18 de abril 2006 - 00:00

El productor necesita una señal positiva del gobierno

La comercialización de carne se complica y la Argentina pierde definitivamente el mercado ruso. Los demandantes ya buscan y consiguen otras alternativas, en America latina, para proveerse del preciado producto.
La comercialización de carne se complica y la Argentina pierde definitivamente el mercado ruso. Los demandantes ya buscan y consiguen otras alternativas, en America latina, para proveerse del preciado producto.
Cuando se traspasa el límite de la razón, domina el derecho de la fuerza, y aun el más manso se sale de las casillas. El auténtico hombre de campo se ha visto agredido en su integridad moral, y eso que para el político es cosa de todos los días, para ellos es considerado lesivo. Lejos quedó el análisis de los números, y el gobierno ha planteado esto como un tema folclórico de una pulseada, y ello lleva a las bases del movimiento rural al estado de ebullición, al punto tal que algún dirigente tibio ha visto tambalear su estructura.

Es que cuando no se habla o no se interpreta el sentir de los mansos se deja de ser representativo, y hoy los productores que sienten que serán los próximos en el inexorable camino de la desaparición, o al menos condenados a un estado vegetativo, están con bronca. ¿Puede una actividad ser públicamente descalificada por aspirar a un legítimo derecho de rentabilidad? ¿Es que acaso quienes durante treinta años no fueron capaces de generar políticas adecuadas hacia el campo hoy tienen el derecho de erigirse en tribunal ético de conductas económicas? ¿Es tan difícil asumir que el bien escaso es implacablemente caro, por un principio básico de la economía?

Ni aún la lógica electoralista admite tamaños desaciertos, pues ignorar, o aún peor, agredir a esa inmensa masa humana que gira alrededor del mundo de la carne, confundiendo a los asociados a una sola entidad agropecuaria con la realidad social del sector puede volverse pesada carga política.

Ignorar que la realidad actual de la ganadería nos lleva a cientos de miles de medianos y pequeños productores y no a latifundios improductivos puede generar mas desaciertos.

Hoy se insiste en reeditar una política que llevó a la desaparición a cien mil productores, y contribuyó a la concentración de riqueza en manos de actores provenientes de sectores más beneficiados por las políticas económicas, cuando no de los beneficiarios de los favores del gobierno de turno. Hay quienes callan y esperan, son amigos del poder, ya compraron tierras, y con ellas el sueño de pertenecer a una oligarquía solamente existente en su ignorancia histórica; ellos ven en esta política una posibilidad de acrecentar sus pertenencias; ellos tienen una «caja» ajena a los objetivos, o falta de objetivos del gobierno.

El campo sufre las consecuencias de la amnesia ideológica, carga con culpas ajenas, producto de los políticos, no sólo los oficialistas, sino también de aquellos «a los que les comieron la lengua los ratones». Ni siquiera los argumentos históricos del movimiento al que declaman pertenecer justifica semejante dislate, pues si a la historia nos atenemos, veremos que el líder intelectual del justicialismo, en los momentos de crisis apelaba a su lucidez y miraba al campo.

  • Castigo injusto

    Durante la crisis de 1952, el Poder Ejecutivo da a conocer su plan económico de emergencia, y sus cláusulas estipulan en forma categórica acentuar la producción , reducir el consumo y eliminar toda circunstancia capaz de limitar la producción sin causa justificada. Hoy, para ejemplificar, se comete el absurdo de cerrar la exportación de hacienda que no se consume en el país, la vaca que iba a Rusia no tiene colocación en el mercado interno, nadie come esa vaca vieja, entonces ese animal que la semana anterior se llegó a pagar $ 0,50 el kilo vivo se morirá en los campos, pues su precio no alcanza para pagar el flete, ¿es o no un castigo injusto, innecesario y desmedido, no solamente para el hombre de campo sino para las cuentas fiscales? En su error conceptual de quienes son los enemigos ideales para su discurso de barricada cae el Presidente en la trampa de enfrentar al sector de mayor incidencia humana como cadena productiva. Si a ello le sumamos la falta total de idoneidad de sus asesores, vemos al gobierno en una situación en que sólo avizora una salida por la fuerza, aunque ello lleve a fracturas sociales que suponíamos superadas.

    En ese afán de gobernar con clichés lleva a este «acuerdo» a los consignatarios de hacienda, a los que el gobierno puso en la mira como responsables de la falta de transparencia en el mercado, como si ahora que se comprometen a precios «sugeridos» no estuvieran realmente violando las leyes de oferta y demanda. Quienes desconocen la realidad de la producción cárnica hoy miran la televisación del Mercado de Liniers con la misma avidez que a los «culebrones» centroamericanos, con la diferencia que les resulta más difícil entender la relación entre estos precios y los que debe pagar en el mostrador, y entonces se suman con sus opiniones a este aquelarre intelectual sobre la realidad de un sector que sigue sin ser comprendido en profundidad. Es que para comprenderlos se debe, antes que nada, entender que cientos de miles de voluntades no se manejan con un rebenque; ello lo hemos aprendido en el campo manejando hacienda, son necesarios incentivos y no castigos para ordenar la tropa, si no se viene la estampida.
  • Dejá tu comentario

    Te puede interesar