a otro Saer, a mí me gustan los dos.
P.: Actualmente el eje de la literatura argentina pasa por mujeres que escriben novelas, cuentos y crónicas…
S.B.: Hay algunas escritoras que me gustan mucho, como María Gainza, Gabriela Cabezón Cámara. Para mí “El yanqui” de Delfina Korn es una de las mejores novelas escritas por mujeres en la última década, es muy entretenida, disparatada, llena de dolor y humor, es muy punk, es muy irreverente, se ríe de todo. Y yo tengo preferencia por ese costado de la vida.
P.: Hablando de mujeres, ¿en qué anda tu mujer (Lucia Puenzo)?
S.B.: Está como loca haciendo películas por todos lados. Hizo una en México. Una serie en Chile. En unos días empieza el rodaje de una en inglés que se filma en Boston, Estados Unidos, y en Montevideo. Y acá está por estrenar “Pepita” con Luisana Lopilato como Pepita la Pistolera. Además, se ocupa mucho de nuestra hija.
P.: Un escritor Premio Nacional, ¿Qué piensa de la llamada batalla cultural por miembros de este gobierno?
S.B.: Estamos pasando un momento pesadillesco que va a cambiar. Es como una mancha de petróleo vencido que se ha desparramado por el planeta.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
S.B.: Notas de lo que veo, lo que siento, lo que leo… no sé qué va a salir de eso.
dialogó con Ámbito sobre ambos libros y sobre el proceso creativo.
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