6 de febrero 2026 - 13:16

Inflación a la baja, temores por "sobrecumplimiento" y un contexto favorable, ¿es momento de reducir la meta?

Economistas coinciden en que la coyuntura habilita a llevar el objetivo al 3% estándar para las economías emergentes, pese a las dificultades internas.

La inflación a la baja, los temores por sobrecumplimiento y un contexto global favorable le abren la puerta a una reducción de la meta del IPC en Uruguay.

La inflación a la baja, los temores por "sobrecumplimiento" y un contexto global favorable le abren la puerta a una reducción de la meta del IPC en Uruguay.

La meta de inflación ha estado en boca de muchos en las últimas semanas, asociada a lo que parece ser una nueva idea: el riesgo de “sobrecumplimiento”; ¿se abre una oportunidad para reducir el actual objetivo por debajo del 4,5%?

El 2026 sigue la tendencia que predominó durante el segundo semestre del año pasado: una inflación a la baja, y un Índice de Precios del Consumo (IPC) que cerró en enero en su nivel interanual más bajo en lo que va del siglo (3,46%), luego de que ya en diciembre se rompiera ese récord. Así, la cifra está más cerca del piso del rango de tolerancia (3%-6%) que de la meta fijada en 4,5%.

Este escenario, sumado a la particular y creciente preocupación en el Banco Central del Uruguay (BCU) respecto de un “sobrecumplimiento” de los objetivos inflacionarios —con el riesgo concreto de que el IPC caiga, incluso, por debajo del 3%—, abren una nueva oportunidad para la posibilidad de reducir la meta.

Una posibilidad para el BCU, ¿a corto plazo?

El BCU viene rechazando la posibilidad de reducir la meta de inflación y, de hecho, parece haberla fijado por algunos años más en 4,5% luego de que las proyecciones del Presupuesto —apenas vigente desde este año— incluyeran este valor como el supuesto de la variación en los precios para el quinquenio.

Pero la coyuntura actual, fuertemente determinada por los movimientos internacionales, ya alejó el curso inflacionario de dichas estimaciones; y llevó a que el presidente del banco, Guillermo Tolosa, planteara modificar la meta como un “objetivo futuro” de su gestión. "Pero hay que esperar a que la transición de todos los segmentos de la economía a este nivel del 4,5% termine", advirtió, señalando que hay sectores que todavía se mantienen en niveles de hasta el 9%.

“Es claro que los no transables, al no estar expuestos a la competencia externa, han exhibido una inercia inflacionaria importante”, sostuvo el economista y exgerente de Política Monetaria y Programación Macroeconómica del BCU, José Licandro, en diálogo con Ámbito; y en relación a al índice en cuestión, que se encuentra más cerca del 6% que del 4,5%.

No transable
La inflación no transable cerró el 2025 en 5,7%, cerca del techo del rango de tolerancia.

La inflación no transable cerró el 2025 en 5,7%, cerca del techo del rango de tolerancia.

Sin embargo, la mayor credibilidad ganada por la autoridad monetaria “puede ser capitalizada para apurar una reducción de la meta sin tener que esperar necesariamente a que todo esté alineado a 4,5%”; algo de por sí difícil, ya que “siempre hay cambios en precios relativos que hacen que unos suban más que otros”.

“El país está en condiciones de apuntar a un escalón más bajo como meta para 2027, al menos. Lo más relevante para el sector no transable en particular es que se haga un planteo de reducción progresiva y con suficiente preanuncio para que sea creíble y asimilable por estos sectores”, aseguró.

Para el también economista Ignacio Umpiérrez, la reducción de la meta, por más recomendable y deseada que sea, parece “difícil” que ocurra “en la medida que se ha caracterizado a una inflación de alrededor de 3,5% como un ‘problema’ o una ‘señal de preocupación’”. “Al menos es contraproducente con querer ser más ambicioso a futuro, porque el día que se fije una meta más baja, alguien podría argumentar que sería un problema autogenerado”, señaló.

Una ventana de oportunidad perfecta

Más allá de que no parece ser lo más probable en el corto plazo, los especialistas coinciden en que no solo es “deseable” y “provechoso” para el país la reducción de la meta del IPC hacia los niveles que hoy son estándar en las economías emergentes —en torno al 3% anual—, sino que la coyuntura proporciona una gran oportunidad para comenzar a transitar este camino.

“Buena parte de los procesos desinflacionarios ocurren con condiciones externas que lo apuntalan y favorecen. En este sentido, así como había fundamentos externos en 2022-23 para bajar un escalón la inflación hacia el 4,5%-6% dado la desinflación global que por entonces el mundo experimentó, también existen oportunidades actualmente”, consideró Umpiérrez.

