Agregó que la economía argentina no va a ser sustentable si no se producen inversiones, ya sea con capitales extranjeros o locales, en infraestructura, en generación eléctrica (primordial), en la producción de materias primas básicas para abastecer a las industrias que hoy están a pleno. «Pero en la construcción, que es movilizadora de la economía nacional, hay que distinguir entre obra pública e inversión privada. Y para que exista esta última debe viabilizarse el crédito tanto para entidades intermedias que puedan redireccionar los recursos, como para las empresas que quieran construir, y a la vez un crédito hipotecario que esté a la altura de las circunstancias, y que sea tomado por el mercado». Dijo Garbasky que «aunque las condiciones para el tomador de un crédito hipotecario son mejores que en la convertibilidad, en el inconsciente colectivo quedó marcada la «pesificación» y nuestra historia reciente; subyace una fuerte aversión al endeudamiento y la gente no asume el crédito en su real dimensión, que en definitiva es lo que potencia el crecimiento. A mayor cantidad de créditos, más posibilidades de construir y mejorar los precios; el mundo se mueve a través de ellos». Periodista: ¿Cómo ve la credibilidad en el sistema y las anomalías en seguridad jurídica? Jaime Garbarsky: Lo que hacen los años, no lo hace el discurso de un presidente o del ministro de economía, ni la política. Durante mucho tiempo predicamos cierta seguridad jurídica, pero dadas las políticas incorrectas de endeudamiento nacional, y crediticias sugeridas e impuestas por entes internacionales y de países que sabían que íbamos a terminar como terminamos, incumplimos nuestros compromisos, lesionando aquella seguridad jurídica que ahora reclamos. Rompimos nosotros con la seguridad jurídica, aunque tal vez obligados por las circunstancias. Pero aún cuando ello benefició al inversor local, éste se sintió afectado por el cambio de reglas de juego; el deudor hipotecario se benefició pero después de semejante catástrofe económica siente que no fue así. Ni hablemos de los inversores extranjeros perjudicados por la quita de la deuda. De cualquier manera, llega un momento en que el capital comienza a arbitrar, y es cuando los activos inmobiliarios y financieros, entran en el mercado. El tema pasa por contar con decisiones del Estado, superadoras de la política y de la coyuntura. Los países centrales cambian matices, las herramientas con las cuales se desarrollan, pero sus políticas de Estado permanecen. Nosotros no, y es una lástima, porque estas cosas generan inestabilidad e indecisión en quienes pueden invertir en América latina. P.: ¿Cuáles son sus expectativas para 2007? J.G.: La Argentina tiene todas las posibilidades de crecer, pero ello depende más que nada de decisiones políticas adecuadas; en lo económico espero que se den señales para que ingrese mayor inversión y nos transformemos en un fuerte competidor de Brasil. Que se logre madurez política en cuanto a esas señales, para que no sólo se hable de Chile como la Suiza de América, sino también del gran potencial de la Argentina. Las condiciones están dadas, pero depende exclusivamente de las decisiones políticas que se tomen. Para que exista una gran inversión privada debe viabilizarse el crédito.
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