3 de agosto 2007 - 00:00

''Sueño salir en motorhome a recorrer la Argentina''

Sueño salir en motorhome a recorrer la Argentina
Llega a cara lavada, manejando su cuatro por cuatro que alguien estaciona mientras ella ingresa al estudio mayor de la productora Endemol. Se levanta todo los días muy temprano (bastante antes de las seis), lleva a sus tres hijos al colegio y comienza su jornada laboral. Regresa a su hogar, en un country de zona norte, con tiempo para organizar su casa, pasar un rato en familia y acostarse temprano.
Verónica Varano considera que viajó mucho -especialmente por trabajo-, pero no tanto como quisiera. Proyecta volver con su familia a Disney y confiesa que tiene un sueño: «Recorrer el país en casa rodante. Me gusta mucho manejar, estar en contacto con la naturaleza, conocer ciudades, recorrer y recorrer...». De gustos sencillos, a la hora de ser tentada a seleccionar un destino turístico elige algo relativamente cercano: la enigmática ciudadela peruana de Machu Picchu: «Estuve varias veces en Perú por motivos laborales, pero nunca pude llegar hasta esas ruinas, que han sido colocadas entre las Siete Maravillas del Mundo». ¿La siguiente opción? Ni las Pirámides de Egipto ni el parque Serengeti de Tanzania: «Salta. Conozco bastante la Argentina, pero nunca fui a Salta». De los países que ha conocido elige Brasil, en donde vivió varios años y al que siempre prefiere para pasar las vacaciones con sus hijos. «Tiene playas increíbles. Una de mis preferidas es Playa del Espejo, muy cerca de Trancoso. Allí vi la mejor puesta de sol de mi vida. Uno no sabe dónde empieza el cielo y dónde termina el mar. La vegetación es intensa. Todo es intenso en Brasil, los colores, los aromas...». En cambio, no volvería a Camboriú: «Durante mi infancia viajé mucho a Brasil y adoraba esa playa. Fui por primera vez hace como cuarenta años (tiene 41) y era un lugar divino. Pero después no sé qué pasó».

Periodista: Conductora de televisión, actriz, modelo... ¿Qué disfruta más?
Verónica Varano: No sé. Todo. Pero igual para mí todas esas actividades son trabajo. No es mi vida. Hay gente que tiene la necesidad de desarrollarse a partir de su trabajo y está todo el tiempo pendiente de eso. Ese no es mi caso. A mí, lo que verdaderamente me gusta hacer es cocinar. Creo que mi arte es cocinar porque siento que estoy creando. Amo cocinar.
P.: ¿Es su hobby? ¿Opinaría lo mismo si tuviera que hacerlo todos los días?
V.V.: ¡Cocino todas las noches! Cuando vuelvo de trabajar organizo mi casa, las tareas escolares de mis hijos y preparo la cena. Lo que mejor me sale es el asado, todo lo que sea a la parrilla.
P.: Y prepara el fuego...
V.V.: Sí, tanto en la parrilla de afuera, del quincho, como en la de adentro. Ahora en invierno tengo un horno especial que coloco en el hogar del living, que es enorme. Hago de todo en la parrilla. Es como las viejas cocinas de campo, sencilla de usar y superecológica. Por semana, 4 o 5 veces cocino allí, desde sándwiches de lomo hasta provoletas, pollo, pescado... El pescado sale riquísimo, se coloca con las escamas o el cuero para abajo, y arriba papel de diario. Sale increíble.
P.: ¿No pensó en instalar un restorán?
V.V.: Mil veces. Sueño con poner una casa de waffles, me encanta hacer waffles. Hace poco fui con mis hijos a ver la película «Ratatouille» y entendí por qué me gusta la cocina... Porque es una tarea creativa, porque se transmite muchísimo cocinando... Uno de los protagonistas recuerda una comida de su infancia, muy simple. Lo más difícil es hacer ricas las comidas sencillas, la comida de todos los días. El buen cocinero no es aquel que hace cosas superelaboradas con alimentos caros. En las preparaciones de todos los días es donde aparece el verdadero cocinero. Lo bueno es hacer cosas ricas con los ingredientes simples. Hay una sabrosísima comida alemana que se hace en base a papa, cebolla y aceite. Es verdaderamente difícil que salga perfecta porque debe tener la cocción justa. Igual que el sushi. Me encanta, pero no soy buena preparándolo. Creo que el tema del sushi es tener un buen pescado y, donde yo vivo, no siempre se consigue.
P.: ¿Cuando viaja, le gusta probar la comida local?
V.V.: Sí, me encanta. Por ejemplo, en Perú la cocina es fantástica, con mucha mezcla de culturas. Creo que, a través de la cocina y las formas de cocinar, es posible tener un panorama sobre la vida de una comunidad, su economía, su cultura. Las especias que utilizan son un capítulo aparte. Creo que todo en Perú tiene que ver con la montaña, hasta la gente tiene en su rostro dibujada la cordillera... y ese paisaje debe transmitirse en la comida.
P.: ¿Se cuida mucho? ¿Hace dieta? ¿Gimnasia?
V.V.: Como sano. Y, sí, hago gimnasia, soy constante y, además, me gusta hacerla. Desde hace siete años voy a un centro de estética buenísimo, en donde hago ejercicio físico, algunos tratamientos, masajes, de todo un poco...
Familia y mascotas
Aprendió a bailar flamenco, habla idiomas -inglés, portugués, francés-, y reconoce: «Me gusta mucho estar en casa, con mis hijos, disfrutando del aire libre y en contacto con la naturaleza. Nos encanta caminar, andar en bicicleta, jugar juntos... A partir del nacimiento de Nicolás (11), Arturo (9) y María (7) he ido adaptando mis actividades para hacer cosas en familia, y lo hago con mucho placer. Disfruto del día; en realidad nunca me gustó mucho salir de noche. Un buen programa para mí es reunirme con amigos en casa».
Dice que ama a los animales, especialmente a los perros y los caballos, y que a lo largo de su vida ha tenido un montón de mascotas: «Cuando era chica, con unos amiguitos juntamos plata para comprarle a un linyera su caballo, que estaba muy desmejorado. Aceptó. Entonces descubrimos que no teníamos dónde ponerlo. Ofrecí mi jardín. Lo tuvimos que pasar por el living de mi casa. Todavía recuerdo la cara de mi mamá cuando lo vio».

Entrevista de Silvia Montenegro

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