19 de septiembre 2008 - 00:00

Florece la etapa del miniturismo

Florece la etapa del miniturismo
Tengo que escribir sobre el miniturismo, pero esa palabra no aparece en el diccionario; ¿qué pongo? -le preguntó Matías a su padre, corriendo de la mesa el libro, la cartuchera, el cuaderno, el bolígrafo y la mochila.
-Poné que es una vuelta cortita.
-¿Te parece?
-Veamos. Ahí tenés dos palabras. «Mini», que quiere decir pequeño, breve, corto. Y «turismo», que es el gusto de viajar por placer.
-Así que sería un placer cortito.
-No necesariamente. Simplemente es una vuelta cortita, porque turismo proviene de la palabra francesa «tour», y del latín «tornus», que quiere decir vuelta. Y el turismo es así, uno sale a dar una vuelta para regresar al punto de partida.
-Así, el miniturismo es una vuelta cortita.
-Cortita en el espacio y en el tiempo. Se hace en pocos días y por las cercanías.
-¿Cómo se sabe hasta dónde abarcan las cercanías?
-Así de fácil -el padre toma el compás de su hijo, lo pincha sobre una hoja de papel en blanco y lo hace girar-: esta puede ser una vuelta chiquita, vamos a conocer lugares que están muy cerca. Yo creo que el miniturismo deriva de una vieja tradición andariega, de una voluntad de recorrer lugares caminando que se llama excursionismo, y que hoy suelen denominar escapadas, porque buscan escapar de las ciudades.
-Un miniturismo, ¿cómo sería?
-Todo depende de dónde se parte. Por ejemplo, si estamos en Ciudad de Córdoba y nos vamos al barrio Argüello; si estamos en la Capital Federal y nos vamos al Tigre; si estamos en Rosario y nos vamos a Paraná, estamos haciendo miniturismo. Podemos ampliar el circuito -el padre abre el compás un poco más- y hacer un recorrido más amplio. Pero si fuera más amplio que esto, unos 400 kilómetros de radio, dejaría de ser miniturismo y pasaría a ser turismo.
-Bueno, entonces si es así de poco, no va a haber problema. Me tenés que dar esta plata para el miniturismo de primavera que hacemos con el cole -el padre observó la cifra... y dejó caer la mandíbula.

Vacaciones golondrina

La primavera, acompañando a la naturaleza, impulsa el deseo de salir. Los días se alargan y las noches se acortan, florecen las plantas, comienzan a moverse los girasoles, despiertan los animales que han hibernado, retornan las aves migratorias, aquellas oscuras golondrinas, y los humanos, desde sus primeros tiempos, amplían sus recorridas, toman la llave que han guardado para abrirse a los campos, al aire libre, al sol tibio. La primavera destila impulsos juveniles, acaso por eso se canta a «la estación de los amores», a la época donde se arrancan los pétalos de las margaritas. Y no por nada para todos los pueblos la primavera siempre ha sido y es algo festivo, algo rodeado de algunos festejos (en la «primavera austral», correspondiente al equinoccio de setiembre, está unida, con cierta inspiración pagana, al festejo del Día del Estudiante).
En la antigua visión naturalista, que comparaba las estaciones del año con la vida humana, todo comienza con la primavera, la juventud, para concluir en la vejez del invierno. Esto se vuelve claro al observar con detalle el nombre mismo de primavera, y cuando se lo lee, por caso, en francés, donde «printemps» quiere decir «primer tiempo», y se corresponde con aquella parte del ciclo anual donde todo comienza, o recomienza, y es acaso por eso que la vida de la gente se cuenta por «primaveras».

Escapadas preparadas

Como le explicó el padre a Matías, en miniturismo todo depende de dónde se parte y el destino que se quiere alcanzar tomando en cuenta el tiempo que se tiene, el medio de traslado y el modo en que se hospedará. Hay destinos centrales de la Argentina (Patagonia, Iguazú, Bariloche, Purmamarca, La Ruta de los Vinos, etcétera) a los que es difícil ir en dos días, salvo que uno quiera consagrarse como masoquista. Las escapadas son esencialmente cercanas. Desde la Ciudad de Buenos Aires es habitual pensar como destinos: Tigre, La Plata, Luján, Pilar, San Antonio de Areco, San Pedro, Zárate, Chascomús, Berisso, Junín, Salto, San Nicolás, San Miguel del Monte, Baradero, Escobar, Cañuelas, General Belgrano, Mar del Plata, Sierra de los Padres, Capilla del Señor, Rosario, Paraná, Colonia, Montevideo, Punta del Este.
Junto a la elección del destino puede estar como algo primordial que cuente con determinados centros de interés para el viajero.
El «turismo gourmet» tiene como hitos o postas restoranes de campo, lugares de artesanías gastronómicas o de fama regional por sus menús exclusivos, lugares que dispensan con generosidad los placeres de la buena mesa. Hay destinos que llevan a las más sabrosas carnes ahumadas, pastas y chacinados, pescados y mariscos, pastas y verduras, infusiones, tortas y tartas, dulces y mermeladas, postres y alfajores. Hay deliciosos alfajores en muchas ciudades, pero ir a recorrer el Museo de Fangio en Balcarce permite saborear los famosos postres de esa ciudad. Uno se puede preparar para en principios de diciembre ir a Pigüé, esa ciudad de raigambre gala, a participar gratuitamente de la comilona de la Fiesta de la Omelette Gigante. Para pastas y chacinados, conviene visitar el polo gastronómico (en unas pocas cuadras tiene una docena de restoranes) de Tomás Jofré, que recomendó Ambito del Placer, y que en las cercanías tiene, acaso para que no se sienta demasiada culpa por lo realizado, varios spa.
El «turismo deportivo» abre un enorme abanico de posibilidades, desde los tradicionales clubes con piscina y canchas de tenis hasta los clubes de remo y los campos de golf. A la vez, se pueden unir experiencias, por caso, una visita golfística al club Las praderas de Luján con un recorrido histórico-religioso; ir a Lobos a jugar golf y vivir la experiencia de hacer paracaidismo. Y en el Santa María de Lobos, un bellísimo club de polo de 200 hectáreas ubicado sobre la Ruta 41, tener la suerte de ver a Tommy Lee Jones dando un backhander con el mazo. Hoy hay una enorme cantidad de campos con actividad ecuestre, estancias con habitaciones donde alojarse y comer que ofrecen clases prácticas de polo. Ir a La Candelaria, en Lobos, es encontrarse, además, con un casco de tipo normando y un parque diseñado por Charles Thays. Por otra parte, aquellos que eligen como deportes la pesca y la náutica, ríos, lagunas y mar ofrecen múltiples posibilidades, basta con internarse un rato y navegar por Internet.
Otra alternativa posible de miniturismo es dejarse guiar por fiestas, celebraciones, recitales, exposiciones. Todos los días en por lo menos un lugar del país hay algo de eso. Algunos ejemplos cercanos: del 25 al 28 de setiembre está el Festival Gastronómico de Mar del Plata; el 28 de setiembre, el Festival de Jet Ski en San Miguel del Monte; del 3 al 5 de octubre está el Encuentro Internacional de Coros en Necochea.
M.S.

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