En la última campaña 2003/'04, el girasol argentino ocupó 2,3 millones de hectáreas logrando una producción de 3,6 millones de toneladas. Nuestro país exporta cerca de 70% de la producción girasolera básicamente como aceite y pellets participando, de esta manera, con 33% del comercio mundial.
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Si se observan los rindes promedio del girasol en la Argentina en los últimos años, no ha habido un crecimiento importante como hubo en maíz, trigo y soja. Por el contrario, ha disminuido la superficie sin aumentar los rendimientos. Es cierto que el girasol, debido al avance de la soja, ha sido desplazado hacia áreas más marginales, y esto ha provocado que baje la productividad, pero también es cierto que existen nuevos paquetes tecnológicos que lo presentan como un cultivo promisorio. Nuevas semillas con tecnología Clearfield, promoción de la siembra directa, y el desarrollo de nuevas variedades «más saludables» son hoy las prioridades en el cultivo del girasol.
Actualmente, se están incorporando al mercado nuevas semillas de girasol con genes de resistencia incorporados por técnicas normales de mejoramiento, obteniendo así nuevos híbridos resistentes a Clearsol, herbicida perteneciente a la familia de las imidazolinas, con excelentes características agronómicas que permiten un efectivo control de malezas, que además tienen un excelente comportamiento en siembra directa y aumentan los rendimientos en un promedio de 281 kg/ha frente a los métodos convencionales.
Este mercado está liderado por Monsanto, con sus híbridos Dekalb elaborados específicamente para lograr una alta performance para cada zona agroecológica. Los girasoles con tolerancia a Clearsol fueron descubiertos en Kansas cuando se identificaron plantas silvestres de girasol con resistencia a este herbicida bajo condiciones naturales de cultivo (no transgénica); de esta manera, ningún gen ajeno a la especie fue introducido en células normales de girasol.
Aunque muy importantes, para incentivar, aumentar y posicionar al cultivo del girasol, las nuevas semillas no son el único punto en el que se está trabajando, ya que la difusión y la promoción de la siembra directa en este cultivo se encuentran a la orden del día.
En ese sentido, un grupo de empresas de primera línea, los asesores más reconocidos en el manejo del cultivo y los productores comenzaron a trabajar hace tres años en lo que han dado en llamar «proyecto de girasol SD», identificando los principales factores que limitan la adopción del sistema de siembra directa en girasol. El fruto de esfuerzo conjunto generó nuevas tecnologías de manejo y mejoramiento. Las posibles soluciones son evaluadas en campos de productores referentes, conformando centros de excelencia en girasol, donde se ajusta la propuesta zonal adecuada para alcanzar los máximos rendimientos en forma estable. La siembra directa surge como una respuesta a los procesos de erosión y degradación de los suelos dedicados a la agricultura. Las razones principales del proceso de degradación son la intensificación de cultivos, la realización de labranzas más agresivas, las pendientes y la escasa reposición de nutrientes. La siembra directa tiene como principal ventaja la conservación del suelo, además de reducir los costos y los tiempos operativos. Pablo Ogallar, vicepresidente de ASAGIR y gerente del negocio del girasol de Monsanto, opinó: «La idea es poder concentrar esta tecnología en cada una de las regiones, medirla y trasladársela al productor para que tenga la opción de mejorar su productividad».
Además, se está desarrollando un programa para la obtención de híbridos que producen aceites con alto porcentaje de ácido oleico más saludables para nuestro organismo, adelantándose así a los requerimientos de los mercados de exportación.
Nuestro país, gracias a las nuevas tecnologías disponibles, tiene hoy la oportunidad de recuperar terreno y volver a crecer en el comercio mundial de productos de girasol.
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