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Pero somos buena gente. Así que nos entusiasmamos cuando MJ, después de meses de jugar y darle vueltas a la idea y de perder más de 10 kilos, concluyó el partido de golf más repleto de periodistas de este año sin Tiger Woods cerca y anunció que tomaría una decisión sobre su retorno a la NBA en septiembre. Espero jugar, y con suerte podré llegar al punto en que pueda tomar esa decisión. Está bien tener dudas y está bien estar nervioso, le dijo a la jauría. Una encuesta de TIME/CNN realizada la semana pasada indica que, por un margen de dos a uno, los estadounidenses desearían verlo en la cancha lo antes posible. Y sólo el 21% piensa que su leyenda se resentiría si su vuelta resulta un fracaso absoluto. De hecho, solamente el 28% piensa que los deportistas deben retirarse en su mejor momento. Lo cual nos hace pensar si un alto porcentaje de las personas que responden a los encuestadores, no habrán sido deportistas durante la secundaria y ahora adolecen de un sólido problema de falta de contacto con la realidad
Como Jordan. Fuentes cercanas al basquetbolista tanto como para temerle y no dejar que utilicemos sus nombres dijeron a TIME que cuando Jordan comenzó a hablar de una posible vuelta a las canchas, algunos de sus asesores de más confianza intentaron disuadirlo. Pero dicen que si intentan detenerlo, esos sólo reforzarán su determinación, dijo una fuente. El problema del retorno de Jordan no se limita a que es imposible que pueda repetir el final feliz que nos regalara en 1998, cuando conquistó su sexto campeo-nato con la canasta ganadora en el último segundo del partido. El problema es que sus motivos para volver la necesidad de atención, el afán de jugar incluso cuando su cuerpo de 38 años le dice que no violentan el propio mito de Jordan, el mito del control absoluto. Ser admirador de Jordan conlleva admirar la elegancia y la confianza. Volver sabiendo que jugar para los Wizards, el equipo del cual es copropietario, no lo llevará ni cerca de la segunda vuelta de las eliminatorias, sabiendo que no será el máximo anotador de la liga, es una pérdida de control.
Y Jordan no vuelve para perder, para jugar sólo por jugar, para ser una figura secundaria ante Kobe Bryant, Tracy McGrady o Allen Iverson. Estoy seguro de que piensa que puede ganar. Porque él se retiró con su salud intacta. A diferencia de los demás, que salimos cojeando , dijo el analista de NBC y miembro del Salón de la Fama de la NBA Bill Walton, quien jugó hasta los 35 años. El básquetbol es un juego para jóvenes y siempre lo será. Pero cuando uno es muy grande, cree que puede hacer cualquier cosa . También, cuando uno es muy grande, todos a tu alrededor te dicen que puedes hacer cualquier cosa. Pocos serán quienes le digan a Su Alteza que ha perdido el paso.
El retorno de Jordan reanimaría su moribunda inversión en los Washington Wizards. Las reglas de la NBA le exigirían vender sus acciones en el equipo, como hiciera Magic Johnson en su breve retorno sin gloria a Los Angeles Lakers en 1996, pero seguramente las compraría de vuelta cuando colgase los zapatos deportivos otra vez. Mientras, los Wizards tendrían más espectadores en las gradas y habría más jugadores free agents que querrían ir a jugar a Washington.
Un sector que piensa en el lucro los fabricantes de artículos deportivos sueña con la repetición del éxito que tuvo la marca Jordan a mediados de los años 90. Usted también lo soñaría si su suerte financiera estuviera unida a dioses menores del básquetbol como Kobe, Iverson y Shaquille. Ya se están ordenando jerseys y camisetas, se están diseñando calzados deportivos marca Jordan, todo con antelación. Que Michael Jordan vuelva no es ni siquiera un acontecimiento nacional. Es mundial. Es un negocio enorme por sí solo y nos arrastra a todos tras de sí, suspira un ejecutivo de la industria. Si hay algo que puede en-friar el entusiasmo es la mala imagen que tienen los Wizards. Mucha gente ni siquiera sabía que Washington tiene un equipo , dijo un comprador en la cadena de tiendas Sears.
La vuelta de Jordan no es una estrategia de negocios. Lo hace porque echa de menos ser Michael Jordan, porque no sabe ser nadie más, porque nadie, ni siquiera Michael Jordan, puede aceptar con gracia su mortalidad, porque no es justo ser un hombre joven de 38 años y que te quiten la obra de tu vida. Y a pesar de lo que dicta la razón, a pesar del contrapeso de la inmortalidad de la historia, sencillamente, es difícil dejar de jugar al básquetbol. -
Informes de Brian Doyle/ Washington, Ron Stodghill II/ Nueva York y David Thigpen/Chicago