Valles rodeados de ríos, una ciudad histórica y colonial, la ruta del vino y el encanto de la Puna, son algunos de los atractivos que regala la provincia.
El viaje por territorio salteño puede comenzar por la capital provincial. Un recorrido por el casco histórico incluye visitas a templos, edificios históricos, casonas y museos. En la ciudad se percibe un balance entre el espacio construido y el espacio libre, por ello abundan patios y plazas.
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Por la noche, la opción puede ser un paseo por la peatonal, los bares de la plaza principal o por algunas de las peñas que funcionan sobre todo los fines de semana. Otro de los puntos fuertes de Salta capital es el Complejo Teleférico que brinda un pintoresco ascenso al cerro San Bernardo. La subida también puede hacerse en vehículos o por senderos enclavados en el boque que baña el cerro.
Valles Calchaquíes
Sin duda uno de los recorridos más atractivos y reconocidos a nivel nacional e internacional tanto por sus diferentes paisajes, como por la arquitectura y la cultura de sus pueblos es el de los Valles Calchaquíes.
Detrás de las sorprendentes formaciones rocosas de sus quebradas y cerros multicolores, se levantan pueblos cuyas casas de adobe y paja transportan al viajero a tiempos remotos. Este circuito puede iniciarse por la Ruta Nacional 68 con destino a Cafayate o la Ruta Provincial 33 rumbo a Cachi.
Este circuito además ofrece la ruta del vino. En Salta, el cultivo de la vid fue introducido por los Jesuitas en el siglo XVIII en la región de los Valles Calchaquíes, principalmente en Cafayate. Allí madura la cepa del torrontés, vino blanco que se distingue por su intenso aroma y sabor frutados. El pueblo de Cafayate aún conserva las características de su arquitectura colonial, se puede recorrer sus calles y admirar su iglesia, su plaza arbolada y florida y los museos llenos de siglos de historia. La visita no puede obviar a las bodegas desparramadas por la zona.
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