1 de agosto 2008 - 00:00

''Mucha gente ya ha cambiado el avión por el colectivo''

Mucha gente ya ha cambiado el avión por el colectivo
Un joven de impecable traje azul y corbata naranja a la moda se presenta en la boletería de una empresa de transporte que ofrece servicios vip de larga distancia en la Terminal de Omnibus de Retiro. La cajera atiende a una inquieta clienta, pero el hombre no soporta la ansiedad y pregunta: «¿Señorita, a qué hora sale el próximo Royal Suite a Mendoza?». La empleada hace oídos sordos y gira para buscar el ticket que acaba de emitir. «¡Ahora, sale ahora!», contesta el señor de traje gris y deslumbrante Rolex que espera ser atendido en la ventanilla de al lado. «Averigüé por teléfono desde Aeroparque y vine, estuve esperando mi vuelo ocho horas, pero me harté de todo: de las aerolíneas, del personal aeronáutico y de este bendito país», grita. El joven lo mira y hace un gesto de complicidad: «De haberlo sabido, hubiéramos compartido el taxi, vengo del mismo lugar, pero a diferencia de usted, yo estoy esperando embarcar desde ayer. Arribo de México, tengo que llegar a Mendoza para un encuentro corporativo y me postergaron dos veces el vuelo».

Casi a diario

El diálogo se produjo el viernes pasado en la boletería de la empresa CATA Internacional, pero situaciones como esa se viven casi a diario en alguna terminal de Buenos Aires y del interior del país. Mientras, en los aeropuertos se sufren momentos de tensión: vuelos suspendidos, demoras insoportables, muchas dudas, muy pocas certezas.
Al momento de buscar las explicaciones a este fenómeno recurrimos a gerentes y directivos vinculados a la actividad. Las respuestas se centran en un mismo foco de conflicto: la crisis aerocomercial, y sobre ese tema la coincidencia de los consultados fue unánime: «La problemática aérea influyó muchísimo en el cambio de hábitos de los consumidores de viajes de larga distancia en coches que ofrecen servicios de lujo», dice Ignacio Bonavena, jefe de Marketing de Nueva Chevallier, desde sus oficinas en el barrio de Barracas. «La crisis aerocomercial nos obligó a comprar y renovar toda la flota, porque la demanda fue creciendo hasta límites insospechados. Hoy los pasajeros viajan en colectivo más cómodos y con mejores servicios que en un avión, casi le diría que en primera clase, y a mitad de precio.»
Como Bonavena, el resto de sus colegas opina lo mismo. Uno de ellos es Mauricio Elmelaj, director de Comunicaciones de CATA Internacional. «La crisis aérea influyó en el sentido de que le dio impulso al nicho del transporte terrestre de lujo, pero una vez instalado en el mercado tomó 'vuelo propio'. Cuando el consumidor probó el servicio y vio sus ventajas, se enamoró. Hoy en día existen clientes muy fieles a estos productos, que ya no se plantean si viajar o no en avión. Directamente sacan el pasaje en ómnibus», confiesa Elmelaj, en conversación telefónica desde Mendoza.
Invertir para crecer. Esa parece ser la premisa de las compañías de transportes terrestres ante el panorama favorable. Un ómnibus equipado con 26 butacas reclinables 180°, cortinas individuales, panel divisorio, televisores LCD, música funcional, aire acondicionado y calefacción, bar, y tecnología de última generación, oscila los 300 mil dólares. Casi todas las empresas incorporaron varios a su flota. Bonavena opina que «el cambio es inmediato, la demanda es grande y el coche semicama tiende a desaparecer, porque la diferencia de precios entre un semicama, un cama y un suite es mínima, pero la diferencia de confort y servicios es grande», así lo reconoce el encargado de Marketing de Nueva Chevallier, empresa que cubre servicios a Río Cuarto, Mendoza, Mina Clavero, Merlo, Patagonia en general, Roca, Neuquén, Bariloche, Salta, San Martín de los Andes y Córdoba, entre otros trayectos.
A la hora de señalar el tipo de consumidor que utiliza estos servicios exclusivos, los informantes vuelven a coincidir. «En general, los que usan estos servicios pertenecen al segmento ABC1, desde empresarios hasta profesionales y funcionarios. También hemos detectado gente que cuando viaja sola lo hace en avión, pero cuando lo realiza con toda la familia, se suben a un micro de estas características, pues el ahorro es importante y el confort muy superior», dice Elmelaj.
Dependiendo del trayecto, por ejemplo un Buenos Aires-Mendoza ida y vuelta, cuesta hoy 456 pesos (228 por tramo), un valor muy inferior al del avión (1.234 pesos ida y vuelta en ejecutiva promocional) y es competitivo, teniendo en cuenta lo que se ofrece a bordo. El servicio Royal Suite, de 456 pesos ida y vuelta (CATA Internacional) incluye: butaca de cuero reclinable (180°) y convertible en cama, mantas y almohadas individuales, cortinas divisorias, pantallas LCD individuales 8", películas a elección del pasajero, sistema de DVD y MP3, auriculares individuales, cena fría y caliente a elección, refrigerios, servicio de bar y cafetería, mesas plegables y fijas a cada butaca, servicio de desayuno, aire acondicionado y calefacción, y azafata.

