Se habla mucho en estos tiempos de los argentinos que están decidiendo emigrar ,y Uruguay es uno de los países elegidos. La proximidad, las ventajas para invertir y una economía estable hacen que sea una destino atractivo a la hornegocios. El empresario Manuel Antelo es un pionero en este tema ya que desde hace muchos años inició su desembarco del otro lado del Río de la Plata para hacer negocios. Comenzó hace décadas con la producción de modelos muy queribles como el Renault Twingo. Siempre la pata industrial fue uno de los pilares del exitoso empresario automotor con base en la planta Nordex, ubicada en las afueras de Montevideo. Ámbito viene informando de los distintos pasos que está dando el ex Ceo de Ciadea, especialmente dos jugadas que lo vinculan a ese país. Por un lado, la construcción de un megacomplejo en la ruta que une la capital uruguaya con Punta del Este, en el que funcionará el clásico emprendimiento de venta de autos nuevos y usados Car One, un barrio privado, un hotel, un shopping, entre otros negocios. También reveló la venta del 51% de la Car One argentino a un grupo local. Se explicaba en ese artículo que la estrategia de Antelo era de salir de la Argentina para concentrar su actividad en Uruguay. Esa interpretación no cayó bien en el entorno del empresario y sugirieron suavizarla. La realidad muestra que es cierto y sobran los detalles para ratificarlo. Por ejemplo, la mano derecha del empresario se radicó en ese país hace poco más de cuatro años (en los últimos dos ya de forma definitiva) para comandar la expansión. Se trata de Omar Daneri, nieto del fundador de la empresa con la que Antelo inició su carrera empresaria y a quien lo vincula, además de los lazos familiares, una larga relación en el mundo de los negocios. Tanto es así que hoy es el presidente de Santa Rosa Motors, el holding uruguayo que agrupa a toda la actividad automotriz del hombre que le compró Renault Argentina a los franceses por un dólar y, años después, se la vendió en millones. Cada vez que se recuerda esa operación, se está obligado a pronunciar la misma palabra: ¡Chapeau!

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