Con el orden fiscal y la estabilidad como base, el oficialismo propone un 2026 de reformas estructurales para profundizar la inversión y el crecimiento.
Argentina era un país devastado. El año 2023 cerró con una inflación del 211,4% que derretía los pesos en los bolsillos de los argentinos. La inestabilidad frenaba el crecimiento y nadie podía proyectar nada más allá del futuro inmediato. La presión del Estado sobre el sector privado asfixiaba a pequeños empresarios y comerciantes. Las familias se aseguraban de mantener sus pasaportes al día por si tenían que emigrar.
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Por eso lo primero que hizo este gobierno al asumir fue hablar con la verdad y poner la realidad sobre la mesa. No había lugar para una verdad a medias tintas ni un relato edulcorado. La gente eligió al presidente Milei porque tiene convicciones firmes, un diagnóstico crudo pero honesto, y a diferencia de la vieja política, prefiere decir una verdad incómoda antes que una mentira confortable.
La receta para revertir este grave escenario fue hacer la reforma del Estado más ambiciosa de los últimos 30 años, a través de la Ley Bases y el Decreto 70/23, ajustar el gasto público por más de 15 puntos del PBI, ordenar la economía, con el ancla fiscal como base, e imponer el orden las calles, antes tomadas por piqueteros y delincuentes. Desde el principio, apenas asumió este Gobierno, sabíamos qué hacer para sacar a la Argentina adelante y recuperar la normalidad que habíamos perdido. Expresado en los dos pilares de gestión de 2024, “déficit cero y reestructuración", cada área de gobierno se puso manos a la obra con esta consigna al hombro.
Un nuevo escenario político y una agenda de reformas
Casa Rosada
El Gobierno plantea que 2026 será el año de impulsar reformas estructurales para consolidar el crecimiento y atraer inversiones.
Mariano Fuchila
Del otro lado estaban los instigadores del caos que buscaban preservar sus privilegios a costa del sufrimiento de los argentinos. La oposición agitaba fantasías de helicóptero y de un final anticipado del mandato, con golpistas de reposera que sostenían la teoría poco fundada de que el gobierno caería entre “marzo y abril”. A costa del sufrimientos de los agoreros del fracaso, tuvimos superávit por primera vez en 123 años, inflación de un dígito, baja de homicidios en todo el país, cero piquetes, cero pauta oficial y 200 áreas menos en el Estado.
El 2025 fue el año de “Orden y Libertad”. El tren fantasma redobló su apuesta, y los ataques sistemáticos se profundizaron. En 2024, desde afuera del Congreso, quisieron volver a tomar las calles, apalancados en el aparato de la casta: los punteros políticos, los gremialistas, La Cámpora y las organizaciones de izquierda. En 2025 quisieron hacerlo desde adentro del recinto, aprovechando la campaña electoral para utilizar causas nobles, como las universidades, la salud pública, los discapacitados, o los jubilados. Todo era válido con tal de quebrar el equilibrio fiscal. El ruido electoral disparó el Riesgo País, alentó la volatilidad cambiaria, y amenazó con tirar a la basura el enorme sacrificio que habían hecho los argentinos para restablecer el orden.
A pesar de estos frustrados intentos desestabilizadores, el Gobierno se mantuvo firme y logró preservar la estabilidad que tanto esfuerzo costó conseguir. El 26 de octubre, los argentinos revalidaron el rumbo emprendido por el Presidente Milei en las urnas. Fue un apoyo contundente para que las ideas de la libertad sean mayoría en el Congreso.
Este 10 de diciembre comienza una nueva etapa de Gobierno. Con el orden y la estabilidad ya encaminados, el foco estará puesto en generar los incentivos para que Argentina sea un país en el que el sector privado quiera invertir. Para que eso sea posible, necesitamos avanzar con las reformas que los argentinos necesitan para crecer y forjar un futuro próspero en nuestro país.
En primer lugar, aprobar el Presupuesto 2026, que garantiza equilibrio fiscal, la piedra angular del programa económico para que baje la inflación. El Gobierno Nacional está desde hace dos años gobernando sin presupuesto por la ridícula negativa del Congreso a tratarlo.
En segundo lugar, avanzar en la reforma tributaria que va a eliminar impuestos, bajar alícuotas, aumentar la formalización y devolverle al sector privado millones de dólares. A su vez, reformar el código penal para endurecer las penas de todos los delitos y garantizar el derecho a la propiedad privada.
Otra de las tareas impostergables es avanzar con la modernización laboral. Hoy el 41% de los trabajadores está en la informalidad, dando como resultado 1,7 aportantes por jubilado. Ese sistema es insostenible. Modernizar las leyes laborales es clave para integrar a los trabajadores que hoy están en la informalidad y terminar con la industria del juicio que tanto daño le ha hecho a la creación de puestos de trabajo en el sector privado.
También se logró el Marco para el Acuerdo entre Estados Unidos y Argentina sobre Comercio e Inversión Recíprocos, que va a crear las condiciones necesarias para incrementar las inversiones de los Estados Unidos en nuestro país y a permitir el ingreso de productos argentinos a Estados Unidos. Es una prueba más de que el mundo nos acompaña.
Reunidas todas estas condiciones, Argentina está lista para despegar. Por eso, la consigna para este 2026 será “libertad para crecer”.
Durante años, la vieja política repitió que la Argentina “tenía todo para ser potencia”: recursos naturales y humanos. Pero no tenía la estabilidad necesaria para crecer. No tenía el orden necesario para inspirar confianza. Tampoco tenía un programa económico sólido que resistiera los vaivenes de la coyuntura política.
Hoy, por primera vez en mucho tiempo, hay un presidente que fijó un camino a seguir y una sociedad que lo respalda.
Ya empezamos a ver señales concretas de la Argentina que viene: grandes inversiones en minería y petróleo, récord de exportaciones, caída del Riesgo País y lo más importante: argentinos que eligen quedarse acá.
Hoy nuestro país está camino a convertirse en un país próspero. Un país donde nuestros hijos no tengan que tener el pasaporte actualizado por si estalla la crisis. Un país donde las generaciones futuras tengan la libertad de crecer y construir su futuro acá.
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