S abida es la influencia que tiene en la economía norteamericana cualquier expresión que provenga de Alan Greenspan. El custodio del dólar estadounidense es uno de los pocos hombres en el mundo cuyos pronósticos tienen efectos por sí mismos, sean o no acertados. Recientemente, Greenspan creyó que debía aportar su peso específico para contribuir a calmar la histeria que ya hace varias semanas ganó a los mercados en relación con el precio del petróleo. El problema es que Greenspan parece haber conseguido un efecto contrario, tan poco feliz fue la argumentación esgrimida. Por empezar, admitió que la incertidumbre en los precios continuará -algo obvio-pero dudó de que los altos precios tengan un efecto similar al que tuvo la crisis de 1973, cuando el embargo de la OPEP conmocionó la base económica de los países más industrializados. Por supuesto que si creyera lo contrario, no lo habría dicho, porque entonces se hubiera desatado una verdadera debacle.
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Pero tampoco ayudó mucho. Greenspan se metió en un terreno que, evidentemente, no domina en su deseo de polemizar con la cada vez más gruesa columna de analistas que están advirtiendo que detrás de la actual crisis hay un problema de reservas, además de la conjunción de varios factores perjudiciales que se dieron en los últimos meses, como el huracán Iván en el Golfo de México, la guerra en Irak (que Bush no puede terminar de ganar), el conflicto sindical en Nigeria (donde la población doméstica se queja por el alto precio interno de los combustibles) y los problemas que tiene la empresa rusa Yukon, en conflicto con el gobierno de Putin.
El rector de la política monetaria de EE.UU. sostuvo que no contempla que se termine el suministro de petróleo en el mercado por el agotamiento de los yacimientos, como han alertado algunos especialistas. Pero no sonó muy convincente cuando dijo que “s probable que la tecnología garantice la oferta necesaria, por lo menos por un largo tiempo” Fue entonces cuando explicó que “os nuevos equipos de extracción permiten perforar a mayor profundidad y succionar un mayor porcentaje del crudo que existe en las reservas” La ausencia de poder de convicción del pronóstico de Greenspan radica en que se puede forzar un poco la producción de los pozos, pero no se puede ir contra las leyes físicas, que dictan que los pozos se agotan más rápidamente (depletan, en términos técnicos) si se pretende acelerar su producción más allá de ciertos límites. Al exponer sobre el porqué de la suba de los precios, Greenspan sí entró en terreno más conocido. Recordó que una parte del alza se debe a la “ncertidumbre”política, especialmente en Medio Oriente, cargando las tintas, indirectamente, sobre la guerra en Irak, en la que se enfrascó el presidente George W. Bush. Esta incertidumbre motiva a los compradores a mantener un stock de crudo más grande, creándose así una puja compradora. Además, existen las compras especulativas admitió Greenspan, sin revelar nada nuevo con esto-; a lo que se ha unido el aumento de la demanda en China y en India.
“plainEl incremento de las preocupaciones geopolíticas sobre la falta de seguridad de las reservas y la falta de inversiones para explotarlas parecen ser las fuentes clave de la presión al alza de los envíos futuros ”plain, explicó. Con la definición de “plainfalta de seguridad de las reservas ”plain, Greenspan se refería, al parecer, al sonado “aso Shell” que admitió este año que sus reservas no eran tan generosas como se pensaba. La situación de esta compañía induce a pensar en que algo similar puede estar pasando con otras grandes empresas. Pero al mencionar la “alta de inversiones para explotarlas”(a las reservas) Greenspan vuelve a cometer un error de concepto, porque inversiones en explotación no han faltado; lo que ha disminuido (y significativamente) son las inversiones en exploración, es decir, para buscar más reservas.
DEL OPTIMISMO A LA PREOCUPACION En junio pasado, el director gerente del FMI, Rodrigo de Rato, había dicho que los altos precios del petróleo no afectarían a la economía mundial, a la que calificó en ese momento como “uy fuerte” De Rato explicó entonces que gran parte de la escalada de los precios estaba ligada al incremento de la demanda y, por ende, era un indicativo de que las economías estaban en crecimiento. Ergo, podían pagar esos precios. Reconoció que las incertidumbres provenían, particularmente, de la situación geopolítica en el Medio Oriente, aunque pronosticó que el impacto “erá menos severo que hace algunos años” particularmente 1973, cuando se produjo la última gran crisis petrolera mundial.
Pero, para los primeros días de octubre, este panorama ya había cambiado. “l precio es un lastre para nuestra economía”dijo John Snow, secretario de Hacienda de Estados Unidos, a mediados de este mes. Fue la primera voz oficial que admitió la preocupación existente. Por entonces, el precio del barril ya había superado varias veces los 50 dólares el barril de crudo texano. Snow -que no pudo abstraerse del clima electoral en el que George W. Bush se juega su reelección-intentó suavizar sus dichos augurando que este precio tenderá a bajar en el “ediano plazo” Aún así, dijo que el precio del petróleo “rena una economía que, de otro modo, sería muy fuerte” Eso sí, sonó la búsqueda de un chivo expiatorio, porque antes de la escalada de los precios ya la economía norteamericana mostraba un repunte pausado y con altibajos, según advirtieron varios economistas, apoyados en las estadísticas macroeconómicas del país del Norte. Pero Snow insistió en desviar la atención sobre los problemas de la economía doméstica hacia el precio del crudo (es decir, indirectamente hacia la OPEP) y dijo que el petróleo es como un “mpuesto indirecto que reduce los ingresos de las personas” con lo que sugirió que ahí está la explicación del escaso efecto que tuvo hasta ahora el paquete de rebajas tributarias que implementó Bush para el período 2001-2012, por casi dos billones y medio de dólares.
Paralelamente, con la advertencia de Snow, el Fondo Monetario Internacional encendió la luz amarilla y redujo sus previsiones sobre el crecimiento de la economía global para el inminente 2005. En su informe semestral “erspectivas económicas mundiales” el FMI dijo que la economía mundial crecerá este año 5 por ciento, 0,3 más de lo previsto en el semestre anterior, aunque advierte del riesgo de los altos precios del petróleo para 2005, año en que prevé un crecimiento de 4,3 por ciento, 0,1 por ciento menos que en sus predicciones anteriores. Pero la desaceleración podría ser mayor aún, porque el organismo se basó en un precio de 37 dólares el barril. El jefe de economistas del FMI, Ranghuram Rajan, dijo que la recuperación este año “ue más robusta de lo esperado” aunque señaló que hay un creciente riesgo de que el precio termine neutralizando esta tendencia. Mencionó que una de las razones para que el precio siga alto es el fuerte incremento de las demandas de China y de India. El informe del Fondo explica que la subida de esta materia prima “a contribuido a debilitar la expansión de los últimos meses y seguirá haciéndolo aún durante algunos trimestres ”
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