11 de marzo 2020 - 00:00

Cómo empoderar a más de 400 mujeres adultas mayores

Valeria Pasmanter fundó Spare Rooms Buenos Aires, una plataforma que brinda alquiler de habitaciones a más de 2 mil estudiantes del país y del mundo.

Valeria Pasmanter.

Valeria Pasmanter.

Estudiantes del interior del país y de todo el globo eligen Buenos Aires para estudiar. Todos ellos se enfrentan al mismo obstáculo: cómo encontrar un alojamiento accesible y de confianza. Valeria Pasmanter vio este problema y fundó Spare Rooms Buenos Aires, una plataforma de alquiler de habitaciones que brindó la transparencia que faltaba. Pero mientras Pasmanter arrancaba su empresa, se encontró con otro dato: 8 de cada 10 de sus anfitriones eran mujeres mayores de 50 años. En un mercado laboral cada vez más esquivo, ellas cuentan su experiencia y por qué decidieron abrir sus casas a jóvenes de todo el mundo.

“Estoy harta de buscar habitaciones y que me estafen”. Esta frase no paraba de resonar en la cabeza de Pasmanter. Ella alquilaba su habitación y su nueva inquilina, una estudiante francesa, había llegado agobiada luego de una serie de engaños y precios desorbitados. Pero ella no era la única. Luego de hablar con amigos y conocidos, decidió actuar. Comenzó con 10 habitaciones. Se ocupó de verificar cada una de ellas y hasta acordó precios con los anfitriones, algo inédito 9 años atrás. Hoy ya es una empresa con más de 450 habitaciones en alquiler.

Hoy son muchos las mujeres argentinas que encuentran en Spare Rooms Buenos Aires una oportunidad para generar un ingreso adicional. “En un mercado laboral cada vez más esquivo para los adultos mayores, sobre todo para las mujeres, Spare Rooms Buenos Aires se convirtió en un camino posible para lograr ese dinero que necesitaban”, cuenta Pasmanter.

ALGO QUE CONTAR

Elena es arquitecta y alquila las habitaciones de su casa hace más de 10 años. Ella recuerda con especial cariño a una de sus huéspedes, una bailarina japonesa: “Nunca me daba la espalda y yo no entendía por qué, hasta que me dijeron que como le había abierto las puertas de mi casa, yo me había convertido en una de las personas más importantes para ella”, explica.

Cecilia es profesora de iniciación musical, estudia Historia del Arte y Cultura y además, es correctora. “Mis hijos me decían de tener una huésped en casa. Por más que mi marido fue brillante, su pensión no alcanzaba. Entonces, empecé a googlear para ver qué opciones había. Me llevó un tiempo. Estuvo casi dos años pensando si hacerlo o no. Y de repente, me decidí. Me gustó el hecho de que puedo alquilar la habitación y ser totalmente independiente”, aclara. “Sentirme invadida era uno de mis miedos, pero no sucedió para nada. Mis huéspedes estudian, salen, van a la facultad o hacen cursos de posgrado y en general, mantienen bien el orden”, concluye.

“Empecé para no sentir el nido vacío”, cuenta Silvia, dueña de un negocio gastronómico. Es como tener hijas e hijos adoptivos y en general, he tenido muy buenas experiencias. Ahora vivo con mi novio y sigo alojando. Esa fue mi condición antes de mudarnos”, aclara. “Son todos estudiantes, personas interesadas en su carrera en la universidad o sus posgrados. Y no estás atada porque se manejan de forma independiente”, destaca.

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