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25 de septiembre 2008 - 00:00

El kirchnerismo ya arma tres canastas en Córdoba

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A pocas horas de haber recompuesto, al menos en las formlidades, la relación con Juan Schiaretti, el kirchnerismo ya actuó con luz verde sobre los municipios, en forma directa y con la vista puesta en las elecciones legislativas del año próximo. Ayer, el ministro del Interior, Florencio Randazzo, recibió, al mediodía, a 37 jefes municipales pertenecientes a todas las fuerzas políticas con responsablidad institucional en Córdoba. Aunque se lo ofreció como un gesto de permanencia de la Concertación en el interior de la provincia, al encuentro fueron radicales y peronistas de todos los pelajes (ortodoxos, K, etc.), y también vecinalistas. Nadie quedó fuera de la invitación de la Rosada, y tampoco nadie se propuso tan principista como para evitar lo que puede ser un beneficio económico para su municipio, más allá de las posiciones políticas.
En general, la visita sirve a los intendentes para presentar, apurar o reclamar sobre alguna asignación de fondos pendientes o a futuro. Al gobierno nacional, en tanto, le es útil para mostrar, al menos en la foto, que el resentimiento de los jefes comunales por la crisis con el campo está superada, y además, en el caso puntual de Córdoba, para desplegar una por ahora hipotética y audaz estrategia electoral para 2009.
Sabe el gobierno nacional que Córdoba es un distrito adverso. No tiene fuerza propia real, más allá de la acumulación mediática. No lograron ni los puros K, como Patricia Vaca Narvaja y su grupo de referncia, ni Eduardo Acastello (intendente de Villa María), ni los filopiqueteros de Libres del Sur con su heterodoxia K juecista, construir algo con peso propio. Por otro lado, el PJ cordobés es frontalmente anti-K. No sólo lo es José Manuel de la Sota, sino la mayoría de los intendentes con peso territorial (aunque nunca se nieguen a una invitación). Y tampoco el radicalismo tiene vocación kirchnerista. Por el contrario, a estas horas, el auge cobista hace renacer en Córdoba chances serias para la más tradicional fuerza política provincial. Pero, ¿por qué esta unanimidad no kirchnerista en las fuerzas políticas? Simplemente, porque la sociedad cordobesa, con todas sus particularidades y características, mantiene un rechazo, electoral al menos (y también en todas las actuales encuestas) al gobierno nacional.
De manera que la estrategia kirchnerista para Córdoba, a la que calificamos como audaz, estaría orientada a posicionarse no ya en dos canastas, como ocurrió en anteriores elecciones, sino en tres. Por un lado, intentarán que Schiaretti se mantenga en el redil sumándole esfuerzos económicos y no oposiciones de los intendentes (en esa dirección va lo de ayer). Por otro lado, intentarán fortalecer una candidatura puramente K en una alianza entre los intendentes de Córdoba Capital, Daniel Giacomino, y de Villa María, Eduardo Acastello. Y en tercer lugar, habrá un esfuerzo, que ya prevén como «enorme» para mantener buenas relaciones con Luis Juez. La apuesta es simple: que en las tres boletas haya candidatos elegidos por el propio Néstor Kirchner. Con esto varían cumplido el objetivo. Y después a negociar con quien gane. Todo es muy preliminar y teórico. Porque en este esquema nadie responde qué pasará con el radicalismo aliado a Julio Cobos y tampoco qué pasará con De la Sota y los intendentes peronistas que le responden. Para estos interrogantes, 2009 está lejos. La estregia, mostrada ayer, es comenzar por el primer paso.

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