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Para muchos fue la tarde de los sombreros
El Gran Premio Carlos Pellegrini ha buscado cada vez más competirle al del Royal Ascot. Se destacaron por sus atuendos María Telesemian, Connie Piuma, Laura Noetinger (diseñadora de los sombreros), Mariel Quintana, Gabriela Flores Pirán de Neuss y Lili Basso
Las damas con sombreros remiten a los que usan las damas en la carrera de caballos más tradicional de Inglaterra. La reina Ana, fundadora del hipódromo de Ascot, descubrió el lugar en un bosque cercano al palacio de Windsor, en 1711, mientras paseaba con su carruaje. Imaginó en ese claro un lugar para carreras de caballos, su pasión.
Usando la imaginación, sólo faltaron los carruajes y la realeza, beber un Pimms, bocados de fresas con crema, típicos de esa carrera inglesa, para que el Carlos Pellegrini fuera el Ascot sudamericano. Hubo bocaditos y drinks -antes del almuerzo, que comenzó a las 3 de la tarde-en la muy bien ambientada carpa, que remontaron al even-to británico.
Laura Noetinger fue la encargada de confeccionar los sombreros de la mayoría de las elegantes damas presentes. Estudió en el Kensington and Chelsea College, con los mejores maestros de la sombrerería inglesa. Trabajó con Bruce Oldfield y Catherine Walker (diseñadores de Lady Di) y expuso un sombrero en el Victoria and Albert Museum, el museo de arte decorativo más importante del mundo.
Laura Noetinger vivió el Royal Ascot, pero no tan feliz como en el Carlos Pellegrini, porque aquí todas acuden a ella. Allá son famosos los clásicos Philip Treacy, Stephen Jones y Louis Mariette y para la generación joven hay dise-ñadores exclusivos y audaces, como Cozmo Jenks (high society), Edwina Ibbotson y Noel Stewart, entre otros.
El sombrero es parte indisoluble de Ascot por la tradición: hay que cubrirse la cabeza para poder hacer apuestas bajo el cielo inglés. De ahí partió la tradición ya no tan estricta: permiten algunas variedades de «milliners» como se los conoce en England, o Pamela en español, que son creaciones de gran gala.
El sábado en el Carlos Pellegrini los premios fueron para Gabriela Flores Pirán de Neuss y Vicky Gamboa, directiva de Fundaleu. Ambos, diseños de Laura Noetinger, por supuesto. También creó el sombrero de la elegante Teresa Calandra, conductora del evento y del desfile de Benito Fernández, de Machi Anzoátegui y Connie Piuma, entre otras.
En Ascot, aunque se aceptan los pantalones, la mayoría de las mujeres no abandona el vestido o el traje-pollera. Los hombres van de jacquet y galera, aunque podrían hacerlo de saco y corbata. La tradición es más fuerte. Hay un picnic en el estacionamiento, donde cada auto lleva lo suyo. Los más tops van con su buttler (mayordomo) de guante blanco para que los sirva.
San Isidro, sin copiar a Ascot, tiene otros lugares con elegancia afuera de la carpa. En el vip del edificio, que tiene la mejor vista del hipódromo, el traje y los sombreros estuvieron presentes. Vimos la carrera final desde el comisariato junto al flamante gobernador de Buenos Aires Daniel Scioli, su mujer Karina Rabolini, el intendente de San Isidro Gustavo Posse, y el anfitrión Bruno Quintana, entre otros.
Después llegó el homenaje a «Valdi», que se retiraba tras 33 años de actividad. Lo escoltaron cuatro colegas que le dieron un toque cinematográfico a la ceremonia. Cinco hombres que pesan poco más de 50 kilos, con sus chaquetas brillantes y coloridas, se destacaban entre tanto traje y corbata en un pesado día de calor de fines de la primavera.
Entre los asistentes se vio a Cristiano Rattazzi y Alicia Fernández, el escribano Alvarez Fourcade, Germán Neuss, Carlos Miguens, Jorge Pereyra de Olazábal, Ignacio de Mendiguren, Ignacio Gutiérrez Zaldívar, Martín Uriburu, Gonzalo Bergada, Enrique Martínez de Hoz, Teresa Garbesi, Teresa Solá, María Telesemian, Mariel Quintana, Enrique Llamas de Madariaga y Denise, la senadora María Laura Leguizamón. Pero los vip no se agotaban en la carpa, en los otros pasillos circu-laban antes de la gran carrera Luis Sessa, Alejandro Rainieri, Mora Furtado, Marcela Tinayre, Richard Willmott (h) y señora.
Los últimos se fueron casi a las 9 de la noche, cerrando un día que buscó ser de distinción. El Carlos Pellegrini es una tradición que trae a la memoria otros tiempos, donde ser elegante era parte de la vida cotidiana.
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UNA SEÑAL DE BUENOS DESEOS
En el tercer piso de su exclusivo local de avenida Alvear al 1600, Ermenegildo Zegna realizó un cóctel para informar que donará un porcentaje de sus ventas a la Fundación Make-a-Wish, en las compras que se realicen hasta el dia de Nochebuena. En el exclusivo evento hubo palabras de buenos deseos de la Sra. Karina Rabolini, para la Fundación Make-a-Wish presidida por Mónica Parisier. Fue centro un lindísimo árbol para juntar deseos de los presentes. Cada invitado colgó una tarjeta con moño azul, con su «deseo para estas fiestas, el año que comienza y la vida que sigue». Claudio Rígoli hizo la
presentación e invitó al escenario a la PR y encargada de marketing, Anabella Weber, para el anuncio del hecho solidario.


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