El director ejecutivo del Pacto Global en la Argentina, Flavio Fuertes; y el cofundador y CFO de Nideport, Tomas Gutiérrez, formaron parte del panel de cierre de Ámbito Debate sobre Liderazgo Sostenible, que estuvo moderado por la periodista especializada en negocios de Ámbito, Andrea Glikman,
Entre la tendencia a largo plazo para las empresas y el potencial de los créditos de carbono
Flavio Fuertes, del Pacto Global en la Argentina; y Tomas Gutiérrez, de Nideport, encabezaron del panel de cierre de Ámbito Debate sobre Liderazgo Sostenible.
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Flavio Fuertes, del Pacto Global en la Argentina; y Tomas Gutiérrez, de Nideport, encabezaron del panel de cierre de Ámbito Debate sobre Liderazgo Sostenible.
En el evento realizado las oficinas de Dow Argentina, sede Catalinas, Fuertes rompió el hielo al explicar que Pacto Global “es una iniciativa que impulsa las Naciones Unidas que arrancó en el 2000 por impulso de un secretario general (Kofi Annan) que entendió la importancia de que las empresas se empezaran a involucrar en la agenda del desarrollo”.
“En ese momento no hablábamos de sostenibilidad ni objetivos de desarrollo sostenible, pero hubo un reconocimiento de la importancia de la empresa como actor que tiene impactos en lo social, ambiental y económico en personas y organizaciones con las que interactúa”, recordó y agregó: “Se les propuso que adoptaran de manera voluntaria un decálogo de principios que incluyen el respeto a los derechos humanos, estándares laborales, cuidar del ambiente y hacer los negocios de una manera íntegra”.
Sobre la organización, destacó que “tiene 26.00 empresas comprometidas, de las cuales 1.000 pasaron por nuestro país” y anticipó: “Estamos tratando de construir este movimiento para que la conducta empresarial responsable sea la manera en la que se hacen negocios en la Argentina”.
El mercado de carbono
Al destacar el camino de Nideport, Gutiérrez señaló: “Empezamos hace cinco años, con una compañía que restaura ecosistemas naturales. Hoy nos enfocamos principalmente en ecosistemas tropicales, selvas, y tomamos posesión de tierras que están muy degradadas y las empezamos a recuperar con plantaciones de árboles, enriquecimiento, etc. El modelo de negocios cierra a través de la venta de créditos de carbono”.
Al profundizar el alcance del mercado de carbono, indicó que “se inventó para que las acciones sustentables sean un negocio y la sustentabilidad escale” y explicó: “Las compañías y las personas miden su impacto en toneladas de dióxido de carbono. Para que esa compañía pueda compensar su impacto, pueden comprar créditos”.
“Nosotros somos carbono positivos, porque nuestra selva remueve carbono de la atmósfera y las compañías son carbono negativo. Entonces, cuando les vendemos nuestros créditos, que nos certifica una compañía, los dos nos balanceamos y quedamos carbono neutrales de cierta forma”, completó sobre un mercado del cual dijo que “viene evolucionando mucho y cada vez se escucha más, pero tiene mucho por crecer”.
Qué empresas se vuelcan a la sostenibilidad
Al ser consultado por qué tipo de empresas se suman al Pacto Global, Fuertes aclaró que “no hay un perfil” y añadió: “Tenemos empresas muy grandes que representan un porcentaje importante del PBI de la Argentina cuando las aglutinás. Otras más medianas, nacionales, que tienen influencia importante en su territorio, porque emplean 400/500 personas. Y también tenés pymes”.
“Sí hay un grado de exposición a la agenda de sostenibilidad en organizaciones que tienen un vínculo muy cercano a cadenas de valor globales, como pasa con las que comercializan con la Unión Europea o son parte de la cadena de valor. Otras se exponen por eficiencia de recursos, para hacerlo de un modo eficiente”, abundó.
En cuanto a las compañías, indicó que algunas “entran por una cuestión de reputación, porque un grupo de interés les dice que no es la manera deseable de comportarse”, citando el caso de “problemas reputacionales con una marca de zapatillas en 1996, que derivó en una transformación del modelo de negocios”.
Para todos los casos, desde el Pacto Global “se busca acompañarlas porque lleva tiempo y requiere liderazgo de las personas que toman decisiones al interior de la organización”, definió Fuertes, quien consideró que la iniciativa “no es un puerto de llegada, sino de salida”, por lo que “lo primero que necesitamos es el compromiso de que vas a revisar tus políticas y procesos, no importa que estés totalmente preparado”.
