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21 de octubre 2008 - 00:00

MOTOS EN AUTOCLASICA

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La conocida y extensa muestra, que siempre reserva un sector para las motos de época, ofreció su octava edición en diez años (las circunstancias del 2001-2002 golpearon fuerte) en el Hipódromo de San Isidro.
La ocasión, siempre en los alrededores del inicio de la primavera, es una de las pocas ocasiones en que restauradores, coleccionistas, repuesteros o simples entusiastas de los viejos buenos fierros pueden reunirse para lucir sus nuevos trabajos, intercambiar información, actualizar las agendas de contactos, rastrear la pieza inhallable u ofrecer partes replicadas aquí, que a esta altura van desde una maneta de avance de ignición hasta una monocilíndrica completa de competición de la "década de oro", pasando por decorativos y excitantes sucedáneos de algunas máquinas americanas de un siglo atrás.
Ciertamente, la restauración de máquinas originales es la especialidad más cotizada por el valor intrínseco y cultural de piezas históricas que han podido atravesar -tantas veces malamente deflecadas- muchas décadas de indiferencia y abandono; pero también porque el nivel de conocimientos específicos sobre cada marca que requiere ese tipo de trabajo es tan alto que son contados quienes tienen la autoridad necesaria para encararlo a fondo. Por desgracia, la base operativa de las restauraciones está circunscribiéndose cada vez más: encontrar una máquina importante razonablemente completa es hoy casi una utopía, e incluso la "segunda línea" (los ejemplares de media y baja cilindrada que las armadurías e industrias locales produjeros en las décadas del 50, 60 y 70) suele ofrecer ya severas dificultades de implementación.
En fin: como con el petróleo, las reservas existentes se están agotando y las nuevas exploraciones son cada vez más caras, complicadas y de resultados progresivamente inciertos. Lo que comenzó siendo un "hobby caro" ahora requiere de una creciente profesionalización, inversión y análisis de razonabilidad.
Por otro lado -veamos el vaso medio lleno- el grado de dificultad aumenta el mérito, jerarquiza lo que en la jerga se denomina "los proyectos" y mueve a emprendimientos que aportan cierto auxilio; así, una exposición como Autoclásica tiene el doble mérito de actuar de vidriera y de monitorear los avatares de este cuasi arte, actualizando en cierta forma aquel dicho italiano (no podría tener otro origen) de "donne e motori: gioie e dolori".
Nota gentileza: Juan F. von Martin.

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