Opinan los usuarios

El informe de Ambito del Placer no podía estar ajeno a la opinión de los usuarios. Para conocer su parecer fuimos hasta Retiro. Santiago Herrán, abogado, misionero, es uno de ellos. «Tuve que soportar demoras tediosas en el aeropuerto. Una vez estuve dos días sin poder volar a Iguazú, hasta que dije basta. Lamentablemente debo ser de los pocos que va y viene a Misiones por trabajo, no como turista. Viajar en ómnibus te asegura puntualidad. Podés organizarte, pactar una entrevista, establecer horarios. En mi profesión es indispensable mantener una estructura, cosa que antes era imposible de sostener.»
El fueguino Juan Azpeitía se identifica como «viajero habitual». El joven de 28 años es ingeniero en sistemas, pero confiesa que nunca viaja por trabajo sino por placer. «Soy un fanático de esta ciudad, y como las distancias son grandes casi siempre lo hago en avión. Sin embargo, desde hace muchos años los riograndenses padecemos la falta de vuelos. Cuando LAPA desaparece del mercado dejó de haber competencia en las rutas del sur, situación que se agudizó con la crisis económica de 2001 de modo lapidario para el resto de las compañías aéreas que operaban en ese momento, como SW, Dinar, TAN, LAER y American Falcon, entre otras. Nos costó resignarnos. Hoy es una incógnita viajar en avión.»
El tucumano Martín Mujica, licenciado en marketing dice: «No tengo problemas con los viáticos, porque me los reconoce la empresa, pero la diferencia de precios entre un pasaje terrestre y uno aéreo es abismal, la gente lo debería tener en cuenta. Respecto del confort, viajar hoy en un coche suite class es más confortable que cualquier clase turista aérea de cabotaje, e incluso que muchos vuelos internacionales».
Mariana Bach, profesional, salteña, dice que «la gente tiene un preconcepto equivocado. Usted le pregunta a alguien que nunca viajó en ómnibus durante ocho, diez, doce horas y seguramente le conteste que prefiere el avión, que en colectivo se come chatarra, se viaja inseguro y se duerme mal. Eso es mentira. La sola competencia hizo que las empresas invirtieran mucho dinero en nuevos vehículos, o en mejorar sus flotas. Hoy casi todas las compañías tienen servicios vip o dormisuit, con azafata a bordo y todos los servicios necesarios para asegurar un viaje confortable».
Adrián es contador, misionero. «Antes un viaje de doce horas se hacía interminable. Uno se levantaba veinte veces, dormía mal, comía pésimo y frío. Ahora vos tenés un espacio acorde con las necesidades de un viaje de mil y pico de kilómetros. Un asiento confortable e independiente del que está al lado. Comés como en un restorán de Puerto Madero: entrada, plato principal, postre, vino, café y hasta un whisky si tenés ganas. Mirás una película y cuando el sueño te gana reclinás el asiento 180 grados, acomodás la almohada, te tapás y no te despertás hasta la hora del desayuno. Es un placer. Disfruto el viaje, desde que me subo hasta que llego a Buenos Aires y viceversa.»
Queda claro que muchos usuarios viven una pesadilla, cada vez que se suspenden una veintena de vuelos en Ezeiza y en Aeroparque. Ante las demoras y las reprogramaciones constantes de vuelos, más pasajeros prefieren usar los servicios ejecutivos que ofrecen algunas empresas de ómnibus de larga distancia. Además del confort, los servicios y la diferencia en los precios, cuentan con un plus especial: saben a qué hora salen y a qué hora llegan a destino, que a esta altura de las circunstancias, no es decir poco.

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