La incorporación lograda por el Presidente es sustantiva, porque Martí es el dirigente político con mejor imagen pública en la provincia de Córdoba. El ex intendente, además de «lord mayor» (como gustaba que le dijeran) de la capital provincial, fue ministro de Asuntos Sociales en el segundo gobierno de Eduardo Angeloz (1987-1991), secretario de Asuntos Municipales de la Alianza (1999-2001) y senador nacional en el crítico período 2001-2003. Sin embargo, no sufrió mayor daño su imagen de «sencillo, hacedor y honesto», muy cuidada por un intenso trabajo publicitario mientras se desempeñó en la función pública, y que es calificada de «ficción» por sus críticos. Martí trata de ayudar a Kirchner para que Córdoba no le resulte una provincia tan árida: en la primera vuelta electoral de 2003 (al fin, la única) el santacruceño salió aquí quinto detrás de Carlos Menem, Ricardo López Murphy, Adolfo Rodríguez Saá y Elisa Carrió. Luego, sólo consiguió sumar dirigentes casi marginales del peronismo y del progresismo. El gobernador José Manuel de la Sota (PJ) no le es del todo leal, y el intendente Luis Juez (Partido Nuevo, peronista disidente) le falló cuando sus diputados nacionales votaron en contra del puntal proyecto de reformas al Consejo de la Magistratura. Respaldo Kirchner apoya, por ahora con timidez, la candidatura a gobernador de Juan Schiaretti, el actual vicegobernador de De la Sota, a falta de mejores opciones. El Presidente y Schiaretti guardan viejos rencores, cuyo origen algunos ubican en los años 70, otros en el pasado cavallista del vicegobernador. Y hay algunos que creen que el enojo proviene de la negativa del ex interventor en Santiago del Estero de encabezar la lista de diputados nacionales en 2005. En el plano municipal, el hombre del santacruceño es Héctor «Pichi» Campana, el ex basquetbolista que brillara en Atenas, GEPU, River y la selección nacional, y que conserva el récord de goleador histórico de la Liga. Campana es concejal, cargo al que arribó en 2003 por la fiebre de la «nueva política», que caracteriza al partido de Juez. Y, además, un grupo de intendentes radicales, algunos de ellos de ciudades importantes como Río Cuarto (Antonio Rins) y San Francisco (Hugo Madonna) integran el MORAFE (Movimiento Radical Federal) que lidera el gobernador de Mendoza y posible candidato a vice de Kirchner, Julio Cobos. Con Schiaretti y con Campana, Kirchner apuesta por los candidatos que, por ahora, aparecen con mayores chances de ganar. Martí se inscribe en este panorama como capaz de facilitar una estampida de radicales hacia el kirchnerismo, y también de bendecir a Campana, cuyo punto débil es la inocultable inexperiencia y desconocimiento del terreno municipal. A cambio, Martí quiere que Kirchner le conceda las dos candidaturas a vice, al nivel provincial y de la ciudad de Córdoba. No obstante, ni Schiaretti ni Campana parecen muy convencidos de otorgarles tanto premio a los radicales. Por su delicada salud, que hace unos años lo tuvo al borde de la muerte, jura que no asumirá él mismo ninguna candidatura. Por desarrollar esta estrategia solidaria con el kirchnerismo, Martí ha sido acusado de traidor en la UCR, y el martes pasado ingresaron al comité provincia, que preside Mario Negri, cuatro pedidos de expulsión. La foto de Kirchner junto a Martí en la Casa Rosada ya tiene consecuencias en la provincia: solidificó las chances de Schiaretti frente a Juez por el abono de intendentes K a la cosecha del candidato peronista, y colocó al radicalismo cordobés al borde de la fractura.
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