Navarro conquista con su menú de leyendas

Secciones Especiales

Acaso haya quienes van a Navarro, en la provincia de Buenos Aires, por los elogiosos comentarios acerca de su gastronomía, o sobre su serenidad rural, pero hay, por lo menos, dos hechos que marcan su historia y convierten a esta ciudad en tierra de leyendas.
Allí, las fuerzas del General Lavalle vencieron a las de Coronel Dorrego. Aquí, el unitario Lavalle hizo fusilar al federal Dorrego. Y aquel drama se transmitió en coplas populares de generación en generación, de pulpería en pulpería. Ernesto Sabato revivió esa historia en una parte de su novela «Sobre héroes y tumbas» y, luego, en la cantata «Romance de la muerte de Juan Lavalle», con música de Eduardo Falú, y cuya vidalita fue interpretada de forma inolvidable por Mercedes Sosa.
Allí, en Navarro, tiempo después, el pulpero solía soltar de vez en vez un «¡Dichosos los vientos que lo traen por aquí aparcero!», al ver entrar a Juan Moreira, aquel gaucho alto y flaco que las circunstancias volvieron matrero y que fue muerto por una cuchillada del Sargento Chirino, después de haber peleado duro con la partida del Comandante Bosch, que lo venía buscando hacía rato y lo encerraría contra un muro en la ciudad de Lobos.
No imaginó aquel gaucho valiente que su historia sería fuente de la cultura argentina. Impulsaría, a través del escritor Eduardo Gutiérrez, la novela popular, el best seller. Gestaría, a través de los hermanos Podestá, el primer teatro absolutamente criollo. Daría, gracias al genial Leonardo Favio, una película memorable, al punto que para muchos Juan Moreira tiene el rostro y la figura del actor Rodolfo Bebán.
A la localidad de Navarro, a sólo 101 kilómetros de Capital Federal, le hubieran bastado esos dos hitos históricos para ser un lugar para visitar, pero en su trayectoria ha ido creciendo hasta convertirse en un pueblo progresista y moderno que ofrece, junto con la serenidad provinciana, Internet, televisión por cable y todos los servicios que permiten pasar unos días con todo el confort, desde una excelente gastronomía hasta diversas formas de turismo rural, en ese territorio donde «la pampa chata» se convierte en una cabalgata de leyendas.
Imperdibles
 Fortín: por los pintorescos boulevares de Navarro se llega a El Fortín, que fue construido en 1779, y a la Estación de Trocha, que conserva su construcción original en la que se puede visitar el Museo Ferroviario.
 Plaza Mitre: Centro Histórico, que sobresale por sus monumentos, sus floridos canteros y por el retoño del pino del Combate de San Lorenzo.
 Parque Dorrego: Monumento al Coronel Manuel Dorrego.
 Laguna Navarro: es el espejo de agua más importante de la zona; a él concurren pescadores y deportistas que gustan de la laguna para actividades náuticas. En las inmediaciones se encuentran el autódromo municipal, el golf club, las canchas de rugby y de fútbol, las pistas de ciclismo y de motos, el hipódromo de trote, el aeródromo municipal -entre otros-, que hacen de la laguna Navarro un gran centro deportivo y de esparcimiento.
 Museo Histórico: alberga objetos y memorias del pasado de la ciudad y de la región, atesora vitrolas, armas de fuego, abanicos, billetes, retratos y bombas de agua.
 Museo de Ciencias Naturales y Paleontología: exhibe fósiles encontrados en la zona.
 Templo Parroquial San Lorenzo Mártir, de 1870, en donde se conserva una imagen de Cristo que tiene más de 450 años.
 Estancia-restorán: con casco de 1870 de una sola planta, ambientes muy amplios y ventanales con aberturas originales. Se trata del restorán de campo El Rastro, que ofrece comida casera elaborada por sus propios dueños (Miriam Díaz y Horacio Mastroberti) en horno de barro. Entre las especialidades de la casa están: carne con papas y batatas, bondiola con mozzarella casera (producida en la quinta orgánica del lugar), berenjenas, pickles y dulces.

Dejá tu comentario