Para el economista, “la propia desaceleración de la actividad, los menores márgenes de comercialización, la apreciación del peso, los débiles precios externos y la mayor credibilidad de la PM ganada en los últimos tres años” son fundamentos para que el IPC "se ubique en los próximos 12 a 18 meses entre 3,5% y 4,5%”. “Por tanto, existe y es muy clara la ventana de oportunidad para bajar la meta hacia 3%, algo que otros países de la región ya lo han encarado hace muchos años.

Un antecedente regional: el “shock desinflacionario” —que, nota aparte, también experimentan otros países de la región sin que impliquen “tensiones con otras políticas macro”— fue incluso utilizado por Chile y Perú hace 30 años como telón de fondo para reducir la meta al entorno del 2-3%, como señaló el economista Aldo Lema. Uruguay tiene la mesa servida.

Embed - https://publish.x.com/oembed?url=https://x.com/AldoLema_uy/status/2019359092872196518&partner=&hide_thread=false

Existen “caminos intermedios”, y Umpiérrez apuntó a Brasil como ejemplo, cuando entre 2017 y 2024 transitó “una trayectoria descendente de metas, preanunciada y creíble, reduciendo paulatinamente la amplitud del rango de tolerancia”.

“Hoy eso podría realizarse porque las expectativas han respondido y están ancladas, pero necesariamente implica que el BCU apuntale su objetivo de inflación, sin migrar hacia otros que no están bajo su área de control. Si algo hemos aprendido es la importancia que tiene tener una política monetaria flexible para responder a los shocks externos”, consideró.

Dificultades y “sacrificios”, pero no imposibilidades

Claro que ningún camino es sencillo e, incluso con el viento de cola, la reducción de la meta se enfrentaría a algunas dificultades: la proyección de todas las partidas de gasto e ingresos en el Presupuesto con una inflación del 4,5% es una de ellas, pero para Licandro “no es un inconveniente real, ya que no solo es fácil de explicar —políticamente hablando no sería un recorte de gastos en términos reales—, sino fácil de instrumentar, dado que las partidas aprobadas de gasto son ‘topes’ de gasto, no ‘órdenes’ de gastar”.

Las pautas salariales son otro obstáculo, en tanto también utilizaron como base la actual meta del 4,5%. De todos modos, “si bajar la meta es creíble y factible, no debería haber dificultades para renegociar ese aspecto en los convenios, ya que no alteraría los valores reales de salarios proyectados”, apuntó el exgerente del BCU. En contrapartida, un aumento salarial por encima del inflación —lo que está sucediendo ahora— tendría “consecuencias negativas en el corto plazo para el empleo, la inversión y el propio crecimiento, ya que la rentabilidad empresarial queda dañada”.

La “política tarifaria de los monopolios estatales energéticos” —factores clave en la ecuación de costos y en la rentabilidad—, por encima de las referencias internacionales, también dificultan un cambio en el objetivo inflacionario del Banco Central.

Combustible vs petróleo
El precio de los combustibles en Uruguay ha evolucionado por encima del comportamiento del petróleo a nivel global.

El precio de los combustibles en Uruguay ha evolucionado por encima del comportamiento del petróleo a nivel global.

Y un lugar no menor ocupa la discusión en torno a los costos de la desinflación o el “ratio de sacrificio”, que se da mayormente en términos de actividad y empleo. “Pero la evidencia ha mostrado que los mismos han sido acotados”, argumentó Umpiérrez: en el proceso desinflacionario previo que llevó el IPC del 8% promedio al 4,5% de 2025, la actividad surgió creciendo de forma similar y se ancló el desempleo por debajo del 8%.

“En todo caso, mayor costo generó el hecho de tener una inflación alta durante tanto tiempo”, insistió, agregando que “no es deseable que sea la política monetaria la que subordine sus acciones al cumplimiento de otros objetivos de la política económica”: “La mejor contribución de la política monetaria es tener una inflación baja”.

Además, hay otra cuestión importante a tener en cuenta: el IPC ya bajó. “Si el gobierno no tiene los reflejos necesarios para ajustar las variables nominales —salarios, partidas de gasto, tarifas—, los costos reales en materia de actividad, empleo y sostenibilidad fiscal van a ocurrir de todos modos”, advirtió Licandro, en una línea argumentativa similar. Si bien el haber ingresado en una fase expansiva de las tasas de interés es una ayuda, no resulta suficiente para revertir en el corto plazo los shocks globales que están detrás de este proceso desinflacionario: “Aprovechar el envión para reducir la meta debe ser visto como una oportunidad y no como un problema en este entorno. Remar contra la corriente no luce como algo muy efectivo”, concluyó.

Dejá tu comentario

Te puede interesar