25 de septiembre 2008 - 00:00

Turistas enojados

Entre las cartas de lectores que recibimos habitualmente, encontramos el reclamo de un empresario norteamericano, molesto por una serie de acontecimientos sucedidos en su paso por la Argentina:
«Le compré a mi esposa una cadena de oro por 1.300 dólares, que pagué con mi tarjeta de crédito de los Estados Unidos. Cuando recibí el estado de cuenta, el cargo en dólares era de 1.336. Hablo con la compañía sobre la diferencia del recibo y me informan que Cartier Argentina ha cobrado un «fee» adicional por haber utilizado una tarjeta de crédito de otro país. Cartier nunca me notificó en el momento de la compra sobre este recargo. Compré productos de esa misma marca en otros países utilizando la misma tarjeta y nunca me hicieron un recargo similar. Admito que desde ese día nunca más he vuelto a comprar un producto Cartier.
Por otra parte, me regalaron un suéter de 900 pesos en Etiqueta Negra, muy lindo pero no me quedaba bien. Voy a la tienda a cambiarlo y desafortunadamente no tienen de mi talle. Procedo a cambiarlo por una chaqueta para mi hijo. Al llegar a casa, a mi hijo no le gusta la chaqueta. Regreso tres días después a la tienda donde había adquirido la chaqueta y me informan que no me la pueden aceptar porque el día anterior había cambiado la temporada y para poder hacer cambio tenía que llevar la chaqueta a la tienda de Las Cañitas. La propuesta me pareció absurda. ¿Cómo van a hacer ir al cliente a una tienda diferente de donde compra el producto, perdiendo éste su tiempo para cambiar un artículo que ellos venden? Intervino el gerente de turno de la tienda, quien me dijo: 'Estas son las regulaciones de la empresa'. Yo le respondí que no podían penalizar al cliente por ineficiencias internas. Después de una larga discusión aceptó «como favor» recibirme la chaqueta para cambiarla por una camisa para mi esposa.
Por último, compro (también para mi esposa) una billetera de 450 dólares en el Duty Free de Ezeiza. A mi mujer no le agrada el color, por lo que al día siguiente va a la tienda de Salvatore Ferragamo en el hotel Palacio Duhau a cambiarla. Al llegar a la tienda no tienen del mismo modelo, por lo cual escoge otra un poco más cara sabiendo que tenía que pagar la diferencia. Al llegar a la caja no le aceptan la cartera original «porque no la compró en esa tienda». Yo me pregunto: ¿Salvatore Ferragamo no es Salvatore Ferragamo en todo el mundo?
He viajado mucho y vivido en los Estados Unidos. La filosofía en ese país adelantado es hacerle la vida fácil al cliente, para que regrese a comprar más en el futuro. En la Argentina, sin embargo, pareciera que la filosofía es: una vez vendido el producto hay que complicarle la vida al cliente lo más que se pueda.»

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