El productor no está obligado a declarar las toneladas de trigo que tiene en su campo, sólo los molinos, acopiadores y exportadores tienen que declarar sus existencias. Y es lógico, un tipo que fabrica bulones y los stockea en un galpón no declara esos bulones hasta que los remite o vende, o hasta el fin del ejercicio fiscal, cuando los declara como «stock», una parte de los activos. Con el cereal es lo mismo.
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(Echegaray) también hizo una maliciosa inferencia acerca de que esas toneladas se podrían vender en negro al mercado interno. Pero como el mercado interno es de 6 millones, y por lógica después de 5 meses sólo faltarían moler 3,5 millones, y el mismo Echegaray dice que tiene detectados 5,1 millones, no dan los números para lo que sugiere, aun si 100% de la compra de los molinos de acá en más fuera en negro. (¿Por qué no controlar los molinos, que son muchos menos? Si todos compran en blanco, nadie puede vender en negro.)
El hecho es que con esos 4 millones de toneladas, queda un saldo exportable de 4,5 millones, pero el gobierno sólo permite que se anoten exportaciones por 100.000 toneladas, aduciendo que no sabe dónde están los 4 millones famosos. Suena raro, como una represalia por el paro.
Para que esas toneladas aparezcan en el «radar» de la ONCCA, tiene que haber una transacción comercial, una venta o entrega a fijar precio.
Este año, hubo compradores en el sur bonaerense hasta fin de febrero, y con una monstruosa ganancia para el intermediario, por causa del cartel de compras que impuso ( Guillermo) Moreno. Cuando los productores empezaron a cosechar girasol y soja, empezaron a pedir el precio lleno (precio exportación menos retenciones) por el trigo que les quedaba, pero ahí empezó la maniobra, los compradores desaparecieron.
Cuando termine el paro, los compradores van a seguir ofreciendo precios viles, aduciendo que la exportación está cerrada. Cuando los productores malvendan, es que el ONCCA va a tener la transacción, y por lo tanto la existencia del trigo declarada, y procederá prestamente a abrir el registro. Si el productor se resiste al despojo y no vende, el registro permanecerá cerrado.
Si calculamos que los exportadores van a ofrecer u$s 30 menos de lo que deberían por tonelada, en 4 millones de toneladas la ganancia «caída del cielo» va a ascender a u$s 120 millones. Y la van a recibir media docena de empresas, muy conocidas por todos. (¿Serán agradecidas?)
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