Los pinos plantados en gran parte de la estepa neuquina -aseguran- ocuparon los lugares de los bosques nativos y no permiten la vida de las aves, secan ríos y arroyos y eliminan la mitad del dióxido de carbono de las plantas típicas.
De hecho, no facilitan la formación de sotobosque y sólo albergan a dos de cada diez aves de la región.
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