Avanzan las decisiones para combatir picudo en algodón
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Sin la amenaza del picudo del algodón se podría pensar en un crecimiento de la producción y en una revalorización de la misma.
A este aporte se sumarán nuevas mochilas manuales y a motor, tubos matapicudos, trampas, feromonas y recursos financieros para los tramperos y personal paraguayo que se ocupará de desinfestar, este año, la localidad de Ñeembucu.
Lamentablemente, el SENAVE (Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal del Paraguay) no autoriza el uso de insecticida piretroide sin el registro correspondiente, que debe ser presentado en las oficinas de la repartición en Asunción.
Desafortunadamente, ese trámite burocrático no le es exigido al picudo, que hace estragos entre los cultivos de Ñeembucu sin necesidad de registro, por lo que esta decisión no parece muy apropiada, especialmente, si se trata de una donación en el marco de un plan binacional, con miles de productores paraguayos perjudicados.
Cabe destacar que Paraguay tiene 300.000 hectáreas de algodón que aportan la principal fuente de divisas del país y emplea a 150.000 agricultores y sus familias. Estos datos son suficientemente importantes como para afirmar que ese requisito del SENAVE no es bueno para la cooperación necesaria entre entes de salud vegetal de los cuatro países.
En función de la voluntad de los presidentes de las naciones involucradas, de sus asociaciones, de sus cámaras de productores, de sus cadenas agroindustriales y de los ministerios de Agricultura respectivos, es necesaria una actitud distinta, sin complicaciones, para asegurar el correcto funcionamiento del programa cuatrinacional.
En tanto, es lógico pensar que el BID y otras instituciones multinacionales colaborarán para financiar este proyecto, en la medida en que aprecien que hay coordinación y cooperación de los países firmantes. La importancia del proyecto es obvia, pues se trata de corregir uno de los más importantes factores que atentan contra la competitividad del algodón, la más importante materia prima textil del Cono Sur.
El programa de erradicación y control implica una decisiónfirme de no convivir con la plaga. Hasta ahora, el picudo se combatía infructuosamente con 8 fumigaciones por temporada que aumentaban el costo del algodón, afectaban la salud de los productores y su aplicación eliminaba insectos benéficos predadores que se nutrían de otros insectos que provocaban otras plagas.
Por ello, parece razonable que el SENASA y el SENAVE puedan asegurar el éxito de esta primera etapa de la lucha contra el picudo en Ñeembucu.
Esta fase debe ser considerada como el primer capítulo de un programa que permitirá, en un plazo razonable, la eliminación de una verdadera invasión de esta plaga en los países del Mercosur.
Finalmente, la eficiencia en la continuidad de esta iniciativa garantizará el apoyo de los organismos internacionales a este importantísimo programa, que unirá más aún a las cuatro naciones afectadas.



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