Nacha Guevara alcanza una sorprendente e inolvidable encarnación de Eva Duarte de Perón, que abarca desde el momento en que Evita llega a Buenos Aires, a los 17 años, hasta su muerte, a los 33.
Un grupo de amigos, periodistas y artistas presenciamos una función de «Eva, el musical», y si bien éstas no son las páginas donde los lectores de Ambito Financiero encuentran la opinión de nuestros especialistas en el espectáculo, no está en nosotros la intención de hacer una crítica sino de compartir con el lector los comentarios y el balance que un grupo de espectadores no especializados, pero que son habitués de lo mejor que se presenta en nuestros escenarios, realizaron después de la función. En principio, por unanimidad, podemos decir que «Eva. El gran musical argentino» tiene momentos absolutamente memorables. Especialmente cuando Eva Perón queda recostada sobre una columna mientras el pueblo le canta en agradecimiento. También lo es cuando desde un balcón canta «Si yo fuera como ella», momento muy emotivo, fuerte y conmovedor, que concluyó con la mayor ovación de la noche.
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DEBATE DE CONOCEDORES
Si nos preguntamos: ¿Nacha es Eva en el gran musical argentino? Sí. ¿Ha logrado encarnar a la actriz que se convirtió en «la abanderada de los humildes», en la batalladora esposa de Juan Perón? Lo es, definitivamente. ¡Sí, lo es!, y con letras mayúsculas. Pero, además, Nacha es más que eso, es un milagro, una mujer sin edad, que puede lograr ser la imagen cierta de Evita desde los 17 a los 33 años, teniendo digamos que algunos más. Considerando que las personas que aportaron a estos comentarios son aquellas que asiduamente viajan a Londres y Nueva York, y están acostumbradas a ver este tipo de espectáculos, la coincidencia de todos fue que indudablemente Nacha Guevara es portadora de una voz impecable, su imagen tiene el impacto de una gran personalidad, estilo y figura para representar a la mujer que se ganó un lugar de privilegio en la historia argentina y mundial. La letra y textos de Pedro Orgambide, el conocido ensayista, novelista y dramaturgo que murió hace ya cinco años, son simples, claros, concretos; a partir de allí Nacha Guevara escribió el libro de esta nueva puesta en escena. Quizá por razones de tiempo, de concentrar la acción del relato, le faltó ofrecer «algo más» de la etapa en que Evita estuvo al frente de la Fundación Eva Perón, pero en general están los datos esenciales que sirven para lograr un contundente retrato, para sintetizar la dramática historia de esa mujer argentina que se ha convertido en un mito internacional. La partitura de Alberto Favero se puede calificar con un único epíteto: «bellísima». La coreografía, las luces, la escenografía, el sonido y el vestuario son de una impecable armonía. Se lucen de distinta forma Rodolfo Valss, en el personaje de Mario, con muy buenos momentos y otros no tanto; y es muy pareja la actuación de Juan Carlos Puppo, como Don Jaime. En cuanto al Juan Domingo Perón que representa Eduardo Paglieri, es personaje que va acompañando a Eva muchas veces desde la distancia, o en momentos expresivamente emotivos y sentimentales. El musical, que se estrenó en el Maipo en 1986 y no ha perdido vigencia, cuenta la historia de Eva Duarte desde su llegada a Buenos Aires en enero de 1934, su encuentro con el coronel Perón, cómo se vuelve su mujer, la llegada al poder y su muerte a los 33 años. La obra está acompañada por imágenes en una gran pantalla con fotografías documentales de las diversas etapas de la vida de la Eva Perón real y grabaciones de la época.
BUSQUEDA INSATISFECHA
Entre los distintos cuadros se destacan: la llegada a Buenos Aires, «no me pegue, señora», reflexiones en la Plaza de Mayo, el juramento de Eva, Perón en el balcón, las Damas de Beneficencia, «Señora, señora», Aria de don Jaime, y el Réquiem. En el final, el momento más emotivo y fuerte, el de su muerte, se la ve a Eva en una cama iluminada por una fuerte luz, a su lado, arrodillado, su mayor colaborador, Mario. Allí baja el telón, dejando abierta una duda: ¿no habría sido más impactante, por ejemplo, haber acompañado este momento con gente caminando con velas (actores y partiquinos no faltan en el musical) y de fondo una proyección sobre cómo fueron las extrordinarias exequias que se realizaron, cómo participó el pueblo de las ceremonias? Sólo una forma de pensar... de quienes están acostumbrados a sentarse en las butacas de Broadway.
CALIDAD PROFESIONAL
En síntesis, no siempre se tiene el placer de haber disfrutado de un espectáculo de marcada calidad, y en este caso donde se recuerda a esta mujer polémica, atrevida, humana, combatiente, impulsiva, arbitraria, desesperada, de fuerte carácter pero a la vez soñadora de mundos que ella considera posibles, interpretada con la calidad profesional de Nacha Guevara y los artistas, músicos y técnicos que la acompañan. Al salir nos queda un interrogante al margen del espectáculo: ¿algún día podríamos copiar a los emprendedores americanos? Más de un espectador buscaba en el hall de entrada, al término del espectáculo, el merchandising de la obra, poder llevarse el CD con la maravillosa música de Favero en DVD con pasajes de la obra. Un turista canadiense quería llevarse un gorrito, una remera, cualquier souvenir de recuerdo de la obra que cuenta -de un modo distinto al musical Evita de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice, y a la paupérrima versión hollywoodense que interpretó Madonna- sobre esa mujer que sacudió la historia argentina. ¿A los empresarios no se les ocurrió colocar un pequeño stand para la venta de esos productos como los hay en cada musical que se presenta y es una tradición en la mayoría de los teatros del mundo? Otra pregunta que queda sin respuesta... será para otra vez. Lo contundente, en cuanto a apreciaciones, es que fue necesario que tras caer el telón Nacha Guevara volviera una y otra vez al escenario a agradecer las ovaciones de pie del público que colmaba la sala.
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