25 de enero 2006 - 00:00

Avanzan las decisiones para combatir picudo en algodón

Sin la amenaza del picudo del algodón se podría pensar en un crecimiento de la producción y en una revalorización de la misma.
Sin la amenaza del picudo del algodón se podría pensar en un crecimiento de la producción y en una revalorización de la misma.
El acuerdo firmado recientemente entre la Secretaría de Agricultura y Ganadería de la Nación y el Ministerio de Agricultura y Ganadería del Paraguay, para poner en marcha el programa regional de control y erradicación del picudo algodonero, acordado por los presidentes de la Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia hace ya un año y medio en Iguazú, parece ser el comienzo de una etapa positiva en la lucha contra esta plaga, que ha causado pérdidas irrecuperables a los productores de Brasil y de Paraguay.

El BID, a través del programa PROSAP (Programa de Servicios Agrícolas Provinciales), proveerá este año los insumos necesarios para el monitoreo y la fumigación del picudo. Por lo tanto, si el departamento de Ñeembucu en Paraguay es desinfestado seriamente, la medida permitiría disminuir la amenaza de esta plaga a las provincias algodoneras de la Argentina.

En tanto, cabe aclarar que las empresas hilanderas y exportadoras de algodón de nuestro país siguen abonando la tasa de 20 pesos por tonelada de fibra consumida o exportada. De esa forma, permiten que los tramperos y técnicos del programa cobren en tiempo y forma.

También el INTA se ha sumado al programa. En efecto, ofreció 14 técnicos extensionistas que aportarán su esfuerzo al monitoreo del picudo en el Chaco.

• Mochilas de fumigación

El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), por su parte, ha entregado recientemente a Paraguay 160 mochilas de fumigación manual, con las máscaras y los elementos respectivos, para los minicultios de algodón de Ñeembucu, junto con una donación inicial de 200 litros de insecticida piretroide.

A este aporte se sumarán nuevas mochilas manuales y a motor, tubos matapicudos, trampas, feromonas y recursos financieros para los tramperos y personal paraguayo que se ocupará de desinfestar, este año, la localidad de Ñeembucu.

Lamentablemente, el SENAVE (Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal del Paraguay) no autoriza el uso de insecticida piretroide sin el registro correspondiente, que debe ser presentado en las oficinas de la repartición en Asunción.

Desafortunadamente, ese trámite burocrático no le es exigido al picudo, que hace estragos entre los cultivos de Ñeembucu sin necesidad de registro, por lo que esta decisión no parece muy apropiada, especialmente, si se trata de una donación en el marco de un plan binacional, con miles de productores paraguayos perjudicados.

Cabe destacar que Paraguay tiene 300.000 hectáreas de algodón que aportan la principal fuente de divisas del país y emplea a 150.000 agricultores y sus familias. Estos datos son suficientemente importantes como para afirmar que ese requisito del SENAVE no es bueno para la cooperación necesaria entre entes de salud vegetal de los cuatro países.

En función de la voluntad de los presidentes de las naciones involucradas, de sus asociaciones, de sus cámaras de productores, de sus cadenas agroindustriales y de los ministerios de Agricultura respectivos, es necesaria una actitud distinta, sin complicaciones, para asegurar el correcto funcionamiento del programa cuatrinacional.


En tanto, es lógico pensar que el BID y otras instituciones multinacionales colaborarán para financiar este proyecto, en la medida en que aprecien que hay coordinación y cooperación de los países firmantes. La importancia del proyecto es obvia, pues se trata de corregir uno de los más importantes factores que atentan contra la competitividad del algodón, la más importante materia prima textil del Cono Sur.

El programa de erradicación y control implica una decisiónfirme de no convivir con la plaga. Hasta ahora, el picudo se combatía infructuosamente con 8 fumigaciones por temporada que aumentaban el costo del algodón, afectaban la salud de los productores y su aplicación eliminaba insectos benéficos predadores que se nutrían de otros insectos que provocaban otras plagas.

Por ello, parece razonable que el SENASA y el SENAVE puedan asegurar el éxito de esta primera etapa de la lucha contra el picudo en Ñeembucu.

Esta fase debe ser considerada como el primer capítulo de un programa que permitirá, en un plazo razonable, la eliminación de una verdadera invasión de esta plaga en los países del Mercosur.

Finalmente, la eficiencia en la continuidad de esta iniciativa garantizará el apoyo de los organismos internacionales a este importantísimo programa, que unirá más aún a las cuatro naciones afectadas.

Dejá tu comentario

Te puede interesar