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18 de mayo 2026 - 00:00

El impacto es el elefante en la sala de las finanzas

Mientras las finanzas siguen enfocadas en rentabilidad y riesgo, hay una pregunta que gana cada vez más peso: qué impacto generan nuestras decisiones económicas.

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Cada inversión, crédito o decisión financiera moldea realidades sociales y ambientales concretas. 

Sumatoria

Hay algo incómodo pasando en el mundo de las finanzas.

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No es nuevo. Todos lo ven. Pero todavía cuesta ponerlo en el centro de la conversación.

El impacto.

Mientras el sistema financiero sigue concentrado en tasas, inflación, riesgo o rentabilidad, hay una pregunta bastante más profunda que aparece poco y nada: ¿qué tipo de realidad financian nuestras decisiones económicas?

Porque el dinero nunca es abstracto. Cada inversión ayuda a construir un modelo de sociedad. Cada crédito impulsa ciertas actividades y deja otras afuera. Cada decisión financiera tiene efectos concretos sobre personas, territorios, comunidades y ecosistemas.

Y aun así, el impacto social y ambiental muchas veces sigue apareciendo como algo periférico. Un dato para el reporte de sustentabilidad. Un apartado para comunicación. Un tema “importante”, pero separado del corazón del negocio.

Ahí está el elefante.

Gigante. Evidente. En el medio de la sala.

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En la última edición de Bioferia, desde Sumatoria decidimos volverlo literal: un elefante tamaño real, pintado de turquesa, ocupando el espacio e invitando a las personas a hacerse una pregunta sencilla: ¿sabemos realmente qué generan nuestras decisiones financieras?

La reacción fue interesante. Mucha gente se sacaba fotos. Otros frenaban a leer. Algunos se reían. Pero casi todos entendían el mensaje enseguida.

Porque el elefante ya está ahí.

Está en la discusión sobre cambio climático. En la desigualdad creciente. En los modelos productivos que agotan recursos. En la dificultad de millones de personas para acceder a oportunidades. Y también está en la enorme capacidad que tienen las finanzas para acelerar soluciones o profundizar problemas.

Lo paradójico es que hoy existen más herramientas, métricas y evidencia que nunca para integrar el impacto en las decisiones de inversión. Las finanzas sostenibles, la inversión de impacto y los criterios ESG crecieron muchísimo en los últimos años. El tema dejó de ser marginal hace tiempo.

Sin embargo, muchas veces sigue tratado como una conversación paralela. Algo que acompaña a las finanzas, pero que todavía no termina de atravesarlas.

Y quizás ahí aparece el verdadero desafío.

Porque incorporar el impacto de manera real implica revisar algunas ideas muy arraigadas sobre qué entendemos por valor, por riesgo y por retorno. Implica aceptar que las consecuencias sociales y ambientales también forman parte de la ecuación económica.

Durante décadas, el sistema financiero fue extraordinariamente eficiente para asignar capital según rentabilidad y riesgo financiero. El problema es que buena parte de los costos sociales y ambientales quedaban afuera de la cuenta. Como si eventualmente alguien más fuera a hacerse cargo.

Pero cada vez resulta más evidente que esos impactos vuelven. Vuelven como crisis climáticas, como fragilidad social, como pérdida de productividad, como inestabilidad económica.

Por eso el impacto dejó de ser solamente una cuestión ética. Empieza a ser, también, una discusión estratégica.

No para convertir a las finanzas en filantropía, sino para entender algo bastante básico: no hay economía sana en sociedades deterioradas ni en ecosistemas degradados.

El elefante ya está en la sala.

Y cada vez ocupa más espacio.

Director de Sumatoria

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