Con una morfología típica de las urbes petroleras e industriales, la capital neuquina se distingue del resto de sus pares patagónicas -con la excepción de Comodoro Rivadavia- por la actividad incesante y la explosión demográfica que genera un déficit permanente de servicios y obras públicas. «Quien gobierna Neuquén, bien puede gobernar una provincia y si se atreve, un país», suele sostener no falto de modestia el intendente Horacio «Pechi» Quiroga, uno de los radicales K que abraza el sueño de llegar a la gobernación en 2007. Fundada el 11 de setiembre de 1904, Neuquén capital celebra hoy su 102º aniversario en medio de un proceso de transformación profundo y de fuertes contradicciones en hábitat. Con casi 300.000 habitantes entre el radio comunal y el suburbano, la ciudad es el centro de servicios por excelencia de la Patagonia norte y aún de las regiones chilenas fronterizas. Su hospital regional es el más importante de la zona y en él afluyen necesitados de atención no sólo los lugareños, también asisten comprovincianos de Río Negro, Chubut y La Pampa y aun de Chile. La universidad, pese al desgaste y a la devaluación académicas que ha soportado en los últimos años -por su excesiva ideologización de sus centros de estudiantes, que este período ha paralizado su actividad específica con un daño irreparable para miles de alumnos- es otro factor de atracción y crecimiento. A ello le siguen un moderno aeropuerto, un centro comercial muy completo y sistemas educativos y médicos privados de considerable nivel. Pero -su talón de Aquiles- está precisamente en su desarrollo, a veces hasta despiadado. «Desde su nacimiento hasta 1998 se construyeron 1.697 cuadras de asfalto; en 6 años nosotros duplicamos ese número, ya que al término del ejercicio del año pasado llevábamos asfaltadas unas 2.800 cuadras y a fin de año vamos a cerrar con otras 800. O sea, un total de 3.600 en un doble período de gobierno», se regocija Quiroga. El intendente se ufana además de dejarle a su sucesor -además de estar lanzado para la gobernación, no puede repetir por impedimento constitucional- una herencia envidiable: la solución de todos los juicios planteados durante su administración y proyectos en marcha que le facilitarán la tarea de no tener que replantear y proyectar nuevas obras. Equilibrio Además, como si fuera un estandarte de guerra, el intendente pondera el equilibrio de un Presupuesto de 220 millones de pesos para este ejercicio, al que le sumará otros 50 conseguidos en base al ahorro y a una administración racional de los recursos. «Neuquén es uno de los pocos municipios que destina menos de 50 por ciento de sus recursos para pagar salarios (32%), contra 38% para obras», dice. También los paseos públicos y los monumentos son prioridad para el intendente. Su joyita política está reservada para dentro de una semanas, cuando venga el presidente Néstor Kirchner para inaugurar el Paseo Recreativo Cultural, Monumento a los caídos en Malvinas. Esta obra cuesta unos 3,6 millones y su objetivo es replantear desde Neuquén el proceso de desmalvinización que se creó en el país. Claro que las dos concreciones que distinguen a Neuquén hacia fuera son la moderna terminal de ómnibus, única en el país por su sistema de preembarque y entrega de equipajes mediante cinta que le otorgan condiciones de seguridad óptimas, y su invalorable sede del Museo Nacional de Bellas Artes, donde se albergan las obras más importantes de grandes artistas -Quinquela Martín, Picasso, Renoir-, nacionales y extranjeros.
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