2 de enero 2024 - 00:00

“Borges no es una figura de museo sino una inteligencia que pervive”

ferrari. El periodista mantuvo 118 diálogos radiofónicos con Borges.
ferrari. El periodista mantuvo 118 diálogos radiofónicos con Borges.

Hace casi 40 años Borges mantuvo 118 encuentros, en un programa radial, con el escritor Osvaldo Ferrari, donde hablaron sobre los temas más variados, escritores, política, religión, filosofía, esoterismo, ciencia ficción, charlas que luego se convirtieron sucesivamente en tres libros, que ahora han sido recuperados y aparecen reunidos en el volumen “Jorge Luis Borges, Osvaldo Ferrari - Los diálogos, edición definitiva” (Seix Barral). Dialogamos con Ferrari.

Periodista: ¿Surgió en Japón la idea de publicar en un volumen sus tres libros de diálogos con Borges?

Osvaldo Ferrari: Exacto. El enorme interés que hay en Japón por Borges, sus obras, su pensamiento, hizo que sus editores locales publicaran una obra uniendo los tres libros de nuestros diálogos, agregando la historia de la familia Borges y un mapa de la Argentina con el nombre de las provincias en japonés. Esa edición, que resultó atractiva en más de un sentido, impulsó a los editores españoles a hacer una semejante.

P.: ¿Cómo llegó a tener tanta amistad con Borges como para mantener, en 1984 y 1985, 118 diálogos radiales?

O. F.: Me tendría que remontar a algo pintoresco. Fue en 1967, yo tendría unos 22 años, escribía poesía y visitaba bibliotecas. La tienda Harrods, que estaba en la calle Florida, tenía una biblioteca circulante. Me dediqué a recorrerla y de pronto me encontré con “Los días de la noche” de Silvina Ocampo y leí el cuento “Nueve perros”. Quedé tan impresionado que quise conocerla. Me dijeron que me la iban a presentar, pero no resistí hasta ese momento. Busqué en la guía telefónica su número, y encontré el de Bioy Casares. Llamé, y me atendió ella. Le transmití mi fascinación por sus relatos. Vení a casa, me invitó. A partir de ahí empecé a frecuentar la casa de Silvina y Bioy. Fue ineludible que me encontrara con Borges en la casa de sus mejores amigos. Una de las veces que comimos allí, después lo llevé a Borges en mi auto a su casa. No sé si esa vez hablamos de Silvina, pero recuerdo que más de una vez me dijo que si alguien merece en la Argentina recibir el Premio Nobel es Silvina Ocampo. Así empezó nuestra amistad. Muchos años más tarde los encuentros semanales por Radio Municipal fueron una prolongación de muchas de nuestras charlas.

P.: Una cosa es una charla de amigos y otra una entrevista pública con Borges, ¿cómo se preparó usted para ese encuentro?

O. F.: Mi modesto secreto fue hablarle de literatura, de aquello a lo que dedicó su vida, preguntarle de sus obras y autores preferidos. Lo bueno era que a partir de ahí él se extendía hacia aspectos de la filosofía, la historia, la política, la actualidad. Sentía que el deber de un escritor, de aquel que ha elegido, o le ha sido dado, un destino literario es soñar, imaginar, pensar, no dejar nunca de desarrollar esas actividades de la mente. Cuando escuché la primera grabación de nuestro diálogo me impresionó que la escritura de Borges también estaba en el Borges oral, y que su inteligencia permanente hacía entrar en una nueva dimensión cultural, literaria, reflexiva. Un escritor español habla creo que con acierto de la implacable inteligencia de Borges.

P.: En ese momento Borges tenía 85 años, usted 37. ¿Es cierto que él le propuso no conocer previamente el tema a tratar?

O. F.: Eso me pidió. Y eso confirmaba en cada encuentro la inmensa versatilidad de su cultura, su inteligencia, su creatividad. Borges fue el gran pensador literario que hemos tenido. A diferencia del pensamiento científico o filosófico, el pensamiento literario contiene la creatividad y la originalidad de la literatura, tiene un modo diferente de descubrir, razonar y valorar, que ha fascinado en todo el mundo. Creo ese atributo suyo se forjó en la amistad del padre de Borges con Macedonio Fernández. Ellos le decían a Borges: el deber del hombre es pensar. Y hablaban sobre eso. Y él no se dio tregua en ese sentido. El fruto fue una inteligencia superlativa, la construcción de una ética y una manera personal de mirar el mundo. Así como hay una versión científica y una filosófica, hay una versión literaria borgeana. Borges tiene una manera de ver la ética completamente original. Hay teorías literarias borgeanas que aún están por descubrir. Eso hace que Borges no sea una figura de museo sino un espíritu que pervive.

P.: En uno de los diálogos, Borges le propone que escriba un quinto Evangelio, le explica cuál debe ser la forma, lo que debe decir. ¿Pudo escribirlo?

O. F.: Le agradecí. Él estaba familiarizado con los Evangelios de toda su vida. En aquel diálogo habló del don literario de Jesús, el hombre más extraordinario de la humanidad, capaz de crear parábolas originales, únicas, irrepetibles. A la vez criticó su aspecto demagógico cuando dijo “benditos los pobres de espíritu porque de ellos será el reino de los cielos”. Ese planteo crítico tiene que ver con su respeto por la ética. Recuerdo que hacia el final del diálogo se lamentó de que hoy la gente vive de oídas, repiten fórmulas, no tratan de imaginarlas ni sacan conclusiones de ellas, es como si el razonamiento fuera un hábito que los hombres están perdiendo.

P.: Logró que le dijera que muchos de sus cuentos parten de hechos que le ocurrieron.

O.F. Cuando le dije: usted estuvo enamorado de una Beatriz Viterbo real, primero se resistió. A él no le interesaba la literatura realista, para él la literatura era la literatura fantástica, pero tenía que tener una apoyatura en lo real, en una Beatriz Viterbo, por ejemplo, sino se volvía algo inasible. Y eso lo llevó a hablar de Spinoza. Y así como Spinoza dice “Dios o la naturaleza”, para Borges, que siempre dudó de la existencia de Dios, es Dios o el universo, y él estaba más seguro del universo que de Dios. Borges tenía vocación de universo.

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