... que el previsible aumento de las retenciones fue la nota, y la causa, del revuelo que dominó buena parte de la semana pasada, no es objeto de discusión. Tampoco el asunto dista mucho de haberse aquietado, y no sólo entre los enojados agricultores. El tema ahora es la incómoda posición en que el propio presidente Néstor Kirchner puso a sus funcionarios, especialmente a los del área, como el secretario Javier María de Urquiza, a los gobernadores (entrantes y salientes), y a los dirigentes de las entidades. Hasta el multitudinario, aunque casi no operativo, Foro de la Cadena (agroindustrial), que nuclea a medio centenar de entidades relacionadas con el campo, quedó fuera de foco con su megarreunión de Córdoba donde, a principios de la semana pasada, presentó un complejo estudio elaborado por las Universidad de La Plata y la Torcuato Di Tella. Allí los especialistas mostraron cómo la eliminación de los impuestos a las exportaciones agropecuarias (retenciones), aunque en el corto plazo, haría subir los precios de los productos 14,5% (luego se equilibra), tendría el efecto positivo de crear 300.000 nuevos puestos de trabajo, aumentaría el ingreso de divisas genuinas, y bajaría nada menos que 7 puntos el índice de pobreza. Evidentemente, el gobierno no se enteró de este estudio, o lo pasó olímpicamente por arriba sin darle ninguna entidad pues, exactamente 24 horas después, anunció el nuevo aumento de alícuotas. A las entidades del sector no les fue mejor. Mientras trataban de disfrutar de la calma poseleccionaria, e intentaban ponerse en el rol pasivo de esperar la convocatoria de las autoridades electas, encabezadas por Cristina Elizabeth Fernández, por ahora primera dama y senadora, para intentar plantear una nueva relación con el gobierno otra vez temblaron los cimientos, poniéndolos en la imposible coyuntura de enfrentar a las autoridades, o a sus propias bases. Estas hace menos de un mes ratificaron a algunos de ellos en sus entidades por un nuevo período, desde el nuevamente oficialista Eduardo Buzzi, al frente de la Federación Agraria Argentina-(FAA), hasta al opositor- Mario Llambías en la compleja CRA.
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... que otra conmoción política fue en las provincias. Por un lado, los gobernadores salientes de las principales productoras (Felipe Solá en Buenos Aires, Jorge Obeid en Santa Fe, José Manuel de la Sota en Córdoba, o Jorge Busti en Entre Ríos, jaqueado por el conflicto pasteras) prefirieron hacer «mutis por el foro» y dejar el tema a sus sucesores lo que, sin duda, fue mucho más cómodo para Obeid, ya que perdió la gobernación frente a la oposición del socialista Hermes Binner. Justamente el santafesino, junto a Juan «el Gringo» Schiaretti, salieron rápidamente a reclamar, mientras que aún no se sabe qué piensa al respecto el actual vicepresidente y futuro gobernador bonaerense, Daniel Scioli. Pero también quedaron en evidencia otras fisuras, como la de Córdoba, donde el ex basquetbolista y futuro vicegobernador, «Pichi» Campana, pareció verse obligado a defender la gestión oficial, y aseguró que estaba todo acordado, y que la provincia recibiría la devolución (de lo que le saca la Nación vía retenciones) en obras públicas, como la de la autopista Rosario-Córdoba. No pareció recordar que la obra se promete desde hace 20 años. En Santa Fe, la reacción de Binner no demoró: «Desde que se implantaron las retenciones (2002), la provincia aportó el equivalente de 9 autopistas, y la obra aún no se ve».
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... que, mientras tanto, los mercados reaccionaban como podían, aunque las situaciones eran muy distintas. Por ejemplo, no se entendió lo que quiso decir el ministro de Economía, Miguel Peirano, cuando afirmó que la medida « favorece el aumento» de las inversiones. Del otro lado, el economista Manuel Solanet explicaba: «Una de las reglas básicas para generar confianza (para las inversiones) es la estabilidad tributaria». Nada para agregar. De todos modos, no es lo mismo la situación del trigo que, en el mundo, lleva 3 años con el consumo superando a la producción, y la relación stock/consumo más baja en la historia, que en otros productos en los que se prevén fuertes aumentos de volumen. En el plano local, a su vez, mientras no se entiende bien qué quiere hacer el gobierno con mayores incrementos de alícuotas a los productos más elaborados (tanto en girasol como en soja, son mayores las subas para los aceites, harinas y pellets, que para los granos) y, en voz baja, se escucha: «¿Este es el aliento a las inversiones?», o «Cristina es Kirchner», para señalar lo que se puede esperar en materia de política sectorial, los empresarios del comercio están más o menos tranquilos (algunos más que otros). En trigo, por ejemplo, se dice que las previsiones de los exportadores, como para «cubrirse», se ubican en el equivalente a retenciones de 40%, mientras que en la soja estarían anotados casi 10 millones de toneladas, o sea, prácticamente, la totalidad de lo exportable (como grano) y que, por lo tanto, se exportaría con las alícuotas previas. Por supuesto, eso no significa que los agricultores van a recibir ese « beneficio». Ni siquiera el país. Algo distinta es la situación con los subproductos oleaginosos, donde sólo estaría anotado alrededor de 40% de lo que se prevé exportar. Y todo sobre una cosecha semejante a la 2006/2007, de 95 millones de toneladas aunque algunos cultivos todavía ni se terminaron de sembrar.
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... que los nuevos cambios obligan a replanteos empresarios de distinto tipo. Por caso, provocó bastantes comentarios la reciente exportación a EE.UU. de 5.000 toneladas de soyoil de la empresa Ecofuel, relacionada con el senador cordobés Roberto Urquía. Los comentarios no se centran en la trascendencia de la venta sino, más bien, en el hecho de que el aceite de soja tiene ahora 32% de retenciones, mientras que el biocombustible apenas 5%, y también cuenta con reintegros de 2,5%. Además parece que ambos productos tienen una cotización en el exterior con muy poca diferencia (arriba de u$s 800 por tonelada).
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