22 de agosto 2006 - 00:00

Dicen en el campo...

... que a pesar de lo que dice la ministra Felisa Miceli, de que el malhumor en el campo «lo incentivan algunos dirigentes», la cantidad de reuniones y asambleas que se siguen multiplicando en el interior estarían indicando exactamente lo contrario. Es evidente que muchos funcionarios nacionales no tienen mayor idea de lo que sucede a 100 km de la Capital Federal. La agudización de la sequía en muchas zonas (la peor en 100 años para algunas regiones que llevan 2-3 años de déficit hídrico), los incendios, los aumentos de costos, la necesidad de gastar más en combustible por riego y bombeo para las aguadas (lo que, además, seguirá agudizando la falta local de combustible), la seguidilla de heladas que van quemando lo poco verde que queda y la falta de respuesta oficial a los problemas más acuciantes, sin duda constituyen una sumatoria que no requiere que nadie «incentive» el malhumor. Viene solo. Los tamberos, que sostienen que sus costos de producción rondan los $ 0,53-$ 0,55 por litro, mientras reciben apenas $ 0,47-$ 0,48; los algodoneros que aún esperan los u$s 50 millones que tanto les prometió el senador chaqueño (PJ kirchnerista), Jorge Capitanich; los agricultores de zonas trigueras que ni pudieron encarar el cultivo por falta de renta y de agua, y los ganaderos, aún jaqueados por las medidas oficiales, lideran la escala de peor humor...

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... que tanto es así, que a pesar de los dichos oficiales, y contra la costumbre tradicional, ningún funcionario de la Nación está participando este año del circuito de sociedades rurales del interior. Tampoco los provinciales, prácticamente, están asistiendo. «Si el humor es tan bueno, ¿porqué no se animan a venir?», preguntabasarcástico un dirigentedías atrás recordando, seguramente, cómo « corrieron» del palco oficial a funcionarios del entrerriano Jorge Busti (PJ), en la Rural de La Paz, semanas atrás. Lo cierto es este año volverán a bajar varias producciones y el arrastre se sentirá también el año próximo. Ya en trigo algunos prevén que ni siquiera se alcanzarán los magros volúmenes de la última campaña. Algo similar ocurriría con la leche, mientras en carne (vacuna) se estima que las exportaciones podrían caer a 300-350.000 toneladas (50% del año pasado), en tanto la producción bajaría entre 250-300.000 toneladas, desde el récord de 3,13 millones de toneladas de 2005, y a pesar de la excelente condición del mercado internacional y de la más que sostenida demanda local. Sin duda, una performance muy poco promocionable... Lo único positivo es que, al menos a puertas cerradas, altos funcionarios del gobierno nacional reconocen que hasta ahora «se hicieron todas las macanas que se podían hacer». Tal vez alguno de ellos llegó a ver que, por ejemplo, en materia de carne, y según los propios datos ofi ciales del INDEC, desde marzo pasado (cuando se cerraron las exportaciones) hasta julio inclusive, mientras la hacienda bajó casi 26%, los precios al consumo en el Gran Buenos Aires retrocedieron apenas 1%. «En todo caso, el reconocimiento de errores sería un buen punto de partida para empezar a corregir», quieren creer algunos.

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... que los dirigentes nacionales del campo tampoco las tienen todas consigo. Es que no son pocos los que les cuestionan la « estrategia» que se está siguiendo. «¿Por qué el sector es el que tiene que hacer ahora las propuestas? Si el gobierno provocó esto, y cuando limitó el peso de faena, subió las retenciones, quitó los reintegros y cerró las exportaciones no escuchó opiniones o pidió «consensos», entonces, ahora, que gobierne, encuentre la solución y se haga cargo de los resultados», dicen los más duros. Algo similar ocurre con los dirigentes industriales que tampoco «aparecen», especialmente los del sector lácteo, en el que se bajaron los precios a los tamberos, y los de la carne, por la « autorregulación» de precios que se impusieron para comprar, incluso recortando los valores de la hacienda hasta 18%-20% por debajo de los niveles «sugeridos» por el gobierno (como se ubican actualmente). Lógicamente, el «recorte» no se extiende a las ventas... Y, como en el área oficial siguen «todos peleados con todos» y la creatividad no aparece por ningún lado, cualquier solución estructural parece complicada de alcanzar. Hasta ahora, por ejemplo, la única «reaparición» pública de Agricultura (que ni siquiera está participando de las charlas con las entidades del campo en Economía)fue para una insustancialreunión con los exportadores de granos y los aceiteros, para volver a hablar de las controvertidas regalías, que después de más de 3,5 años el gobierno sigue sin resolver, y sobre lo cual no hay ningún aporte nuevo. Pero lo que más molestó a los empresarios fue la irrupción en el encuentro con el secretario Miguel Santiago Campos y su jefe de asesores, Patricio Lamarca, de un grupo de periodistas de medios « seleccionados» a los que los funcionarios habían convocado a participar del encuentro. Naturalmente, ante la negativa reacción de los hombres de negocios, cultores por excelencia del bajo perfil, la respuesta de la SAGPyA fue que los medios se habían «autoconvocado».

«¿Hasta la sala de reuniones?», fue el ácido comentario de algunos participantes que prefirieron alejarse rápidamente, y en silencio, del lugar...
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... que los que también eligieron el «bajo perfil» fueron «los Fernández» ( Alberto -jefe de Gabinete-y Aníbal -ministro del Interior-), ante el inesperado conflicto que volvió a generar otro hombre del equipo de gobierno: el subsecretario de Tierras, Luis D'Elía. Es que la irrupción del ex piquetero y legislador cortando alambres de una propiedad privada de Corrientes (para colmo, de un reconocido ambientalista internacional, y extranjero, como el estadounidense Douglas Tompkins) les complicó -y complica-la vida. Aunque se sostiene que no hubo «contacto» oficial con la empresa del filántropo, se sabe que hubo muchas llamadas cruzadas entre los Fernández; el gobernador correntino, Arturo Colombi (UCR), y la gente de la empresa. Y el tema no es sólo porque el asunto se da de bruces, nuevamente, con el discurso oficial en «favor y respaldo de las inversiones» (sumándose al reclamo, en su momento, del brasileño Lula Da Silva por sus inversores, que compraron el frigorífico Swift y les cerraron las exportaciones) o porque reflota el tema de la inseguridad jurídica que provocó, sino además, porque mucho más comprometida que la Conservation Land Trust de Tompkins, estaría la Forestal Andina, su vecina y lindera con, entre otras cosas, un cuestionado albardón para manejar el agua, iguales pasos al paraje Yahaveré (lo que, según D'Elía, justificó su accionar en el caso de Hopkins) y de la que no se habla ahora. «¿Quiénes son los dueños de Forestal que nadie la menciona?», comienzan a preguntarse muchos.

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