El cantante Hugo Marcel cuenta como el tango lo lleva a recorrer el mundo
El mío debe ser un caso único. Nunca en mi vida me fui de vacaciones», lanza el cantante Hugo Marcel sonriendo, como quien explica algo agradable. «Para mí no es un problema. Será porque, desde hace 50 años, disfruto todos los días con mi trabajo y he tenido la posibilidad de visitar muchas ciudades del mundo. Casi siempre después de los espectáculos me quedo un par de días más conociendo los lugares de interés y la cultura de los pueblos. Con la orquesta de Osvaldo Piro viajamos a Italia, Francia, Alemania, Bélgica, Suecia. Con Maximiliano Guerra trabajamos en La Sorbona, en París. Con la 'Tana' Rinaldi y María Graña estuvimos en varias ciudades europeas. También actué en Japón y en muchos países de América. Y conozco bastante bien a nuestra Argentina. En estos días estoy viajando a Jujuy, Formosa y Mar del Plata.» Un rato después, estará subiendo al escenario de Che Tango, donde casi todos los días desde hace más de dos años le pone su inconfundible voz a un profesional show. Su perfume Kenzo vuela en el aire mientras mueve las manos para acompañar sus palabras. Reconoce: «En estas cinco décadas, viví muchas experiencias maravillosas. Canté con las orquestas de Leopoldo Federico, de Miguel Caló, de Osvaldo Fresedo, de Mariano Mores. Grabé con Osvaldo Piro, con la orquesta Juan de Dios Filiberto, con Atilio Stampone. Me subí a escenarios junto a grandísimas figuras, como Hugo Del Carril, Libertad Lamarque y Tita Merello. Canté junto a Charles Aznavour y Nino Bravo. Participé en festivales, gané algunos premios... Viví experiencias inolvidables... También estuve prohibido en 1976, porque era el secretario general de la Unión de Artistas de Variedades».
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Periodista: Y además participó en una experiencia histórica: integró la comitiva que viajó a buscar a Juan Domingo Perón en 1973. ¿Cómo recuerda ese viaje? Hugo Marcel: Para mí fue un viaje soñado, porque vengo de una familia peronista. Perón, Chaplin y Gardel siempre fueron mis ídolos. Viajé junto a Irma Roy, el ex piloto de Fórmula 1 José Froilán González y el futbolista Enrique Omar Sívori. Era la primera vez que iba a España. Allí nos recibió todo el protocolo del gobierno de Franco, que aún estaba en el poder. Fui muy ilusionado de ver a Perón y tuve la posibilidad de hablar bastante con él. Nos quedamos aproximadamente una semana y pudimos conocer algunos lugares históricos.
P.: Como viajero, ¿ha tenido alguna experiencia memorable? H.M.: Me impactó mucho Japón. Es una ciudad imperdible. Pero los viajes más recordados son los que despiertan sentimientos. En Europa sentí que estaba cumpliendo el viejo sueño de muchos de mi familia, que deseaban fervientemente visitar Italia o España. Ellos no pudieron ver el Coliseo romano ni tantas otras maravillas que yo tuve la suerte de conocer. Estando allí imaginaba lo que hubiesen sentido mis padres, eso transformaba cada recorrido en algo emocionante. Subí a la Torre Eiffel una noche con un viento impresionante, estaba a 300 metros de altura, mirando París. Conocer El Vaticano fue increíble.
P.: ¿Tuvo posibilidades de volver a España? H.M.: En la década del 90 participé de Expo Sevilla, con un grupo de artistas muy importante. Fuimos la Orquesta Sinfónica Nacional, María Rosa Gallo, Antonio Gasalla, Pepe Soriano y Maximiliano Guerra. La noche de la Argentina fue fantástica. Al finalizar el encuentro, recorrí España. El tramo más sentimental fue en Andalucía. Con mi mujer, Dolores, conocimos las barracas en donde trabajaban nuestros abuelos, que eran de esa zona. Ellos vinieron a la Argentina para mejorar su calidad de vida; caminar por esas calles fue sentir su sacrificio, su historia, una gran ternura. Fue el viaje del sentimiento, lloramos en la Alhambra, en la Catedral de Andalucía, en Jerez, en el pueblito y en la plaza donde habían jugado mis abuelos.
P.: Recibió premios en Nueva York y en Chile. ¿Alguna anécdota? H.M.: Fui premiado en el Primer Festival Latino en Nueva York. Y en ese viaje conocí nada menos que a Charles Chaplin. Estábamos en el mismo hotel. En esos días estrenaba una película protagonizada por Sophia Loren, que era la gran estrella de Europa. Creo que era «La condesa de Hong Kong». En Chile, junto a Ginamaría Hidalgo participamos en el Festival OTI (Organización de Televisión Iberoamericana) de la Canción, y resulté uno de los ganadores. El presidente del jurado era Sandro, y también formaba parte un gran amigo, Antonio Prieto. Tenía confianza en que ambos iban a votar por mí..., pero había muy buenos intérpretes. En esa época fue un éxito mi tema «Hoy la he visto pasar a María», que me permitió protagonizar un film con el mismo nombre con Susana Giménez y Soledad Silveyra.
Hace poco el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires le confirió su máxima distinción, la de Ciudadano Ilustre de Buenos Aires por su aporte a la cultura popular. También recibió una distinción de la Fundación Konex por ser una de las cinco mejores voces del tango de la última década. Hace algunos años, se animó a ser candidato a diputado por Participación Vecinal - Lista 261 (Peronismo de la Ciudad), pero no tuvo suerte. Dice: «No era para mí. Me faltó piolín, como diría Eladia Blázquez». Porteño de ley, nació en Villa Luro, se crió en Flores, pero desde hace varios años vive en Pompeya. Extraña la tranquilidad de los barrios de antes y no se acostumbra a vivir en una ciudad que percibe como insegura. Sonríe cuando habla de su hijo Cristian y su pequeña nieta Rocío. Baja la voz, el show en Che Tango está por comenzar. Dice que si volviera a nacer, haría exactamente lo mismo. Rodeando los escenarios, decenas de turistas siguen el baile sugestivo de cinco parejas de tango, lideradas por Melina Brufman y Claudio González. En un costado, la orquesta de tango. En el otro, la de folclore andino. Durante un buen rato, los sonidos, los efectos visuales, la voz sensual de Liliana Cassini y el charango notable de Rodolfo Ruiz irán conformando el show de la casa. Entonces llega su turno. Se lo ve como pez en el agua. Estampa y voz de tango.
Dejá tu comentario