Cómo funcionan los créditos de carbono
Gutiérrez destacó que Nideport cuenta por el momento con un único proyecto de 25.000 hectáreas en Misiones. “Tomamos posesión de esta tierra que estuvo 100 años bajo explotación forestal y está 90% degradada. Es una selva llena de agujeros, con entre el 30 y el 50% son especies invasivas como cañas, pero en cinco años frenamos la extracción y en las mediciones ya se ve una recuperación muy fuerte”, resaltó.
Sobre el perfil de compañías con las que negocia, apuntó: “Para nosotros es fundamental que las empresas quieran hacer una transformación o tengan el triple impacto como el core de su negocio. No buscamos vender nuestros créditos a alguien que no le importe y que los use para lavarse las manos y seguir impactando cada vez más”.
Por un lado, destacó que “entre el 10 y el 20% son empresas de Argentina, pero el resto son globales tecnológicas o grandes fondos de inversión que le venden a compañías que cumplen con el estándar de triple impacto”.
El referente de Nideport indicó que los créditos del proyecto valen 30 dólares y comparó: “Otros de baja integridad pueden valer dos dólares, tiene que ver con el impacto. Nosotros restauramos ecosistemas que están altamente degradados, impactando en biodiversidad, agua, aire, suelo y comunidades nativas”.
“Como es mucho más que solo remover carbono, aumenta la integridad, la calidad y el precio. Hay proyectos que solo reemplazan energía fósil por renovable y mitiga la generación de dióxido de carbono, pero no impacta en las otras variables y hace que el precios sea menor. Entonces, quien compre nuestros créditos, tiene que tomar la decisión de pagar más por un impacto real”, afirmó.
Una tendencia a largo plazo y la mira en las regulaciones
Ante una situación cambiante a nivel internacional, Fuertes no dudó en señalar que “el fenómeno coyuntural no va a frenar el compromiso a largo plazo con la sostenibilidad” y analizó: “Si sos una empresa que obtenés un crédito verde para iniciar tu proceso de transformación tecnológica para abastecerte de energía más renovable, ahí no importa la coyuntura porque es un crédito destinado a ese objetivo. Si dejás ese compromiso de largo, vas a tener un problema de acceso al mercado de capitales que te va a ser más caro”.
“El espacio se empieza a reducir para que la sostenibilidad sea algo opcional y pasa a ser casi mandatorio si querés tener la licencia social para operar o la supervivencia en el mercado como un actor en ciertos espacios”.
Por su parte, Gutiérrez exigió un marco regulatorio para mejorar la rentabilidad del sector. “El mercado de carbono se divide en voluntario y el regulado. En Argentina tenemos acceso al primero, que es entre el 1 y 5% del mercado global”, sostuvo y comparó que “en Europa está clara la regulación”, mientras que en la región “ya tienen México, Brasil, Chile y Paraguay”.
“Podríamos vender nuestros créditos 5 veces más caros, con un impacto en rentabilidad enorme”, profundizó, destacando estimaciones de que el alance del mercado de carbono regulado “sería para Argentina superior a los 2.5000 millones de dólares por año, pudiendo llegar a 20.000 millones a largo plazo”. “Son volúmenes de Vaca Muerta, pero sería una vaca viva”, manifestó.
A modo de cierre, indicó que “algunas provincias empezaron a sacar leyes, pero el marco de una ley es lo que nos va a permitir competir”, poniendo como escenario la Ley de Glaciares: “Con una ley, quizás podemos ganar la licitación y en vez de explotar el glaciar, pasar a conservarlo, restaurarlo, generar créditos de carbono y que sea viable”.
El costo de la inacción y el liderazgo empresarial
Finalmente, Fuertes consideró que “el ecosistema tiene que darse cuenta de que el costo de la inacción está siendo demasiado alto para la economía argentina y sus oportunidades, ya sea por falta de regulación o de acción”, mientras sentenció: “Argentina no puede darse el lujo de llegar tarde”.
De este modo, llamó a “promover mucho más liderazgo empresarial y una calidad distinta”, para lo cual consideró necesario “trabajar más profundamente con las escuelas de negocios, que son los semilleros de los futuros líderes empresariales”.
A eso le sumó “tener pautas de política pública a largo plazo, porque los vaivenes impiden la construcción de consensos y poner como prioridad estas agendas que demandan tiempo para poder revertir”. “Nadie va a revertir la crisis climática en cuatro u ocho años. Necesitamos un plan de largo plazo donde la política acompañe y el sector empresarial asuma compromisos de reducción de emisiones de dióxido de carbono”, concluyó.





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