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13 de noviembre 2006 - 00:00

Dicen en el campo...

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Javier de Urquiza
  • que, muchos se preguntan quién es hoy el principal productor agrícola de la Argentina, el más eficiente, el que con menos recursos logra el máximo volumen. ¡No!, ¡error! El mayor productor argentino es Néstor Kirchner, ya que sin invertir un peso, sin riesgo climático ni empresario, obtendrá en esta campaña alrededor de 10 millones de toneladas de soja, unos 3 millones de toneladas de maíz, y más de 2,5 millones de trigo, entre otros. La ironía correspondió a un productor norteño, no muy contento con el «socio» oficial forzado, y aludiendo al volumen que, vía retenciones, obtendrá el gobierno con la próxima cosecha. El monto de semejante volumen, sin embargo, justifica holgadamente el malestar, especialmente si se considera que no es el único « diezmo» que aporta el sector ya que, precios máximos mediante, también afronta otros recortes como el de la carne (a esta altura más de u$s 150 millones), en la leche, varias frutas, etc., etc. Pero, sin duda, el trigo va llevando por ahora la delantera pues la nueva intervención oficial, además de obligar a cartelizar abiertamente la demanda, dejando solos a los exportadores, provocó tal desfase en los precios que perciben los agricultores locales ( entre 20 y 30 dólares menos por tonelada), que los negocios en las principales plazas argentinas se redujeron prácticamente a cero durante toda la semana pasada.

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  • que, tanto es así que algunos operadores hasta estiman que la molinería, en apariencia la principal beneficiada por la decisión gubernamental de que los exportadores «les entreguen» hasta 160.000 toneladas a no más de $ 370 por tonelada puesto en los molinos, podría no llegar a tomar siquiera la totalidad de ese volumen. Las causas son varias: por un lado, porque algunos molinos más alejados podrían conseguir alguna mercadería por debajo de ese precio (por la diferencia de fletes). Además, por el problema financiero que presenta el esquema ya que ese precio, y a 10 días de plazo, es sólo para las industrias que cuentan con el «aval» de la federación molinera, mientras que el resto deberá pagar «por adelantado». Pero fundamentalmente, porque los funcionarios parecen haberse olvidado (¿o no?) de especificar la calidad del trigo a entregar por los exportadores, por lo que lo se estaría entregando es «condiciones cámara», que no tiene calidad panaderil. De hecho, el trigo apto para este destino, con 28/30 de gluten, se está pagando alrededor de $ 430, o más, por tonelada, o sea, unos u$s 20 más que los que fijó el gobierno. «Lo del trigo es como La Pasión en Semana Santa: siempre la misma película. Además, también conocemos el tema de la menor calidad. Lo que va a pasar es que volverá a aparecer el pan de 3 piezas, barato, al precio oficial, y que sólo servía como pisapapel. Y el que quiera flautitas o miñoncitos tendrá que pagar mucho más», reconocía en voz ya no tan baja un industrial del sector.

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  • que, mientras se espera alguna respuesta de parte de la ministro Felisa Miceli o, al menos, del subsecretario Javier de Urquiza quien la secundó en las reuniones que mantuvo con cada una de las entidades del sector, densos nubarrones se van cerrando ahora sobre el maíz, lo cual también era previsible. No se puede olvidar que en la última campaña se disminuyó la cosecha de ambos cereales (trigo y maíz) en 14 millones de toneladas y, aunque ahora algún funcionario quiera atribuírselo a la sequía del año pasado, básicamente se debió a la menor renta de ambos cultivos. El caso es que en el cereal de verano, al que la soja tiene jaqueado, ya hay anotados negocios de exportación para la cosecha que viene, por alrededor de 9 millones de toneladas, de los cuales más de 1 millón se hizo sólo en la semana pasada, todo lo cual promete una situación más explosiva aún (si fuera posible) que la del trigo. El tema es que este grano grueso está arrastrando detrás de sí a los productoresde pollos que, a pesar de haber sido los más « mimados» por Economía, desde los tiempos de Roberto Lavagna (les mantuvieron los reintegros y no les subieron las retenciones), tuvieron que terminar pidiendo a Miceli que los acuerdos de precios quedaran sin efecto porque, dicen, ya no les dan los costos. Igual ahora están entre la espada y la pared pues, aunque el gobierno les libere el valor al público, el precio relativamente bajo de la carne vacuna determinaría que, si aumentan, les bajaría la demanda de consumo interno. A los productores de cerdo les pasa lo mismo aunque, en este caso, resulta casi imposible conseguir carne de esta especie a los precios «acordados».

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  • que, en la lechería la situación es más crítica, al punto que este martes los tamberos de las cinco principales provincias productoras harían un paro, ya que no llegaron a un acuerdo con las usinas para obtener un precio de $ 0,60 por litro. También la ganadería vacuna está afectada por el precio del cereal. Tal como ya se mencionó la semana pasada, los principales perjudicados son los feed lots, o el encierre a corral, para los que el maíz es un insumo básico y varios ya optaron por liquidar, mediante remates de invernada, para parar las pérdidas. Otros mantienen alguna actividad, pero vía los propios frigoríficos exportadores que, para asegurarse la cada vez más escasa oferta de novillos pesados bien terminados (en algunas zonas, este tipo de animal gordo, y bien terminado ya se está pagando bien por encimade $ 2,80 el kilo). Pero lo más negativo es que habría algunos empresarios, no demasiado escrupulosos, que para compensar las pérdidas, y lograr engordes superiores, estarían usando 2 elementos prohibidos: la harina de carne (por el mal de la «vaca loca») y los anabólicos (tema controvertido, pero que por ahora, mantiene la veda de uso), y que mezclan con corticoides para que su utilización no sea detectada en los análisis, según comentan los especialistas.

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  • que este, entre otros varios temas, se conversaba en los corrillos del aniversario de Caprove, la cámara que nuclea a los elaboradores de productos veterinarios, y que se celebró en La Rural de Palermo. Allí, el especialista argentino Alejandro Schudel, ahora en la OIE (Organización Internacional de Epizootias) destacaba que, según la visión del organismo internacional, se prevén futuros brotes de enfermedades exóticas (y de las tradicionales, naturalmente), y que en esto, además de los factores epidemiológicos, cobran ahora especial importancia -en un mundo globalizado-, los factores « económicos y los humanos»... Varios miraron en ese momento al director nacional de Sanidad, Jorge Dillón, mientras murmuraban acerca de «la frontera norte». A su turno, el titular de CRA, Mario Llambías, fue más directo aún. «Quizás (Dillón) pueda explicar lo que pasó con el brote de aftosa en febrero pasado, en Corrientes. Tal vez se haga cargo», dijo el dirigente, aludiendo a la falta de explicaciones oficiales sobre cantidad de aspectos del lamentable hecho. Pero Dillón no se hizo cargo. En los intermedios se comentaban otros hechos, tal vez menos impactantes, pero igualmente graves, como la aparición de garrapatas en zonas hasta ahora libres, la reaparición en el norte de una plaga inexistente desde hace décadas, el pique, parásito que parece atacar los miembros inferiores de prácticamente todos los animales de sangre caliente (incluido el hombre), o la llegada a la Argentina del virus del Nilo occidental que ataca a los equinos.
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