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La industria azucarera es ciertamente próspera. Ello se vislumbra, por caso, en Tucumán. Y esa prosperidad no se basa tan sólo en el presente, sino también en el potencial de todo el engranaje agroindustrial que permite prever un futuro mejor. Es que el procesamiento de la caña permite hoy incursionar no sólo en el refinado de azúcar, sino también en la fabricación de papel y de energía. Allí estaría la cuestión. Allí apuntaría el futuro del negocio. Hoy, los principales ingenios azucareros venden la fibra de la caña, llamada bagazo, que es utilizada para la fabricación de papel, por algunos, o como fuente de energía por otros. Por ello ya es común que las inversiones de los ingenios se perfilen hacia la fábrica de papel o bien en el autoabastecimiento de energía con miras a lograr en el mediano plazo excedentes que permitan seguir diversificando el negocio.
Sin embargo, hoy por hoy, el negocio central de los ingenios sigue siendo el azúcar. El negocio del azúcar movería este año, entonces, alrededor de 500 millones de dólares entre mercado interno y exportación, un cálculo grosero que sirve de indicador de una actividad frenética. Con este marco,
Pero no todas son rosas ( aunque gran parte de la industria se encuentra en el «Jardín de la República»). A los azucareros les importan hoy dos temas:
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