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Esta vez, los festejos no sólo fueron locales
Los argumentos esgrimidos por Martín, Julián y Sergio para elegir la casa de Marta fueron simples: diez pesos por día cada uno, comida casera preparada por los anfitriones en un patio con una parrilla improvisada en la tierra, sobre cuatro pilas de ladrillos, un escenario («para el que se anime», dice la mujer) construido con vigas de madera de algarrobo sobre bloques de cemento y diversión asegurada durante tres días. «¿No es suficiente para pasar un buen rato con amigos?», pregunta Julián. «Claro que sí», se responde a sí mismo, mientras intenta por vigésima vez clavar una estaca sobre la tierra blanda. «No es para mí, además es la primera vez que salimos en carpa. No era la idea, pero averiguamos para quedarnos en un hotel hace diez días y ya estaba todo completo. La otra alternativa era alojarnos en Formosa o en Clorinda, pero teníamos que estar una hora y media arriba de un colectivo, y nos dijeron que los espectáculos duran hasta las tres de la madrugada», sentencia.
Es cierto, el día del cierre, Los Auténticos Decadentes tocaron para más de treinta mil personas hasta las cuatro y cuarto de la mañana, tras la elección de la Reina Nacional del Pomelo (Adriana Isabel Lescano) y la actuación de reconocidos artistas como la folclorista Roxana Carabajal y el humorista cordobés Cacho Buenaventura. Los días anteriores desfilaron por el escenario principal Teresa Parodi, Raly Barrionuevo, Abel Pintos y Mario Bofil, entre otros.
El propio ministro de Turismo formoseño, Antonio Areco, había anunciado algo que confirmamos luego: la Fiesta del Pomelo no es un mero festival artístico, es una enorme vidriera regional y nacional. Tampoco se trata de un evento que congrega mucho público por la calidad y cantidad de artistas que se ven en escena. Es ya una poderosa atracción comercial, industrial, agropecuaria, turística, didáctica, productiva y de servicios. El mérito es de toda Formosa. Esa promesa que hace algunos años amenazaba con transformarse en un evento de jerarquía es hoy una realidad, palpable, sustentable. Las 15 hectáreas que se usaron para mostrar los atributos de la provincia a toda la región quedaron chicas. Los hoteles se vieron colmados, no sólo los poquitos que hay en Aguas Blancas, sino aquellos de ciudades vecinas como Clorinda o la propia capital. El público respondió, los funcionarios cumplieron con su parte, la organización fue un éxito.
Paseo extraferial
Además de recorrer la ciudad de Formosa, caminar sus calles, probar su gastronomía autóctona (la sopa paraguaya, yacaré al paquete y empanadas de charqui en lo más alto del podio), pasear por su renovada rambla a la vera del río y formar parte de su agitada vida nocturna por bares y boliches, el fanatismo por las aves, los entornos naturales y la proximidad de Laguna Blanca con el Parque Nacional Río Pilcomayo despertó nuestra curiosidad por conocer esta gran reserva que, por su relevancia bioambiental, fue incluida en la lista de los humedales internacionales más importantes del planeta. Si alguien viaja a Formosa por primera vez, es uno de los dos o tres programas que no debe dejar de hacer, además de visitar el Bañado la Estrella, que es considerado, junto con el Gran Pantanal del Brasil y los Esteros del Iberá, en Corrientes, una de las tres reservas ecológicas más importantes de América.
Casi toda el área está cubierta de pastizales y palmeras. Se destaca una en especial: la palma blanca (o caranday), que en algunos casos alcanza los 14 metros de altura. En los huecos de sus troncos anidan cotorras, pájaros carpinteros y un loro llamado ñenday. También los murciélagos se refugian en estas palmeras. Otras aves, como los ñandúes o las chuñas de patas rojas, pasean por los espacios abiertos. El surucuá común, el trepador castaño y la choca listada son otras especies típicas de la zona. Los esteros, cañadas y lagunas concentran poblaciones de cigüeñas americanas, tuyuyú y yabirú, que son aves acuáticas, de cuello rojo y negro que contrasta con el blanco de su plumaje. Las garzas también son comunes en las orillas. Se las ve cazando peces, ranas y reptiles.
Otros animales característicos de la reserva son el aguará guazú (un zorro solitario, tímido y de hábitos nocturnos) y los monos caí, carayá y mirikiná o mono de noche. En los bosques conviven el oso melero o kaaguaré, que trepa a los árboles para alcanzar los avisperos y termiteros, y los coatíes, que se mueven siempre en grupos.
En el espejo de agua más grande del Parque Nacional, la Laguna Blanca, conviven dos especies de yacaré: el overo y el negro, ambas en peligro de extinción. Entre los reptiles habitan la boa curiyú y culebras acuáticas como la ñacaniná. También se ven carpinchos y nutrias. Cuentan que durante mucho tiempo, la región fue habitada por grupos indígenas que explotaron los recursos del entorno ribereño a través de la caza (principalmente de carpinchos, monos, armadillos y vizcachas), la pesca y la recolección de productos vegetales y animales. Hoy en día, el trabajo conjunto de pobladores y guardaparques permite controlar la caza de animales dentro de la Reserva y conservar y recuperar áreas de vegetación natural.
Mas informacion
Parque Nacional Río Pilcomayo
Av. Pueyrredón y Ruta Nacional Nº 86
E-mail: [email protected]


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